La muerte es el final inexorable de la vida, un suceso que se cierne sobre todos los seres vivos como una sombra inevitable.
Sinónimo de pérdida y sufrimiento, también es un momento de profunda reflexión y agradecimiento.
Pero, ¿por qué al partir alguien deja un vacío tan profundo que parece imposible de llenar?
¿Por qué su recuerdo se aferra a nosotros como un peso que atormenta el alma?
La trágica noticia del fallecimiento de Cale Henituse, el primogénito del conde Derut, resonó como un eco desgarrador en el territorio de Raon.
Su sacrificio heroico, en un día que debería haber sido de celebración —el cumpleaños del rey Zed—, salvó innumerables vidas de las garras de los monstruos feroces.
Sin embargo, no había palabras suficientes para expresar la gratitud hacia él; si no fuera por su valentía, muchos habrían encontrado la muerte en ese día fatídico.
El día del funeral se presentó sombrío y cargado de luto.
Una tumba se erguía junto a la de la madre de Cale, quien había partido antes que él, como si el destino se burlara cruelmente al llevarse al hijo tras haber perdido a la madre.
El conde Derut estaba rodeado por nobles del reino de Roan; cada uno ofrecía sus condolencias con gestos vacíos y miradas perdidas.
Violan, su esposa, daba órdenes a los sirvientes con una voz quebrada; su rostro descompuesto y marcado por ojeras hablaba del desvelo y el dolor que la consumían.
Basen, su otro hijo, compartía la misma tristeza; se esforzaba en ayudar a sus padres en los preparativos del funeral mientras luchaba con su propio pesar.
Lily, la más pequeña de la familia, lloraba en silencio.
Sus ojos estaban hinchados por las lágrimas vertidas, reflejando una tristeza tan profunda que parecía consumirla por completo.
Los sirvientes de la mansión Henituse se movían con premura, atendiendo a quienes habían venido a rendir homenaje en este día sombrío.
Curiosamente, el murmullo habitual sobre Cale había sido reemplazado por un silencio reverente; aquel joven maestro que había sido objeto de desprecio entre sirvientes y nobles ahora era recordado con respeto y pesar.
Su secuestro por aquel hombre astuto había cambiado todo.
La búsqueda desesperada culminó aquella noche fatídica cuando los soldados encontraron su cuerpo en condiciones lamentables.
Fue entonces cuando la esperanza se extinguió y se dio por concluida la búsqueda de Cale Henituse.
—Conde Derut, le doy mi más sentido pésame —la vizcondesa del territorio Ubarr apretó suavemente el hombro de Derut.
Mientras su hija inclina su rostro, las mejillas de Amiru estaban rojas de tantas lágrimas.
Las pupilas del conde se contrajeron al escuchar esas palabras; sin embargo, solo logró sonreír (aunque su apariencia era desaliñada).
—Gracias por acompañar a mi hijo, vizcondesa Ubarr y señorita Amiru —respondió Derut con una voz casi desgastante.
Así continuaron las condolencias fluyendo como un río triste.
—Conde Derut, el joven maestro Cale ya está listo —interrumpió suavemente el sirviente Hans.
Las pupilas de Derut se oscurecieron al oír esa frase.
Se apartó dejando a su esposa para que recibiera a los visitantes.
Con una mirada cargada de comprensión y tristeza, él se retiró hacia una habitación específica.
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MI MONARCA
Fiksi PenggemarEl sacrificio de Cale trajo consigo la paz para los dos continentes. O eso creyó. Los gobernantes junto a los dioses lo regresaron al pasado, pero está vez las cosas serían más difíciles de afrontar. Sin la ayuda de sus amigos. Pero con el apoyo de...
