El Inicio Del Fin

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Las semanas pasaron, y el fin del semestre estaba a la vuelta de la esquina. La relación entre Memo y Jessica se había fortalecido con el tiempo, su amor se había vuelto un refugio donde podían ser ellos mismos sin las máscaras que el mundo parecía exigirles. Aunque habían dado pasos importantes en su intimidad, ambos sabían que lo que sentían era mucho más profundo que eso. Su amor no dependía de los momentos físicos, sino de esa conexión invisible y sutil que los unía.

Una tarde, mientras estaban en la casa de Jessica, Memo le compartió la noticia que había recibido de sus padres: los habían ascendido y querían que él se fuera a Estados Unidos con ellos. Jessica sintió un nudo en el estómago, pero tomó su mano y le dio una sonrisa firme.

—Memo, si eso es lo mejor para ti, yo lo entiendo. Quizás… quizás si hablamos con ellos, los convencemos de que no te lleven o de que te quedes más tiempo aquí. No sé, pero… —tomó aire y trató de sonar fuerte—, quiero que sepas que te apoyo. Y pase lo que pase, voy a estar bien.

Memo la miró con gratitud, pero el peso de la decisión era innegable. No se sentía listo para irse y dejar todo lo que había construido con Jessica y sus amigos. Esa noche, antes de despedirse, se abrazaron con más intensidad de lo habitual, como si intentaran capturar cada segundo en sus memorias.

Horas después, Jessica estaba en su cuarto cuando escuchó la puerta abrirse con violencia. Era Agustín, y en su mano sostenía un condón. Su expresión estaba teñida de rabia y una especie de desdén que le erizó la piel.

—¿Qué es esto, Jessica? ¿Desde cuándo eres una cualquiera? —le recriminó con una voz que no dejaba espacio para defensa alguna. Jessica intentó alejarse, pero Agustín se acercó, sus ojos brillando con una intención que ella nunca había visto antes y que la asustaba profundamente.

La tomo de los brazos y la empujó contra la cama, con su boca empezó a dejar chupetones en el cuello de la menor, mientras lamia de vez en cuando.

Con el corazón latiendo en su pecho, Jessica reunió toda su fuerza para patearlo en sus partes nobles y corrió hacia la puerta. Escapó de la casa sin mirar atrás, sintiendo el viento helado en su piel, pero con una determinación ardiendo en su pecho. No quería volver nunca más.

Llegó a casa de Memo minutos después, temblando y con los ojos húmedos, pero determinada. Al verla, Memo supo que algo grave había pasado. La abrazó en silencio, dejándola desahogarse antes de preguntar.

—Memo —dijo ella finalmente—, no quiero volver a esa casa. No puedo. No después de lo que pasó.

Él asintió, apretando los labios para contener su propio enojo. La situación se le parecia imposible, y el dolor de ambos era tan palpable que parecía llenar la habitación.

—Yo tampoco quiero seguir aquí —le dijo en voz baja—. No quiero dejarte y tener que irme como si nada. Siento que, a donde sea que vaya, ya no sería igual si no estás ahí.

Hubo un silencio pesado, y entonces Memo, en un arrebato de desesperación, sacó una pequeña botella con pastillas de su mesa de noche.

—¿Y si simplemente nos vamos? Nos tomamos esto y... todo se termina. Nadie nos puede separar. Nadie nos puede lastimar nunca más.

Jessica lo miró, sorprendida y asustada, pero en el fondo comprendía lo que él estaba sintiendo. Ambos sabían que no querían realmente despedirse del mundo, pero el peso de sus realidades los empujaba a un límite que ninguno había explorado antes. Tomaron las pastillas y se acostaron uno al lado del otro, tomados de la mano, sintiendo la calidez y el consuelo de tenerse mutuamente en ese momento de incertidumbre.

Entonces, Memo notó algo que lo hizo detenerse por un segundo. En el techo, donde antes había una mancha de humedad, ahora había un collage de fotos que Jessica había pegado sin que él lo notara. Eran recuerdos de sus momentos juntos, sonrisas y miradas cómplices que habían capturado en diferentes días. Al verlas, una sonrisa suave se dibujó en su rostro.

—Nunca había notado... el collage en el techo —susurró con un aire de sorpresa y ternura, mirándola a los ojos. Jessica sonrió también, y sin decir nada, cerraron los ojos, abrazados, con una mezcla de paz y consuelo.



*+:。.。 。.。:+*


He vuelto jajaja ahora sí ya nada más quedan dos capítulos a lo mucho, se que este es un poco corto pero prometo que el siguiente va a valer la pena. No se olviden comentar y votar, bye.

Pd: Memo no va a morir se los puedo asegurar.

Pd2: no supe que canción poner, si tienen alguna sugerencia la escucho con gusto 😁

Pd3: como que va a salir otra temporada? Que opinan?

Cuando Pase el Temblor Donde viven las historias. Descúbrelo ahora