La suave sonrisa de Cale provocó que Paseton cerrara los ojos, buscando un refugio en la calma que emanaba de su amigo.
—El olor a sangre es demasiado fuerte —observó el dragón rojo, fijando su mirada en las brutales heridas que marcaban el cuerpo de la ballena.
Cale permaneció en silencio, sus ojos serios reflejaban la preocupación que no quería expresar.
—Su cuerpo presenta marcas de algo más grande y peligroso. ¿Qué puede ser más grande que una ballena? —continuó el dragón rojo, incapaz de apartar la vista de las heridas.
—Parece que fue víctima de una pelea en la que claramente no tenía ninguna ventaja —dijo Cale mientras se inclinaba para sacar una poción de su bolsa.
—No servirá de nada si su cuerpo aún no expulsa el veneno que corre por sus venas —respondió Cale, guardando la poción y decidiendo avanzar hacia un rincón más profundo de la cueva.
—Humano, no pareces preocupado por la posibilidad de que esta ballena muera —observó el dragón rojo, siguiendo a Cale en silencio.
—Estoy tranquilo porque confío en ustedes. Tú y el otro dragón son fuertes; sé que esta ballena sobrevivirá —explicó Cale con serenidad.
El dragón rojo permaneció en silencio, pero continuó al lado de Cale hasta que llegaron a una zona de la cueva donde una luz brillante emanaba del suelo.
—Aunque no tenga un recipiente adecuado para esto, esta botella servirá para conservar el agua durante unos meses —dijo Cale mientras se agachaba junto a un pequeño pozo que resplandecía con una intensidad casi mágica.
—¿Qué es eso? —preguntó el dragón rojo, acercando cautelosamente una de sus garras al pozo.
—Esta agua tiene la capacidad de apagar cualquier incendio. Será invaluable para el futuro —respondió Cale mientras la botella de vidrio se llenaba lentamente con aquel líquido luminoso.
El dragón rojo observaba con atención cada movimiento del agua, consciente de que estaban ante algo extraordinario.
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—Humano, aquí está la mano de la sirena que pediste —Raon sostenía la mano casi petrificada con sus dos patas.
Cale sonrió al ver el extraño objeto, un vestigio de lo que alguna vez fue una criatura mágica.
—Perfecto, ya tenemos todo. Debemos irnos lo más rápido posible del territorio Ubar —su voz resonó en la cueva, creando un eco inquietante.
Observó con atención el mar que chocaba contra sus pies; el agua seguía repleta de sangre, un recordatorio sombrío de la tragedia reciente.
—Humano, no estás pensando en saltar —dijo Raon, su tono lleno de preocupación al notar la intensa mirada de Cale sobre el océano.
—Por supuesto que lo haré. Necesito saber qué causó que una ballena se convirtiera en blanco fácil para un depredador.
Raon soltó la mano de la sirena y se giró hacia él.
—Eres débil, humano. Debes permanecer fuera del agua; ¿y si te enfermas? —las pupilas del dragón rojo brillaron con determinación.
—No permitiré que vayas —exclamó el dragón rojo, alzándose en vuelo para interponerse entre Cale y el mar.
Cale los miró confundido.
—¿De qué están hablando? Yo no pienso ingresar a ese lugar.
Los dos dragones permanecieron en silencio, sus pequeños ojos parpadeando con frecuencia mientras procesaban sus palabras.
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MI MONARCA
Fiksi PenggemarEl sacrificio de Cale trajo consigo la paz para los dos continentes. O eso creyó. Los gobernantes junto a los dioses lo regresaron al pasado, pero está vez las cosas serían más difíciles de afrontar. Sin la ayuda de sus amigos. Pero con el apoyo de...
