Capítulo 33

1.2K 153 188
                                        

—Tu nombre es Raon y tu apellido es Miru —anunció Cale, contemplando al pequeño dragón negro que ahora llevaba ese nombre.

—Yeong, elegí este nombre para ti, y Miru para ambos —su mirada se posó sobre el dragón rojo, que lo observaba con curiosidad.

—Lo elegí con la esperanza de que vivan una vida plena y alegre; pero también quiero recordarles lo valientes que han sido.

Las pupilas de los dragones brillaron intensamente ante esas palabras cargadas de significado.

En ese instante, la profundidad del lugar sombrío que los había mantenido cautivos parecía desvanecerse.

Por primera vez en sus vidas, anhelaban salir de aquel oscuro refugio hacia la luz.

Yeong reflexionó con una mirada casi cristalina.

No recordaba mucho de su pasado; solo sabía que había pasado demasiado tiempo en aquella cueva, donde su maná era absorbido día tras día.

La idea de escapar nunca había cruzado su mente; vivir allí era lo único que conocía.

En el fondo de su ser, solo deseaba morir... Pero alguien lo había salvado y le había mostrado un mundo lleno de posibilidades.

El dragón rojo se dejó acariciar por Cale mientras ambos reflexionaban sobre el hombre que les había brindado libertad.

Fue él quien les enseñó lo que realmente significaba vivir.

Fue él quien les dio un nombre...

Un nombre que era solo para ellos.

Para los poderosos dragones.

Nosotros... somos Raon Miru y Yeong Miru.

El silencio se instaló en el aire, pero este silencio era agradable, casi reconfortante.

Este momento quedaría grabado en la memoria de los tres.

Cale y los pequeños dragones contemplaban con admiración el vasto océano que se extendía ante ellos como un lienzo infinito.

—Gracias... mamá —susurraron ambos dragones tan suavemente que sus palabras casi se perdieron en la brisa.

Las pupilas de Cale se abrieron ligeramente, y un rubor pálido tiñó sus mejillas al dirigir su mirada hacia los dos dragones.

—¿Qué dijeron? —preguntó Cale, girándose levemente al notar cómo los pequeños dragones le daban la espalda.

—Humano, ¿no puedes entenderlo rápidamente? —replicó Raon con un tono burlón.

—Era de esperarse que nuestro débil humano no pudiera comprenderlo —añadió Yeong, alejándose un poco de Cale con un gesto juguetón.

A pesar de su actitud juguetona, las mejillas de los dragones mostraban un leve tinte rosado.

En su interior, estaban rebosantes de alegría.

Cale sintió cómo una chispa de emoción iluminaba su corazón. Se acercó a ellos nuevamente, acariciándolos con ternura.

—¿Podrían decírmelo otra vez? —preguntó con esperanza en la voz.

Raon y Yeong se removieron como si intentaran mostrar molestia por las caricias de Cale, pero en el fondo estaban encantados por la atención.

—No quiero. ¿Eres siempre tan molesto? —dijo Raon mientras intentaba zafarse del contacto cariñoso.

—¡Humano débil! ¡Vas a resfriarte! ¡Entra a dormir antes de que Igris te obligue a hacerlo! —exclamó Yeong, moviéndose también alejándose del toque cálido de Cale.

MI MONARCA Donde viven las historias. Descúbrelo ahora