Los últimos bocados se deslizaban con lentitud entre el sonido apagado de los cubiertos. Cloe jugaba con el tenedor, picando distraídamente un trozo de pan que ya no pensaba comer. Selene, frente a ella, terminaba de beber el último sorbo de su bebida con una calma tensa, como si cada movimiento contuviera algo que no quería decir en voz alta.
Ambas habían comido apenas lo justo, como si el peso de la conversación pendiente les hubiese cortado el apetito a medio camino. Los platos estaban casi vacíos, y el tiempo empezaba a sentirse como una visita que ya había estado demasiado rato sentada a la mesa.
Selene dejó su vaso a un lado y lo miró un momento, como si en ese fondo de vidrio pudiera encontrar las respuestas que aún le faltaban.
—No tienes por qué preocuparte —dijo al fin, con una voz suave pero firme, sin apartar la mirada del vaso—. termina de comer tranquila, aún tenemos tiempo antes de irnos.
Sin agregar más, alzó la mano con elegancia para llamar a la mesera.
La mesera, al ver la seña, se acercó enseguida con una sonrisa profesional.
—¿Les puedo traer algo más? —preguntó animada.
—¿Podrías traernos la cuenta, por favor? —pidió Selene con cortesía, pero sin rodeos.
—Claro, en seguida se las traigo. ¿Será en la misma cuenta o separadas?
—En la misma, gracias —añadió sin mirar a Cloe, siguiendo con la vista a la mesera que se alejaba.
—¿Segura que me vas a invitar la comida? —insistió Cloe, con un dejo de duda en su voz.
—Segurísima. No lo vuelvas a preguntar, ¿sí? —respondió Selene mientras le revolvía suavemente el cabello con una sonrisa apenas perceptible.
Cloe asintió, conteniendo una sonrisa, y el silencio se apoderó de la mesa. Solo se escuchaba el murmullo del restaurante, los cubiertos al chocar con los platos y alguna que otra risa lejana. Ambas se quedaron calladas, como si el tiempo hubiera decidido tomar un descanso con ellas.
La mesera volvió con la cuenta entre las manos.
—Aquí tienen. Espero que la comida haya sido de su agrado —dijo mientras limpiaba con rapidez la mesa y se retiraba con discreción.
Selene tomó la cuenta y la dejó a un lado, sin romper el silencio aún.
—Si no quieres hablar de nada más y ya estás lista... será mejor que nos vayamos —dijo finalmente, su tono ahora más seco, con un matiz de urgencia.
—Si quieres, puedo tomar un taxi —sugirió Cloe mientras se levantaba—. Así no tienes que dar tantas vueltas.
—Lo correcto sería llevarte a tu casa —dijo Selene, levantándose también. Rodeó la mesa y se paró detrás de Cloe para moverle la silla—. No quiero que tus padres se preocupen. Además... tu hermano tiene que conocerme formalmente, ¿no crees?
—Tienes razón —respondió Cloe, algo sonrojada por el gesto y las palabras—. Entonces te molestaré una vez más hoy.
—No es molestia. Si quieres pasar al sanitario antes, no hay problema. Yo iré a pagar.
Sin esperar respuesta, Selene tomó la cuenta y caminó hacia la caja. Cloe la observó alejarse, sintiendo cómo el peso en su pecho se hacía un poco más ligero... y a la vez más extraño. Algo la revolvía por dentro.
Sin pensarlo más, caminó hacia los sanitarios. El frío de los lavabos contrastó con el calor de su rostro al momento de mojarse la cara. Respiró hondo y se quedó mirando al espejo. Su reflejo parecía mirarla con la misma incertidumbre que ella sentía.
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Tu mayor admiradora
Fiksi RemajaEn los últimos días de preparatoria, Cloe buscaba una sombra del pasado... a su salvadora. Desde aquella tarde, su mundo se había vuelto oscuridad; ya no podía ver, solo imaginar los destellos de quien una vez la sostuvo entre el caos. Sabía de ella...
