Capítulo 17

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El silencio que cayó fue espeso, tenso como una cuerda a punto de romperse.

Pero antes de que Charles pudiera decir algo más, una voz suave intervino desde la entrada de la cocina.

—Mamá, te presento a Selene. Selene, ella es mi mamá, Xenia —dijo Cloe, forzando una sonrisa que, pese a todo, se sentía cálida.

Xenia salió con una sonrisa enorme, limpiándose las manos con una toalla de cocina. Caminó directamente hacia Selene con la misma seguridad maternal con la que prepara un remedio para el alma.

—Mucho gusto, Selene. Es un placer conocerte. Eres la primera chica que Cloe trae a casa —dijo extendiendo la mano.

Selene, sin perder la compostura, se levantó para recibir el gesto.

—El placer es todo mío, señora Xenia. No sabía que era la primera. Espero poder conocerla mejor —dijo con voz amable, estrechando su mano con firmeza respetuosa.

—Linda, dime simplemente Xenia —rió suavemente la mujer, con naturalidad.

—No me atrevería —replicó Selene, bajando la mirada un segundo—. No quiero faltarle al respeto.

—Por favor —dijo Xenia con una sonrisa más amplia—. Me hace sentir vieja eso de "señora". Además, si vas a andar con mi hija, más vale que te sientas parte de esta casa también.

—Mamá... —intervino Charles con un tono neutro.

—Charles, deja esa bolsa en la cocina y ven a sentarte para que podamos platicar todos tranquilos —le ordenó, sin siquiera mirarlo.

Él rodó los ojos, pero obedeció.

—Sí, sí... ya voy —dijo, arrastrando los pies rumbo a la cocina.

—Mamá... —comenzó Cloe, con un hilo de voz—. De hecho, quería hablar con ustedes de algo importante. Pero prefiero esperar a que llegue papá.

Xenia notó el nerviosismo en el rostro de su hija. Sus ojos de madre lo leyeron todo en un instante.

—¿Estás bien, cariño?

—Sí... solo estoy un poco nerviosa, pero todo está bien —mintió a medias—. ¿Papá ya viene?

—Debe estar por llegar. Mientras tanto, sentémonos. Quiero escuchar lo que tengas que decir, sea lo que sea —dijo Xenia con dulzura, haciendo un gesto hacia los sillones—. Y tú también siéntete cómoda, Selene.

—Muchas gracias... Xenia —dijo Selene, obedeciendo con una ligera reverencia de respeto. Se acomodó en el sillón, moviendo una almohada para que Cloe se sentara a su lado. Solo después de que ella se acomodó, Selene ocupó el espacio a su lado, manteniéndose cerca, pero sin invadir.

—No te preocupes mamá. No es nada malo. Solo quiero hablar con ustedes dos. Eso es todo —añadió Cloe, frotándose las palmas como si quisiera borrarse el nerviosismo.

Selene la miró de reojo. Notó el temblor leve en sus dedos. Se inclinó hacia ella y tomó sus manos entre las suyas, cálidas y firmes.

—¿Estás bien, Cloe? —preguntó en voz baja—. Te ves muy nerviosa, y eso no te lo mereces.

Cloe tragó saliva.

—Es normal que esté así... Nunca he tenido pareja, y ahora de repente aparezco con alguien. Y además... que sea una chica... eso también me pesa.

—Respira conmigo —susurró Selene, apretándole suavemente las manos—. Estás haciendo lo mejor que puedes. No te suelto si no quieres. ¿Te incomoda?

Tu mayor admiradoraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora