El viento aullaba entre los picos helados, arrastrando consigo una cortina de nieve que borraba el horizonte.
El suelo, cubierto por una capa gruesa de hielo, resplandecía bajo la tenue luz del atardecer como un espejo roto.
Jin-Woo respiró hondo, el aire frío quemándole los pulmones.
¿Dónde estás, Cale?
Sus puños se cerraron con fuerza, los nudillos palideciendo bajo la presión. La impotencia lo corroía por dentro, pero no podía permitirse vacilar. No ahora.
La nieve limitaba su visibilidad.
—Un ser humano… —una voz resonó desde todas direcciones, como si la montaña misma hablara—. Tu maná está distorsionado como el de un nigromante, pero no es solo eso. ¿Qué haces en un universo que no te corresponde?
La columna vertebral de Jin-Woo se tensó al instante.
Esa voz, aunque calmada, emanaba una autoridad innegable.
No respondió. En lugar de eso, hundió los pies en la nieve, sintiendo el crujido del hielo bajo sus botas.
Si no puedo verlo… entonces haré que él tampoco me vea.
Con un gesto mental, ordenó a sus sombras dispersarse. No para atacar, sino para camuflarse.
Beru se fundió entre los pinos cubiertos de escarcha, su exoesqueleto negro tornándose casi invisible contra la corteza oscura.
Iron se hundió en la nieve, su enorme hacha lista para emerger como una trampa mortal.
Tusk y los demás se dividieron, moviéndose en silencio, aprovechando el estruendo del viento para ocultar sus pasos.
—…Así que no vas a responder —la voz sonó más cerca esta vez, pero aún etérea—. Supongo que mi deber es eliminarte antes de que tu presencia desate el caos en este mundo.
Un destello dorado iluminó la blanca inmensidad.
Jin-Woo esquivó hacia atrás justo a tiempo.
¡CRACK!
Una lanza de maná dorado perforó el lugar donde había estado, derritiendo la nieve al instante y dejando al descubierto la roca negra y agrietada debajo.
Usuario: Dragón dorado (El Más Antiguo)
Rango: ????
Misión: Descubre cómo acercarte sin dañar al dragón dorado. Él será un aliado indispensable para el futuro.
Recompensa: Caja divina o demoníaca.
¿Aliado?
No había tiempo para pensar.
El siguiente ataque llegó desde arriba.
Eruhaben descendió como un meteoro, su cabello dorado brillando contra el cielo plomizo.
Jin-Woo levantó sus dagas, pero el impacto lo hizo retroceder, sus botas tallando surcos profundos en el hielo.
El dragón no le dio tregua.
El maná dorado se materializó en forma de cuchillas flotantes, lanzándose hacia Jin-Woo en un remolino mortal.
Este saltó hacia un lado, rodó sobre el hombro y, antes de que sus pies tocaran el suelo, ordenó a las sombras atacar desde abajo.
¡ZAS!
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MI MONARCA
Hayran KurguEl sacrificio de Cale trajo consigo la paz para los dos continentes. O eso creyó. Los gobernantes junto a los dioses lo regresaron al pasado, pero está vez las cosas serían más difíciles de afrontar. Sin la ayuda de sus amigos. Pero con el apoyo de...
