La garra de Beru salpicó el suelo con la sangre que escurría de ella, mientras sus ojos blancos recorrían cada cadáver de los monstruos que había derrotado sin piedad.
El ejército de sombras regresó a la penumbra de su señor, dejando tras de sí un rastro de cuerpos inertes en la soledad del bosque.
Sin embargo, sus almas habían sido recolectadas y absorbidas, añadiéndose al oscuro ejército que ahora servía a su invocador.
Witira sostenía con firmeza la empuñadura de su látigo, sintiendo cómo sus manos temblaban entre el horror y la admiración.
Sus pupilas azules se elevaron para vislumbrar la figura del hombre que había llegado horas antes.
Desde su posición, podía observar cada detalle de su espalda: era alto, casi tan imponente como su padre o incluso unos centímetros más.
Pero había algo extraño en él.
Su aura transmitía una mezcla de superioridad y miedo hacia los demás; sin embargo, sus acciones eran cálidas.
Desde hacía tiempo no había soltado a los pequeños niños que lloraban desconsolados a su alrededor.
Era como contemplar a un padre tratando de consolar a sus pequeños hijos.
—Noona, el portal —habló Paseton, y Witira dirigió su mirada hacia el vórtice que comenzaba a brillar.
El portal de rojo carmesí iluminó el entorno con una luz vibrante, revoloteando en su mismo sitio antes de ser seguido por una ráfaga de aire fresco y una luminiscencia azul turquesa y blanca.
Witira y Paseton abrieron los ojos al ver a Cale emerger del portal.
Un alivio momentáneo se apoderó de ellos, pero esa felicidad se desvaneció al contemplar su estado físico.
Cale avanzaba en silencio; su mirada estaba perdida y el brillo en sus pupilas parecía haberse apagado.
Su ropa estaba rasgada y empapada en sangre, un testimonio del horror que había enfrentado.
A su lado caminaba Igris, imponente como un guardaespaldas, irradiando elegancia en medio del caos.
A la distancia, el pequeño dragón rojo volaba lentamente, ajustándose al ritmo cansado de Cale.
Cuando finalmente llegaron al final del portal, este se cerró con un ruido suave pero definitivo.
—¡Humano! —Raon fue el primero en abalanzarse sobre Cale.
Cale lo recibió en sus brazos, mientras el pequeño dragón se acomodaba sobre su pecho, las lágrimas brotaban de sus hermosos ojos y empapaban la camisa manchada de sangre.
—Perdón... Tardé más de lo previsto —susurró Cale, abrazando con delicadeza al dragón negro entre sus brazos.
—Tonto, eres un idiota humano —sollozó Raon, dejando escapar todo lo que sentía en ese momento.
—Cale-nya... ¡Cale-nya! —On y Hong corrieron hacia él, aferrándose con fuerza a sus piernas.
Con cuidado, Cale los cargó entre sus brazos.
Un suspiro escapó de sus labios al sentir el calor de los pequeños cuerpos contra él; su corazón latía con fuerza.
Por fin estaba tranquilo; ya no había nada que temer.
Mientras Cale se sumía en el abrazo de Raon, On y Hong, la imponente sombra de Igris caminó hacia su señor.
Con un gesto de respeto, se inclinó, manteniendo la cabeza agachada mientras su figura permanecía firme e inmóvil ante la presencia de Sung Jin-Woo.
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MI MONARCA
Fiksi PenggemarEl sacrificio de Cale trajo consigo la paz para los dos continentes. O eso creyó. Los gobernantes junto a los dioses lo regresaron al pasado, pero está vez las cosas serían más difíciles de afrontar. Sin la ayuda de sus amigos. Pero con el apoyo de...
