Choque

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Alma:

Salimos del cuarto todavía jadeantes, con la piel encendida por el calor del momento, pero nuestra misión era fingir que nada había pasado. El maquillaje de mi expresión fría, impenetrable, debía seguir intacto. Mi rostro era ese muro de hielo que todos conocían, sin rastros de placer, ni de culpa, ni de debilidad. En la sala principal, los padres nos esperaban, sentados como jueces en una corte silenciosa.

Las miradas se clavaron en nosotros, afiladas como cuchillas. Podían notar la tensión, ese peso invisible que aún colgaba entre Jungkook y yo, pero ninguno habló al principio. Sabían demasiado, y eso los hacía peligrosos. Eran mafiosos viejos, con instintos tan afilados que nada pasaba desapercibido.

—¿Encontraron algo? —preguntó mi padre, con voz firme, cruzado de brazos, expectante.

Jungkook negó con la cabeza, sin siquiera mirarme:

—Nada.

Mi padre frunció el ceño.

—Se demoraron bastante para no encontrar nada.

Me crucé de brazos, calmada, con una sonrisa invisible que solo yo conocía.

—Estábamos viendo cada milisegundo de las grabaciones —respondí con calma, dejando que la ironía asomara en mi voz.

Le guiñé el ojo a Jungkook, quien sonrió apenas, divertido, como si acabáramos de jugar una partida secreta. Los padres se miraron entre sí, conscientes de que no podían apurarnos.

—Bueno, vayamos a la casa. Ahí revisamos con más calma —dijo finalmente mi padre, levantándose.

Mientras todos se levantaban y se dirigían hacia la salida, sentí que el aire se volvía más pesado, como si las paredes mismas contuvieran el aliento. Necesitaba un momento más. Me quedé atrás, tratando de encontrar algo que fuera la clave, un detalle que ellos no habían visto.

—Me voy a quedar un rato más —anuncié—. Quiero revisar algo importante.

Jungkook no dudó ni un segundo:

—Te acompaño.

Me acerqué a su oído y le susurré con una sonrisa traviesa:

—Me desconcentras. Y esa desconcentración me gusta. Pero necesito enfocarme ahora.

Él soltó una risa baja, ese sonido que me derrite cada vez que lo escucho.

—Te veo luego.
Me robó un beso corto y se fue con los demás.

Volví a la habitación y me dirigí hacia el salón donde estaba el sistema de vigilancia. Mientras caminaba, sentí de repente un choque fuerte en el hombro.

—¡Ándate con cuidado! —le espeté sin voltear.

No vi su rostro y tampoco me importó. Pensé que había sido un accidente, pero la sombra de la duda se posó en mi mente, fría y constante.

Cinco minutos después, un malestar empezó a carcomerme. Primero una leve punzada en la cabeza. Luego, como si el suelo girara bajo mis pies, el mundo se empezó a desdibujar. Las luces parecían parpadear, las sombras se alargaban y el aire se volvió espeso, casi imposible de respirar. Mi vista se nubló y tuve que apoyarme en la mesa para no caer.

Intenté concentrarme en las pantallas, pero todo giraba y las imágenes se mezclaban, confundiéndose en un baile oscuro. La presión en la cabeza crecía con cada segundo y mi respiración se volvió rápida, entrecortada.

El miedo se abrió paso por debajo de la capa de frío que normalmente llevaba como armadura. ¿Y si esta vez no era capaz de manejarlo? ¿Si esta era la grieta por donde se colaría la derrota?
Justo cuando pensaba que iba a perder el control, apareció Jungkook, como siempre, justo a tiempo.

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