Capítulo 15

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—Entonces... ¿estás de acuerdo con las reglas que acabamos de hacer o quieres modificar alguna? —preguntó Selene sin apartar la vista de la pantalla de su laptop. Su tono era neutral, pero sus ojos esperaban algo más.

Cloe negó suavemente con la cabeza.

—No, están bien... son claras. Me parece justo todo —respondió, jugando con sus dedos sobre la mesa mientras la tensión bajaba.

Selene asintió. Cerró la laptop con suavidad y la dejó a un lado. Luego tomó el menú entre sus manos con gesto calmado.

Cloe la observó un segundo antes de hablar, algo insegura.

—¿Nos vamos a quedar a comer? Pensé que solo veníamos a hablar del acuerdo... no quiero interrumpir más de la cuenta —dijo con cuidado, como midiendo cada palabra para no herir el frágil equilibrio entre ambas.

Selene levantó la mirada, sus ojos eran como un cristal elegante: reflejaban calma, pero fríos al primer roce.

—Vamos a comer. No te preocupes —respondió, aunque su voz tenía un dejo de impaciencia, como si lo obvio tuviera que explicarse—. Te invité porque comer juntas ayuda a que nadie sospeche. Si alguien nos ve, parecerá algo normal... natural.

—Ya con este favor que me estás haciendo es más que suficiente... —Cloe bajó la mirada—. Lo digo en serio, no quiero abusar de tu tiempo ni de tu paciencia.

Selene suspiró por la nariz. Luego, sin dejar de mirarla, añadió con un tono más suave:

—No me molesta. Si vamos a hacer esto bien, te voy a invitar más veces. A comer, a salir, a lo que sea que haga falta para convencer a todos. Así que elige lo que quieras, sin pena.

Cloe abrió el menú con una sonrisa tímida justo cuando Selene levantó la mano, llamando a la mesera.

—Perdón la tardanza, señorita Selene —dijo la mesera con una sonrisa profesional—. ¿Ya saben qué van a ordenar?

—Sí. Me das una ensalada con pechuga en trozos y una limonada natural sin azúcar, por favor —respondió Selene con voz clara y educada, entregando su carta.

—Claro, muchas gracias. ¿Y usted, señorita?

—Unos espaguetis con pechuga a la plancha... y agua de limón, por favor —respondió Cloe, extendiendo el menú también.

—¿Limonada entonces?

—Sí... por favor —dijo Cloe, sonriendo con algo de torpeza.

—Enseguida les traigo sus pedidos. Si necesitan algo más, estaré cerca.

Cuando la mesera se alejó, Cloe soltó un suspiro, llevándose una mano al cabello.

—Hubiera sido mejor que pidieras por mí... no sé si me guste esto. No estoy acostumbrada a estos lugares, ni a este tipo de comida.

Selene alzó una ceja.

—No es necesario que te guste todo a la primera. Si no te gusta, lo pides para llevar... a lo mejor le gusta a tu hermano. O a Otis, que anda siempre pegado a ti como sombra parlante —dijo con una ligera sonrisa, entre ironía y humor sutil.

—Oye, no es mi culpa que Otis sea tan insistente —rió un poco Cloe.

Selene iba a responder, pero su teléfono vibró sobre la mesa. Miró la pantalla, y por primera vez en la tarde, frunció el ceño.

—Perdóname, Cloe. Es una llamada que tengo que contestar —dijo, ya levantándose—. No tardo.

—Sí, claro —asintió Cloe, aunque no pudo evitar quedarse viendo cómo Selene se alejaba de la mesa, con esa postura firme y segura que la hacía parecer una modelo sacada de revista. Incluso con una llamada urgente, Selene parecía tener el control de todo... incluso de los latidos del corazón de Cloe, aunque ella aún no quería admitirlo.

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