La ciudad de Corea se encontraba en un estado de desastre absoluto.
Desde el portal que se abría en el cielo, monstruos de grado desconocido emergían, sembrando el caos a su paso.
Los usuarios de habilidad, armados con valentía y determinación, se enfrentaban a estas criaturas en una batalla encarnizada donde solo los más fuertes podrían salir victoriosos.
Los ecos de la lucha resonaban en las calles desoladas, mientras la ciudad se sumía en una emergencia constante.
Con cada ataque devastador de los monstruos, se llevaban a cabo evacuaciones masivas, llevando a los civiles hacia un punto de reunión seguro, que finalmente se estableció en las costas del territorio coreano.
Seúl, la capital de Corea del Sur, era ahora un campo de batalla.
El cielo estaba teñido de un profundo rojo sangre, reflejando la desesperación y el horror que reinaban en la ciudad.
Un hombre de apariencia joven, corpulento y musculoso con piel bronceada, observaba la escena con desdén.
Sus dientes afilados relucían bajo la luz tenue mientras su cabello negro y salvaje se agitaba con el viento.
—Esto fue una pérdida de tiempo —murmuró, dando media vuelta para buscar a su compañero.
A su lado estaba otro hombre, de piel pálida y cabello blanco como la nieve. Su rostro mostraba una seriedad inquietante.
—También sentí la presencia del monarca de la destrucción —respondió este último—. Pero ahora que estoy aquí, no comprendo por qué desea destruir este mundo.
Ambos hombres intercambiaron miradas cargadas de significado.
—Aún no logro comprender las razones detrás de sus acciones —dijo Rakan, recargándose contra la pared de un edificio derruido.
—Todo esto es parte de su búsqueda por los fragmentos de luz —Sillad avanzó hasta el borde del edificio, su mirada abarcando el caos que antes había sido una vibrante metrópoli—. Este mundo no está protegido por los gobernantes.
Rakan resopló con frustración.
—Pero está protegido por otros seres absolutos —replicó el monarca del hielo sin apartar la vista del campo de batalla.
—Sabes que no me refiero a eso —Rakan lo interrumpió —. Esta tierra no es la misma que decidimos conquistar; ya ha sido manchada por soldados de ese maldito mundo que albergó a la familia Thames.
Rakan se alejó del muro y se puso al lado del monarca del hielo.
Juntos observaron a los valientes usuarios de habilidad luchando contra las criaturas monstruosas.
—Parece que aquí no hay cazadores; solo usuarios de habilidad —comentó Rakan con una risa burlona—. No encuentro diferencia; son débiles y fáciles de eliminar.
El monarca de las bestias observó con desdén a los usuarios que batallaban desesperadamente.
—Por supuesto que hay una diferencia —respondió —. Los cazadores recibieron la bendición de los gobernantes para destruir a nuestros soldados, o al menos del mundo que es protegido por ellos.
—Y estos usuarios nacieron por los rastros de maná que los monstruos van dejando —replicó Sillad mientras ambos permanecían en silencio contemplativo.
—No hay rastro del monarca de las sombras ni de los fragmentos de la luz, ¿qué demonios hacemos aquí? —murmuró Rakan con enojo creciente.
El mismo monarca de la destrucción había venido a este lugar; debía haber algo especial en él.
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MI MONARCA
FanfictionEl sacrificio de Cale trajo consigo la paz para los dos continentes. O eso creyó. Los gobernantes junto a los dioses lo regresaron al pasado, pero está vez las cosas serían más difíciles de afrontar. Sin la ayuda de sus amigos. Pero con el apoyo de...
