Era nuestra primera vez fuera del laboratorio desde hace años. Al salir, no sabíamos ni por dónde empezar, ni a donde ir, no sabíamos nada de cómo estaba el planeta lejos del laboratorio.
Sabíamos que, desde que anunciaron que el fin de la tierra se acercaba más rápido de lo que creíamos, la gente empezó a descontrolarse. Todos los niños y adolescentes dejaron de estudiar y los adultos de trabajar. Todos hacían compras excesivas, con provisiones para unos meses como mínimo, y los supermercados se vaciaron en semanas. Algunos construían refugios, o búnkers en sus sótanos, y otros se mudaban a la otra punta del mundo, apartados de la sociedad, con la esperanza de que el Fin tardase más en llegar allí. A algunos se les fue la cabeza completamente y empezaron a destruir las ciudades, matarse entre ellos y derrumbar o quemar edificios.
Después de unos meses de terrible terror, empezaron a implantarles los chips a la gente adulta, y a los menores de dieciséis, nos refugiaron en el laboratorio.
Era la primera vez que veíamos el mundo exterior desde entonces. Nos quedamos quietos y en silencio, contemplando nuestro alrededor. Era de noche, y eso nos dificultaba examinar el paisaje que teníamos enfrente nuestro, pero las luces del laboratorio iluminaban un poco el paisaje.
—Vámonos de aquí, antes de que consigan salir y nos pillen —Cam se atrevió a romper el silencio.
Seguimos hacia delante, sin mucha idea de a dónde íbamos. Me acerqué a Cam, para asegurarme de que los guardias no le habían dado.
—¿Estás bien? ¿No te han dado, no?
—Si, estoy bien, tranquila. ¿Cuál es el plan? ¿A dónde vamos?
—No lo sé —encogí los hombros —, pero lo más lejos posible de aquí.
—Será lo mejor. ¿Cómo crees que estará todo ahora? Ha pasado mucho tiempo.
—Espero que no hayan muerto todos y seamos los únicos sobrevivientes del fin de la tierra.
—Eso molaría mucho.
Le di con el puño en el hombro, haciéndole saber que no me hacía gracia su broma, pero él sí que se rio.
—Es broma, yo también espero que estén todos bien —me dijo, poniéndose más serio.
Yo le mire con una pequeña sonrisa, y después nos volvimos a juntar con los demás. Unas horas más tarde encontramos unos árboles grandes, los cuales no vimos en todo el camino porque estaba todo desierto y seco. En cuanto nos alejamos lo suficiente del laboratorio, decidimos apoyarnos en un árbol para dormir un rato, y a la mañana siguiente seguiríamos avanzando.
—Vaya día de cumpleaños estamos teniendo —dijo Daniel entre risas.
—Desde luego. Y no quiero ni pensar en cómo va a ser por la mañana. ¿Qué se supone que vamos a hacer aquí?
Nico estaba preocupado, pero lo entendía. Siempre había sido una persona un poco miedosa, pero sabía que al final se acabaría tragando su propio miedo.
—Morirnos, probablemente.
Adam seguía nervioso e irritante, y estaba segura de que si en cualquier momento pasaba algo, nos echaría la culpa a Cameron y a mí por haberles convencido de escaparnos, pero por ahora, todos nos tomamos con humor su comentario y empezamos a reírnos.
Estuvimos charlando, hasta que, uno tras otro, se fueron quedando todos dormidos, menos yo. Mire el collar que me dio mi hermana, y lo abrí para ver la foto que escondía dentro. En ese momento, deseé con toda mi alma que todo saliese bien, solo para poder sacar a mi hermana de ese infierno.
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Countdown To The End
Science FictionEn un futuro distópico, donde el fin del mundo se aproxima, el Gobierno inventa una solución para evitar los daños e infecciones que el cambio climático pueda causar en los humanos. Estos son unos microchips neurológicos. Desgraciadamente, a los men...
