Capítulo 24

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Las costas del territorio Ubar se caracterizaban por remolinos tan profundos y peligrosos que emitían ruidos agobiantes, resonando a lo largo del día.

La luz del sol brillaba en lo alto, bañando el paisaje con un suave resplandor dorado que parecía acariciar la superficie del mar.

Las pocas lámparas de los hogares costeros se apagaban lentamente, dando la bienvenida al amanecer y creando un ambiente de calidez en el aire fresco.

En el muelle, los escasos barcos estaban amarrados, quietos como guardianes en espera de un nuevo rumbo.

Los ciudadanos salían de sus casas para iniciar el nuevo día; sus rostros reflejaban la relajación y alegría de saber que podían disfrutar de otra jornada.

Aparentemente, no había nada fuera de lo común.

O eso parecía.

De repente, un soldado detuvo a una figura encapuchada que caminaba entre la multitud.

La capucha cubría su rostro, ocultando su identidad; sin embargo, un mechón rojo que sobresalía traicionaba su presencia.

—Necesito que se quite la capucha —dijo el soldado con firmeza.

—No queremos utilizar nuestra autoridad para lastimarlo, así que muéstrenos su rostro —continuó, con una mirada seria y decidida.

La persona levantó lentamente las manos, dejando al descubierto su rostro.

Al verlo, los soldados exhalaron un suspiro de frustración.

Era solo una persona común con un mechón rojo; después de observar su identificación, los soldados lo dejaron marchar.

—Por un momento pensé que se trataba de Cale Henituse —murmuró uno de los soldados, generando un cansancio palpable entre sus compañeros.

—Sigamos buscando. Recuerden que cualquier sospechoso que no coopere puede enfrentar la fuerza —ordenó el jefe mientras se alejaba con paso firme.

El soldado caminaba erguido, su rostro mostraba una seguridad que todos podían percibir.

De repente, sus ojos se posaron en una figura que cruzaba a su lado: una persona de cabello negro cuya mirada gris lo atravesó como un rayo.

Se detuvo abruptamente y giró la cabeza con desesperación, pero esa persona ya había desaparecido entre la multitud.

Su corazón latía con fuerza; por un instante había creído haber visto a Cale Henituse.

Sin embargo, sabía que no podía ser él: Cale no tenía el cabello negro ni las pupilas grises.

Además, su detector de maná no había reaccionado. Solo debía estar equivocado.

Con un suspiro resignado, giró sobre sus talones y continuó su camino hacia el centro de la ciudad.

—Humano, te dije que ningún detector de maná podría percibir el poder de un dragón —comentó Raon mientras flotaba alrededor de Cale.

—Esos dispositivos son de baja calidad; solo son útiles para humanos con maná. Nosotros somos superiores —respondió el dragón rojo al volar hacia el lado opuesto del dragón negro.

Cale sonrió levemente mientras el viento del océano acariciaba su cabello oscuro, haciéndolo danzar a su alrededor.

—Nuestros menores son increíbles —dijo Hong con admiración hacia los dos dragones que los acompañaban.

On asintió mientras su ronroneo llenaba la bolsa que los mantenía ocultos a los ojos curiosos del mundo exterior.

—Esto será mucho más fácil —murmuró Cale con confianza; sujetando su cabello para despejarlo de su rostro y continuar su camino seguro.

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