La luz del sol comenzaba a filtrarse a través de las cortinas, llenando la habitación con un suave resplandor dorado que danzaba sobre las paredes.
Ji-Woo se removió en la cama, y las sábanas se arremolinaron a su alrededor por sus movimientos bruscos.
Cale, que dormía a su lado, se acurrucó más cerca, apoyando su cabeza en el pecho de Ji-Woo.
Los pequeños niños, aún en sus sueños, se acomodaron en busca de mayor comodidad, sus cuerpos relajándose en un ambiente de paz.
Ji-Woo acarició suavemente la espalda de Cale, dejando que sus dedos se enredaran en los sedosos cabellos rojos del chico.
Beso delicadamente la frente de Cale, quien entreabrió los ojos con pereza al sentir ese gesto cariñoso.
Una sonrisa iluminó el rostro de Ji-Woo al contemplar la expresión serena de Cale; su piel era blanca y suave como el terciopelo, y sus largas pestañas adornaban unos párpados que parecían guardar secretos de ensueño.
Sus labios, de un rosa delicado y demasiado suaves al tacto, invitaban a ser besados una y otra vez, robando el aliento con cada roce.
—Buenos días, Cale —susurró Ji-Woo, su voz suave como un murmullo en la brisa de la mañana.
Cale, aún somnoliento, dejó escapar un bostezo que trajo consigo pequeñas lágrimas a sus ojos.
En un gesto instintivo, abrazó a Ji-Woo, recargando su cabeza sobre su pecho, buscando el calor y la seguridad que solo él podía ofrecer.
Ji-Woo correspondió al abrazo, sintiendo cómo el corazón de Cale latía suavemente contra su torso.
Un suspiro se escapó de sus labios al inhalar la fragancia dulce del cabello de Cale, un aroma que siempre le había parecido reconfortante y familiar.
En ese momento, el mundo exterior se desvaneció, dejándolos envueltos en su burbuja de tranquilidad.
Pero ese momento de calma se rompió cuando un ruido en la puerta llamó su atención.
Ji-Woo alzó la vista, y un escalofrío le recorrió el cuerpo al ver a su hermana pequeña, Jin-ah, en el umbral de la puerta.
Su mirada parecía perdida, como si estuviera observando un lugar distante, o más bien, a una persona.
Jin-ah parpadeó al notar la silueta más pequeña que la de su hermano, y se fijó en el largo cabello rojizo de Cale, que brillaba bajo la luz suave de la habitación.
Después de un momento de silencio, su mirada se dirigió hacia Ji-Woo, quien se levantó de un salto.
—Jin-ah, no es lo que crees —dijo Ji-Woo con urgencia, tratando de aclarar la confusión.
Cale, alertado por el ruido, también se incorporó y al encontrar la mirada de Jin-ah palideció al darse cuenta de quién era.
Sin pronunciar palabra, Jin-ah retrocedió lentamente y cerró la puerta con calma.
Cale y Ji-Woo intercambiaron miradas nerviosas; aunque había tensión en el aire, también había un alivio al no escuchar el grito inmediato de su hermana.
Pero ese alivio fue efímero.
—¡Mamá! ¡Ji-Woo metió a una mujer en su cuarto! —gritó Jin-ah con toda su fuerza.
Cale se sonrojó intensamente y cubrió su rostro con las manos al escuchar el grito.
Ji-Woo palideció aún más y se levantó rápidamente de la cama para salir tras su hermana e intervenir antes de que su madre malinterpretara la situación.
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MI MONARCA
Fiksi PenggemarEl sacrificio de Cale trajo consigo la paz para los dos continentes. O eso creyó. Los gobernantes junto a los dioses lo regresaron al pasado, pero está vez las cosas serían más difíciles de afrontar. Sin la ayuda de sus amigos. Pero con el apoyo de...
