¿Qué somos?

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JUNGKOOK

Desperté con el primer rayo de luz entrando por la ventana y, por un segundo, olvidé dónde estaba. Sentía el peso de su cuerpo contra el mío, y fue entonces que recordé. Alma estaba ahí, su rostro relajado, dormida, aún aferrada a mi brazo como si temiera que me escapara. Verla así, sin esa expresión fría y distante que siempre llevaba, era algo que nunca había imaginado.

Por unos minutos, me quedé observándola, estudiando cada línea de su rostro, cada respiración pausada, y no pude evitar sonreír. Alma. La misma mujer que, semanas atrás, me habría atravesado sin pestañear si eso le hubiera facilitado las cosas. Y, sin embargo, aquí estaba, compartiendo una cama conmigo, compartiendo algo más profundo que nunca hubiera esperado.

Apreté su mano, un gesto inconsciente. En mi mente, repasé cada palabra que había dicho anoche, cada toque, cada mirada. No sabía cómo encajar esto en la imagen que tenía de ella, en lo que habíamos construido. Pero, al final, sabía que lo que sentía no era solo físico, y en el fondo, Alma también lo sabía. Por eso, cuando despertó y se dio cuenta de que estaba ahí, de que no había huido, me miró fijamente. Ninguno de los dos dijo nada por un instante, como si temiéramos romper el hechizo de la noche anterior.

Finalmente, fue ella quien rompió el silencio. "Lo que pasó… fue real, ¿verdad?". Asentí, sin apartar la vista de sus ojos. "Sí, Alma. Fue real".

Ella sonrió, pero era una sonrisa pequeña, casi insegura, algo raro en alguien como ella. "Bueno, gracias por… por todo lo que pasó". Tomó aire y me miró, ahora con su expresión habitual, su máscara de frialdad volviendo poco a poco. "¿Pero ahora qué hacemos, Jungkook?"

No era una pregunta fácil de responder. Una parte de mí quería sugerir que olvidáramos todo, que regresáramos a lo que éramos antes. Pero la otra parte, la que anoche se había permitido sentir algo, no podía simplemente retroceder. Miré sus ojos y supe que también estaba confundida, que, en el fondo, había algo ahí que ella misma no podía entender.

"¿Qué quieres, Alma?", le pregunté, intentando ser lo más directo posible. "¿Qué somos? ¿Qué sentimientos tienes por mí? Por favor, sincérate. Sé que tú eres sincera".

Ella me miró, sorprendida por mi intensidad, pero después de un momento suspiró y sus ojos se suavizaron. "No te voy a negar que eres guapo", murmuró, como si las palabras le costaran, como si le costara admitir algo tan simple. "Y lo que pasó anoche fue… fue algo. Algo maravilloso. Pero no sé, Jungkook. Tú sabes que soy mafiosa. Tú eres mafioso. Soy fría y nunca he tenido a alguien tan formal en mi vida. No sé si esto es algo que podamos tomar como algo serio, o si simplemente fue una noche. No sé cómo encajarlo".

Sus palabras me golpearon. Alma, siempre tan dura y reservada, parecía vulnerable por primera vez, dudando, igual que yo. Tomé su mano, mis dedos entrelazándose con los suyos.

"Alma", comencé, mi voz firme, pero sin la dureza que siempre usaba con ella. "Quiero algo contigo. Algo que dure más de una noche. No sé lo que somos ahora, ni sé cómo acabará, pero quiero intentarlo".

Ella me observó por un largo momento, como si estuviera evaluando cada palabra que decía. Luego, finalmente, asintió, pero esta vez su voz recuperó esa dureza que me recordaba por qué le tenía respeto. "De acuerdo, pero primero tienes que romper con Jia, o la llevo al otro mundo, ¿entendido?".

Sonreí, sabiendo que hablaba en serio, pero intentando quitarle seriedad al momento. "Como la jefa diga", respondí, dejando claro que entendía el mensaje.

Alma se rió, y fue una risa sincera, casi despreocupada. "¿Quién te ve, Jungkook? Al principio me odiabas, y ahora mírate, dispuesto a todo".

Sonreí, mirando su expresión sorprendida. "Por algo son las cosas, Alma. Uno nunca sabe hacia dónde lo lleva la vida".

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