El dispositivo de comunicación emitió un suave brillo turquesa, y en cuestión de segundos, el mensaje se propagó como un susurro mágico hacia todos los rincones del reino.
Llegó a los dispositivos ocultos entre raíces de árboles centenarios, a los cristales de comunicación enterrados en cuevas profundas, incluso a los viejos aparatos empañados que los magos usaban para escapar de la persecución.
En los bosques sombríos y las cavernas olvidadas de Whiper, donde los magos se escondían como sombras, el mensaje resonó con una claridad que les hizo contener la respiración.
Un joven apareció en la proyección, su cabello rojo como las brasas al atardecer, sus ojos cálidos —un café rojizo que evocaba hojas otoñales— irradiaban una calma inquebrantable.
Su voz, serena y firme, fluyó como un río de certeza en medio del caos.
—Aquellos que se esconden por culpa de actos que nunca cometieron, por un maestro que rompió los tabúes más sagrados... —Cale alzó su mano derecha, mientras la izquierda se posaba sobre su pecho, como si jurara algo ante ellos
—Aquellos que deseen vivir sin miedo, con un lugar al que llamar hogar… el Gremio Ahjin les da la bienvenida.
Las palabras flotaron en el aire, cargadas de una promesa tan poderosa que algunos magos sintieron que el corazón les latía con fuerza por primera vez en meses.
Las coordenadas brillaron al final del mensaje, señalando un lugar lejano, más allá de las fronteras de Whiper, donde las tropas antimagos no podrían alcanzarlos.
—...Vayamos —murmuró una mujer, sus dedos temblorosos cerrándose alrededor de su capa.
—¿Y si es una trampa? —un hombre de rostro demarcado por el hambre la miró con escepticismo—. ¿Quién nos asegura que no es otro cebo de los cazadores?
Antes de que la discusión escalara, el mayor de ellos, un mago de rostro curtido y cabello entrecano, se levantó con lentitud de la roca donde descansaba. Su voz, grave pero tranquila, acalló el murmullo.
—No tenemos nada —dijo, mirando uno por uno a los rostros famélicos—. Solo unas monedas, harapos y el miedo como compañero. Pero ese mensaje… solo pudo ser enviado desde la Torre Principal. Y esas coordenadas… están fuera del alcance de los antimagos. —Señaló el mapa holográfico, donde un valle rodeado de montañas aparecía marcado—. Un lugar sin reyes, sin leyes... quizá nuestro único chance.
El silencio se apoderó de la cueva. Todos sabían lo que eso significaba: era una oportunidad, pero también un riesgo mortal.
—Iré yo —declaró el mago mayor—. Si en 48 horas no me comunico... sigan sobreviviendo como puedan.
Varios se pusieron de pie de inmediato, dispuestos a acompañarlo.
No por valentía, sino porque, por primera vez en mucho tiempo, alguien les había ofrecido algo más que supervivencia: esperanza.
Y en un mundo donde ya no tenían nada que perder, la esperanza era más peligrosa—y más preciosa—que cualquier hechizo.
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Cale observaba cómo cientos de puntos de luz se activaban en el mapa holográfico del dispositivo.
—Humano... ¿vendrán? —preguntó Raon, aleteando alrededor del artefacto.
Cale sonrió, acariciando la gema turquesa que ahora latía al ritmo de las respuestas.
—Oh, vendrán.
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MI MONARCA
FanfictionEl sacrificio de Cale trajo consigo la paz para los dos continentes. O eso creyó. Los gobernantes junto a los dioses lo regresaron al pasado, pero está vez las cosas serían más difíciles de afrontar. Sin la ayuda de sus amigos. Pero con el apoyo de...
