La música sonaba vibrante en el aire, creando una atmósfera festiva en la casa donde se celebraba la fiesta. Kelly había sido invitada por Karla, quien le había prometido que sería una gran oportunidad para conocer a más gente y divertirse. Sin embargo, a medida que llegaba a la casa, un nerviosismo inexplicable comenzó a apoderarse de ella.
Era su primera fiesta desde que se había mudado a México, y aunque la idea de socializar era emocionante, la inquietud de no encajar la asaltaba. Al entrar, fue recibida por una mezcla de risas, bailes y el aroma de comida deliciosa. Karla la guió por el bullicio, presentándola a varios amigos que rápidamente se convirtieron en conocidos. Sin embargo, en el fondo, la mente de Kelly seguía divagando hacia su pasado y, más específicamente, hacia Alan.
Mientras charlaban y se reían, Kelly sintió un destello de familiaridad al ver a un grupo de chicos en el patio trasero. Entre ellos, uno destacaba: tenía el cabello castaño y una sonrisa que iluminaba el lugar. El corazón de Kelly se detuvo por un instante al reconocerlo. Era Alan.
Sus ojos se encontraron por un momento, y el mundo a su alrededor pareció desvanecerse. La música se volvió un eco lejano, y en un instante, todos los recuerdos de su infancia regresaron con fuerza. Las risas, los juegos y las promesas de siempre estar en contacto, todo volvió a su mente como un torrente de nostalgia.
Kelly sintió cómo la ansiedad se convertía en una mezcla de emoción y sorpresa. No podía creer que lo hubiera encontrado aquí, en México. Se preguntó cómo había llegado hasta este punto, cómo el destino había tejido sus caminos de nuevo después de tantos años.
—¿Estás bien? —preguntó Karla, notando que su amiga se había quedado en silencio.
—Es Alan... —susurró Kelly, sin poder apartar la vista de él.
Karla sonrió, dándose cuenta de la conexión que tenía su amiga con el chico que había sido parte de su vida en el pasado.
—¡Ve a saludarlo! —dijo Karla con entusiasmo.
Kelly dudó por un momento, recordando la distancia que había habido entre ellos. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que se habían visto, y las palabras de despedida que intercambiaron en su niñez parecían casi lejanas ahora. Pero el impulso de acercarse a él fue más fuerte que su inseguridad.
Con cada paso que daba, su corazón latía con más fuerza. Finalmente, se encontró frente a Alan, quien conversaba animadamente con sus amigos. Cuando se giró y vio a Kelly, su expresión cambió de sorpresa a alegría.
—¡Kelly! —exclamó Alan, iluminando el espacio con su sonrisa—. ¡No puedo creer que estés aquí!
—Hola, Alan —respondió Kelly, sintiendo que una mezcla de nervios y felicidad la invadía—. Es... ha pasado tanto tiempo.
—Sí, desde que nos mudaste. Pensé que nunca volvería a verte —dijo él, acercándose un poco más. Su tono era cálido y amigable.
Ambos compartieron un momento de silencio, la familiaridad de la conexión infantil regresando como si el tiempo no hubiera pasado.
—¿Cómo te ha ido? —preguntó Kelly, tratando de mantener la conversación ligera mientras su mente intentaba procesar la sorpresa de este reencuentro.
—Me he mudado un par de veces, pero ahora estoy aquí, en México, por un tiempo. ¡Esto es increíble! ¿Y tú? ¿Cómo te has adaptado? —Alan sonrió, y su mirada era intensa, llena de curiosidad.
Kelly comenzó a contarle sobre su vida en Australia y su mudanza a México, mientras él escuchaba atentamente. Había algo reconfortante en poder hablar con alguien que conocía de su infancia, y la tensión inicial se desvaneció rápidamente.
—Siempre te recordaba, sabías que eres la única amiga que he tenido desde que era niño —dijo Alan, su voz sincera.
Kelly sintió un calor en su pecho. Había pasado tanto tiempo sintiendo que sus recuerdos eran solo eso, recuerdos, pero escuchar eso de Alan le hizo sentir que realmente había dejado una huella en su vida.
—Yo también te recordaba. A veces, incluso pensé en buscarte, pero... —Kelly se detuvo, sintiendo que su voz temblaba.
—No tienes que sentirte mal por eso. Yo no hice lo suficiente para mantener el contacto —interrumpió Alan, con un tono comprensivo. Su mirada era firme, y había una sinceridad que la tranquilizaba.
La conversación fluyó entre ellos, como si nunca hubieran estado separados. Se reían de sus recuerdos de infancia y compartían anécdotas sobre sus vidas en el presente. A medida que la noche avanzaba, Kelly se dio cuenta de cuánto había extrañado tener a alguien como Alan en su vida.
Sin embargo, en medio de la alegría, una parte de ella se sintió cautelosa. Sabía que el destino había reunido sus caminos, pero también sabía que había otros sentimientos en juego. Su corazón estaba dividido, ya que sus pensamientos se deslizaban a menudo hacia Jaxson, quien había comenzado a significar mucho para ella.
Mientras la fiesta continuaba, Kelly sintió que la conexión con Alan se fortalecía. La música, las risas y las luces creaban un ambiente mágico, y por un momento, las dudas y la tristeza parecían desvanecerse. Sin embargo, en su interior, sabía que debía navegar cuidadosamente entre estos nuevos sentimientos.
A medida que la noche llegaba a su fin, Alan se inclinó hacia Kelly, su mirada seria.
—¿Te gustaría que nos viéramos de nuevo? Hay tanto más de lo que quiero hablar contigo —dijo, con una sinceridad que hizo que su corazón palpitara.
Kelly se mordió el labio, sintiendo una mezcla de emoción y confusión.
—Sí, me encantaría —respondió finalmente, sintiendo que, aunque el camino por delante era incierto, este reencuentro podría ser el comienzo de algo hermoso, sin importar hacia dónde la llevara.
Mientras se despidieron, un nuevo capítulo comenzaba en la vida de Kelly. Con cada encuentro, cada conversación, su vida en México se tornaba más compleja y rica, y aunque sabía que debía enfrentar sus sentimientos, también sabía que este reencuentro con Alan significaba que el destino aún tenía sorpresas guardadas para ella.
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Saturno>Lukas Urkijo
أدب الهواة¿Cómo sería la vida si fuéramos solo constelaciones en lugar de seres humanos? Pero lo más importante es: si lo fuéramos, ¿cómo nos enamoraríamos el uno del otro? ¿Podríamos sentir esos sentimientos? No lo sé, pero si eso existiera, tú y yo seríamos...