El grito de Cale cortó la tensión como una hoja afilada.
Todos los presentes giraron hacia la cresta de la colina, donde el pelirrojo se erguía con su cabello flameando contra el cielo plomizo.
Detrás de él, Adite y los niños parecían haber perdido la capacidad de hablar.
-¿Qué demonios están haciendo? -La voz de Cale, aunque serena, llevaba un filo de acero
-. Deténganse antes de que reduzcan esta montaña a escombros.
El silencio que siguió fue tan absoluto que incluso el viento pareció contener su aliento.
Cale escudriñó el paisaje devastado: donde antes había nieve virgen ahora solo quedaban cráteres humeantes y rocas desgarradas.
-Adite -llamó Cale sin apartar la vista del dragón dorado.
La sacerdotisa elfa se apresuró a su lado, sus pasos vacilantes. Al enfrentarse a Eruhaben, su voz tembló:
-S-señor Eruhaben, por favor... deténgase. No continúe con esto.
El dragón antiguo parpadeó lentamente, como si saliera de un trance. Al reconocer a la sacerdotisa del Árbol del Mundo, sus pupilas doradas recuperaron su brillo habitual.
-Retírense -ordenó Jin-Woo, y las sombras inmediatamente se agruparon a su alrededor en formación militar perfecta.
Eruhaben descendió con gracia, su aura dorada palideciendo hasta volverse casi humana. Adite corrió hacia él, sus manos temblorosas buscando las heridas que apenas comenzaban a cerrarse.
-¡Humano de negro! -Raon y Yeong se lanzaron como flechas hacia Jin-Woo, aferrándose a su pecho con alegría desbordante.
-¡Jin-Woo! -On y Hong maullaron al ver al nigromante, sus colas ondeando con entusiasmo.
Jin-Woo acarició instintivamente las cabezas de los pequeños dragones, aunque su mirada permanecía clavada en Cale.
Una sonrisa casi imperceptible curvó sus labios al comprobar que todos estaban sanos.
-Tal vez no te lo explique bien - Cale cruzó los brazos, haciendo esfuerzos por mantener su tono severo -. Pero juré que te dije que no llamaras la atención, Sung Jin-Woo.
Jin-Woo no respondió. En lugar de eso, su mirada recorrió el cuerpo de Cale, deteniéndose en su rostro con una expresión que hizo que el pelirrojo sintiera un escalofrío.
-...¿Tengo algo en la cara? - preguntó Cale, tratando de mantener la compostura, aunque sus manos temblaban levemente.
Su corazón, que momentos antes latía con furia, ahora se calmaba inexplicablemente al verlo.
Un silencio incómodo se extendió entre ellos.
Y entonces, Jin-Woo se movió.
Fue tan rápido que ni los agudos reflejos de los dragones pudieron reaccionar.
Una mano se enredó en su cabello rojo, tirando de él hacia atrás con suavidad pero firmeza. La otra se posó en su cintura, atrayéndolo hacia un cuerpo cálido y sólido.
Antes de que Cale pudiera protestar, unos labios se posaron sobre los suyos.
El beso no fue tierno.
Fue posesivo.
Un roce firme, casi desesperado, como si Jin-Woo estuviera reafirmando algo que solo él entendía.
Cale abrió los ojos con sorpresa, pero no se resistió.
Sus pies apenas tocaban el suelo ahora, ya que Jin-Woo lo sostenía con facilidad, inclinándolo ligeramente hacia atrás.
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MI MONARCA
FanfictionEl sacrificio de Cale trajo consigo la paz para los dos continentes. O eso creyó. Los gobernantes junto a los dioses lo regresaron al pasado, pero está vez las cosas serían más difíciles de afrontar. Sin la ayuda de sus amigos. Pero con el apoyo de...
