ALMA:
Llegamos a la casa envueltos en silencio. Cada paso que daba sentía que el polvo del terreno baldío seguía pegado a mis botas, como si quisiera recordarme lo que habíamos dejado atrás. Apenas cruzamos la puerta, los vi: mis padres sentados en el salón, rígidos como estatuas, con las caras duras de preocupación.
—¿Qué pasó? —preguntó mi madre, su voz tensa.
Nos miramos con Jungkook. No hacía falta ponernos de acuerdo; ya sabíamos qué decir.
—Cuerpos marcados —contesté—. Otra amenaza más.
El ambiente se volvió aún más espeso. Mi padre frunció el ceño, moviendo apenas la cabeza, como si la rabia le latiera en la sien.
—¿Y qué hicieron ustedes? —preguntó, cruzándose de brazos.
No pude evitar sonreírme, cansada, sarcástica.
—¿Qué querías que hiciéramos? —le devolví la pregunta—. No pudimos hacer nada.
Su mandíbula se tensó aún más, y entonces soltó la estupidez que terminó de prenderme.
—¿No mataron al que hizo eso?
Lo miré. Largo. Pesado. Y con la voz cargada de veneno, respondí:
—¿Me estás bromeando, papá? —me acerqué un poco, dejando que el sarcasmo se deslizara como una daga—. ¡Obvio que el que está haciendo eso estaría ahí! ¡Obvio que nos esperaría a Jungkook y a mí! ¡Obvio, papá, que mientras marcaba los cuerpos de los de Doble J estaría parado ahí, en medio del baldío, sonriendo, esperándonos! ¡Obvio!
Mi sarcasmo rebotaba en las paredes, más afilado que cualquier navaja. Jungkook miraba en silencio, con los labios apretados. Mi padre iba a decir algo más, pero el de Jungkook habló antes.
—Jhonson, ¿qué te pasa? —intervino, su voz dura como piedra—. Lo que dice Alma tiene sentido. ¿Cómo van a matar a alguien si no saben ni quién es?
Respiré hondo. Necesitaba aire. Necesitaba no arrancarme la piel con las uñas de la rabia que me comía viva. Me acerqué a mi padre, lo tomé del brazo y casi le ordené:
—Papá, acompáñame.
Nos fuimos hasta su escritorio. Cerré la puerta de un portazo.
Me paré frente a él, mirándolo como cuando era chica y discutíamos por quién era mejor en la estrategia.
—¿Qué te pasa? —le solté—. Tú eras la mente brillante, ¿recuerdas? Eras un gran mafioso, joder. Hasta que vinimos a Corea éramos buenos cómplices. Entendías el juego. ¿Y ahora? ¿Ahora vienes con ese comentario tan estúpido?
Mi padre bajó la mirada por un segundo. Solo un segundo.
—Nada me pasa —dijo—. Solo me enoja. Me enoja verte desconcentrada. Verte enamorada.
Me congelé. El aire se espesó a mi alrededor.
—¿Y ahora no puedo enamorarme? —espeté, con una risa seca—. Tengo 26 años, papá. ¿No tengo derecho a enamorarme también?
Su silencio fue peor que un grito.
Sentí cómo algo adentro se me quebraba. Cómo la rabia se mezclaba con tristeza y frustración hasta formar un cóctel venenoso.
—Sácate de la cabeza esa estupidez —le dije, la voz quebrándome en las orillas—. La mafia, el trabajo... soy igual de buena que antes. Igual o mejor. Nada me distrae. ¡Nada!
Me di vuelta antes de que pudiera responderle. Salí casi corriendo. Subí las escaleras de dos en dos hasta llegar a mi pieza.
Cerré la puerta con un golpe brutal.
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mi complice
FanfikceAlma una chica latinoamericana que le encanta asesinar debido que es mafiosa junto a su padre y por lo mismo la familia jeon pide que la familia de alma se fueran a corea y ahi conoce a jungkook el que se cree el más poderoso y el mejor mafioso desp...
