Capítulo 18

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Selene correspondió el abrazo de Francis con gratitud, sintiendo una calidez inesperada al ser aceptada tan fácilmente. Cloe, aún nerviosa, suspiró aliviada, apretando con fuerza la mano de su "novia".

Charles, aunque aún confundido por la revelación, frunció el ceño como si estuviera procesando algo importante.

—Bueno... supongo que al menos Samuel no será un problema y su romance ya que es tu hermano Selene —murmuró, rascándose la cabeza.

Xenia rió con suavidad, sirviendo más panques para todos.

—Lo único que importa es que mi hija sea feliz, y si Selene la hace feliz, entonces bienvenida a nuestra familia —dijo con tono firme, extendiendo una taza de té hacia la joven.

Selene aceptó la taza, agradecida, pero no pudo evitar notar que Charles aún la miraba de manera inquisitiva.

—¿Qué pasa, Charles? —preguntó finalmente.

Él chasqueó la lengua antes de responder:

—Es que sigo sin entender por qué estás con mi hermana... No es que sea mala, pero... ¿cómo decirlo? Es un poco torpe, despistada y cero glamur —dijo con franqueza, encogiéndose de hombros.

Cloe le lanzó una mirada asesina.

—¡Oye! —exclamó indignada.

Selene simplemente sonrió y le dio un suave apretón en la mano.

—Charles, quizás no lo entiendas ahora, pero cuando estás con la persona correcta, todos esos detalles se vuelven encantadores —dijo, mirando a Cloe con una gran sonrisa—. Me gusta cómo es, incluso con sus despistes y nerviosismos. Es auténtica, y eso es lo que realmente me importa de ella.

Charles frunció los labios, sin poder replicar. Finalmente, suspiró y tomó un panque.

—Bueno... supongo que, si ella es feliz no hay mucho más que discutir —admitió, masticando su comida.

Xenia sonrió al ver cómo la conversación se relajaba, mientras Francis asintió con aprobación.

—Eso es lo que importa, hijo.

El ambiente se llenó de una sensación de alivio, mientras Selene y Cloe se miraban con complicidad, habían logrado el primer paso de su plan. Habían superado un obstáculo importante, y el futuro parecía mucho más brillante para que nada saliera mal.

Después de la aceptación por parte de los padres de Cloe, la noche continuó con risas y conversaciones relajadas. Selene se sintió cada vez más cómoda en aquel hogar que, hasta hace poco, le era ajeno. Charles aún tenía reservas, pero parecía menos hostil y más curioso sobre la relación de ambas chicas.

Sin embargo, el ambiente cálido se vio interrumpido por el repentino sonido de un teléfono vibrando sobre la mesa. Era el celular de Selene. Al ver el nombre en pantalla, su expresión cambió de inmediato.

—¿Quién es, Selene? —preguntó Cloe con dulzura, notando la preocupación en el rostro de su novia.

Selene dudó un segundo antes de responder.

—Es Samuel —dijo, deslizando el dedo para contestar.

—¡Sely, necesito que vengas a casa ahora mismo! —se escuchó la voz alterada de su hermano al otro lado de la línea—. Algo pasó... ¡No entiendo nada, pero mamá está furiosa y te está buscando!

El silencio se apoderó de la sala. Selene tragó saliva, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda.

—¿Mamá está furiosa? —repitió, intentando procesar la situación—. Pero... ¿por qué?

—No lo sé exactamente —respondió Samuel, su voz entrecortada—. Dijo algo sobre que alguien le contó que estabas con Cloe, y que eso no podía ser posible. Está fuera de sí.

Las palabras golpearon a Selene como un balde de agua fría. Xenia y Francis intercambiaron miradas preocupadas, mientras Charles fruncía el ceño.

Cloe, sin soltar la mano de Selene, apretó con firmeza.

—No estás sola, vamos contigo —dijo con seguridad.

Selene la miró con gratitud, pero la incertidumbre aún pesaba sobre su pecho. ¿Cómo podía su madre haber reaccionado tan mal? ¿Quién había contado algo que debería haber sido privado?

—Tenemos que averiguarlo —susurró, levantándose con determinación.

Selene la miró con gratitud, pero la incertidumbre aún pesaba sobre su pecho. ¿Cómo podía su madre haber reaccionado tan mal? ¿Quién había contado algo que debería haber sido privado?

—Tenemos que averiguarlo —susurró, levantándose con determinación.

Selene y Cloe salieron rápidamente de la casa, seguidas de Charles, quien se ofreció a acompañarlas. Xenia y Francis, preocupados por la reacción de la madre de Selene, decidieron no intervenir de inmediato, pero se quedaron atentos por si las chicas necesitaban apoyo.

Durante el camino, Selene apenas hablaba. Su mirada se mantenía fija mientras manejaba, perdida en pensamientos inquietantes. Cloe, queriendo tranquilizarla, no soltaba su mano.

—No sabemos qué pasó realmente —susurró Cloe con ternura—. No te adelantes a pensar lo peor.

Selene intentó sonreír, pero solo logró suspirar.

—Es que mi mamá no es así... Nunca reacciona de esa manera —dijo finalmente—. No entiendo qué pudo haberla puesto tan furiosa.

Charles miró a Selene sin que se diera cuenta.

—Si alguien le contó algo, tiene que haber sido alguien que quiere causar problemas —comentó con el ceño fruncido—. ¿Tienes enemigos en la escuela?

Selene negó con la cabeza lentamente.

—No lo sé... No que yo recuerde. Aunque... —dudó un segundo antes de agregar—. Samuel dijo que mamá mencionó que "alguien" le contó sobre nosotras.

Cloe entrecerró los ojos.

—¿Quién podría haberse enterado? Solo Otis y Samuel sabían de esto. ¿Cómo pudieron habérselo contar a tu mamá? Y el único que nos vio salir de la escuela juntas fue...

— No creo que él fuera, confió en Víctor como mi hermano — dice Selene estacionando el coche.

El coche se detuvo frente a la casa de Selene. Las luces estaban encendidas y, desde la ventana del segundo piso, Samuel miraba hacia la calle, nervioso. Apenas vio a su hermana, corrió a la puerta y la abrió.

—¡Por fin! —dijo en un susurro urgente—. Mamá está furiosa, pero no está gritando... Lo que me asusta es que está demasiado tranquila.

Selene tragó saliva y miró a Cloe antes de entrar. Charles se cruzó de brazos, apoyándose en el marco de la puerta.

—Estoy listo para intervenir si las cosas se ponen feas, aquí las voy a esperar o saben que las espero en el coche —anunció.

Samuel les indicó que entraran. La casa estaba silenciosa, demasiado silenciosa. En la sala, la madre de Selene estaba sentada en el sofá con las manos entrelazadas sobre su regazo, su expresión serena pero claramente tensa.

—Selene —dijo con voz contenida—. Siéntate. Y tú también. — dice viendo a Cloe a lado de su hija.

Las dos chicas obedecieron sin decir palabra, sintiendo cómo la tensión en el aire se hacía más pesada. Samuel se quedó de pie, observando la escena con cautela.

La madre de Selene inspiró profundamente antes de hablar.

—Quiero que me digas la verdad —su mirada se clavó en la de su hija—. ¿Es cierto que estás saliendo con ella?

Selene, firme, asintió sin dudarlo.

—Sí, mamá. Estoy con ella.

Hubo un largo silencio. Entonces, la madre de Selene cerró los ojos un instante y murmuró:

—Ya veo...

Cuando abrió los ojos nuevamente, su mirada era diferente. Más intensa. Como si estuviera debatiéndose internamente sobre lo que diría después.

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