—Entonces... te voy a ayudar —dijo Selene con su tono firme y elegante, esa voz que parecía acariciar y cortar al mismo tiempo—. Pero antes que nada, quiero saber exactamente qué tengo que hacer.
—¿En serio vas a ayudarme? —preguntó Cloe con los ojos abiertos, como si no acabara de creérselo.
—A menos que prefieras buscar a alguien más —Selene arqueó una ceja con aire altivo—. No tengo problema con eso. Solo no te garantizo el mismo estilo, claro.
—¡No! Está bien contigo. Quiero decir... con tu ayuda. Dudo que alguien más quisiera ayudarme de todos modos —balbuceó Cloe, sintiendo cómo su cara ardía de la vergüenza.
Selene entrecerró los ojos, evaluándola, y asintió lentamente.
—Perfecto. Entonces haremos esto bien. Pero vamos a poner reglas —dijo con seriedad mientras se cruzaba de brazos, como si fuera una directora de orquesta a punto de establecer el ritmo.
—Claro, estoy de acuerdo —asintió Cloe rápidamente.
Selene se acercó unos pasos, invadiendo su espacio personal sin ningún esfuerzo, pero sin violencia. Solo presencia.
—Primera regla: si ves a tu hermano, le puedes decir que ya tienes pareja. Nada de rodeos —dijo, bajando un poco el tono de voz—. Segunda regla: nos vemos en la salida para organizarnos y definir los detalles. ¿Te parece bien?
Estiró su mano con elegancia, como si estuviera sellando un pacto de sangre, no solo un trato entre estudiantes.
—Sí, nos vemos en la salida —respondió Cloe, tomando la mano de Selene, sintiéndola suave pero firme. Y más cálida de lo que imaginó.
—Si sales antes que yo, espérame en mi carro —añadió Selene, soltando su mano con delicadeza antes de girarse sobre sus talones y alejarse con paso seguro hacia su salón.
Cloe la observó hasta que dobló la esquina. Solo entonces se dio cuenta de que había estado conteniendo la respiración. Se llevó la mano al pecho.
—Tengo que contarle a Otis —susurró para sí misma y salió corriendo, cruzando el pasillo a toda velocidad mientras esquivaba a estudiantes como si fuera una jugadora profesional de quidditch.
—¡OTIS! —gritó justo cuando llegaba a la puerta del salón, agitada, con la respiración en caos y la mente peor.
Otis levantó la vista de su celular, arqueando una ceja.
—¿Qué te pasó? ¿Fuiste a correr un maratón? —preguntó con su típico tono burlón—. ¿Cómo te fue? Dime ya. ¡Te dijo que sí, ¿verdad?!
Cloe se apoyó en el marco de la puerta, cerrando los ojos unos segundos para calmarse. Luego lo miró con cara seria.
—Pasó algo impresionante. Tan impresionante que sigo pensando que fue un sueño... o que me golpeé la cabeza y todo es una alucinación colectiva.
—¿Te dijo que no? —preguntó Otis, confundido—. Porque estás hablando como si fueras a contarme que viste un unicornio.
—Me dijo que no... —dijo Cloe despacio— ...pero luego apareció Selene.
Otis se enderezó como un resorte, su interés multiplicándose por diez.
—¿Qué hizo Selene?
Cloe lo miró fijamente, con una mezcla de asombro y nerviosismo.
—Selene... Selene se ofreció a hacerse pasar por mi novia.
Otis parpadeó. Una vez. Dos veces. Y luego soltó una carcajada seca, incrédula.
—Ay, nena, no me hagas esto. Está bien que tengamos imaginación, pero así no te ayudas. Te estás creando toda una novela romántica de Wattpad en la cabeza.
ESTÁS LEYENDO
Tu mayor admiradora
Teen FictionEn los últimos días de preparatoria, Cloe buscaba una sombra del pasado... a su salvadora. Desde aquella tarde, su mundo se había vuelto oscuridad; ya no podía ver, solo imaginar los destellos de quien una vez la sostuvo entre el caos. Sabía de ella...
