Capítulo 38

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Cale no pudo evitar estremecerse bajo aquellas miradas fijas y cargadas de expectativa. Los cuatro niños y Jin-Woo lo observaban en silencio, esperando una respuesta que él no tenía intención de dar. 

Con gesto impasible, desvió la atención hacia Eruhaben. Aunque su presencia solía ser un alivio, esta vez solo lograba aumentar su frustración. Las palabras del dragón dorado resonaban en su mente como un eco incómodo. 

—...No sé a qué te refieres. ¿Explotar? ¿Por qué me pasaría algo así? —Cale fingió inocencia, alzando ligeramente los hombros en un gesto de desconocimiento. 

"Es mejor actuar como si no supiera nada. Simplemente debo parecer sorprendido, como cualquiera en esta situación."

Las cejas de Eruhaben se fruncieron con escepticismo. 

—Así que no sabes nada —murmuró, aunque su tono dejaba claro que no lo creía. 

En ese instante, las pupilas del dragón brillaron con un destello dorado, y su mirada se tornó aún más penetrante mientras examinaba a ambos hombres. 

—Es la primera vez que veo algo así: un humano con un plato enorme pero frágil como una pluma, y otro que ni siquiera pertenece a este mundo, marcado por la oscuridad. 

Sus palabras cayeron como piedras en un estanque, provocando ondas de tensión en el aire. 

—No puedo creer que, en mis últimos años de vida, esté presenciando algo así —murmuró Eruhaben, arrastrando las palabras con un dejo de cansancio.

Sin embargo, su rostro permanecía sereno, como si ya hubiera aceptado lo absurdo de la situación. 

—Los Poderes Antiguos son una leyenda, una existencia oculta para casi todas las criaturas... pero siempre hay excepciones — continuó, alzando un dedo para señalar directamente el pecho de Cale

—Y tú eres una de ellas. Un humano normal moriría al intentar tener más de uno, pero tú... lograste equilibrar tu plato. 

Hizo una pausa, y sus labios se curvaron en una sonrisa casi admirativa. 

—Estoy impresionado. 

Cada palabra del dragón hacía que las miradas de los cinco espectadores se clavaran con más intensidad en Cale.

Pero él, imperturbable, mantuvo su fachada de indiferencia, como si todo aquello no fuera más que una conversación trivial. 

—Básicamente, estás diciendo que no estoy en peligro de morir. Eso es bueno —comentó Cale, encogiéndose de hombros con despreocupación. 

—¡Humano, qué tonterías estás diciendo! —rugió Raon, mientras los demás niños palidecían, horrorizados por su actitud. 

Jin-Woo, por su parte, contuvo un suspiro, cerró los ojos y se agachó ligeramente, como si necesitara contar hasta diez para no perder la paciencia. 

Eruhaben arqueó una ceja, pero, irónicamente, una sonrisa se dibujó en su rostro ante la absurda respuesta del joven de cabello rojo.

Sin embargo, algo más inquietante se agitaba en su pecho: una opresión extraña, una perturbación que lo acechaba desde el momento en que Cale había llegado. 

—Lograste equilibrar tu plato. No será un peligro en los próximos años, así que tranquilo, no morirás... —aseguró el dragón, aunque su tono dejaba entrever que había algo más detrás de esas palabras. 

—Esa es una buena noticia —susurró Cale, llevando una mano a su pecho, justo sobre el corazón. 

Raon y Yeong intercambiaron miradas de preocupación al ver la tranquilidad casi antinatural en el rostro de Cale. 

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