Si quieres que el terror se cuele por cada fibra de tu cuerpo. Si ansías sentir cómo late desenfrenado tu corazón al simple roce de la puerta entornada. Si deseas que tus dientes castañeteen por aquella sombra deforme que está detrás de tu espalda.
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Una de las reglas principales de los Exploradores Urbanos es «NO VANDALIZAR». Marcos desobedeció.
Estaba hambriento de fama porque era uno de los YouTubers menos conocidos de la comunidad. Probaba su coraje metiéndose en los lugares más extremos y exóticos que uno pueda imaginar.
Pero esa tarde cometió un grave error. En realidad, fueron dos. El primero fue haber subestimado aquella pequeña casa descolorida, insulsa y olvidada, ubicada cerca de la estación de Pueyrredón.
Él, que había sobrevivido a caídas, corridas de perros y vigilantes armados. Entró confiado a aquella casucha sin gracia. ¿Que podía pasar?
La recorrió sin ganas. Husmeó en todos sus rincones. Abrió alacenas, tiró cajones y desordenó cuánto mueble se topó. Fue en el cuarto principal que se encontró con la marioneta, sentada impoluta sobre la cama.
A pesar del paso del tiempo aquel juguete conservaba en su madera un brillo especial. Alentado quizás por los cientos de visitas en Stream, tomó al muñeco del cuello con burla, (segundo error). Y comenzó a hacerlo bailar.
Marcos zamarreaba al pobre muñeco con brusquedad, haciendo que sus hilos se torcieran enroscándose Mientras más molestaba a la marioneta, más explotaban sus redes de mensajes.
Pero tanto fue el maltrato al pobre juguete, que de golpe su cabeza se desprendió y cayó rodando al suelo polvoriento, haciendo un eco sordo que por un instante Marcos contuvo el aliento.
Con la excitación de la fama momentánea, nuestro YouTuber hizo oídos sordos a la sensatez y se mofó de la situación payacesca del juguete. Tomó la cabeza, luego se guardó dentro de su mochila y dio por terminado el Stream. Después salió de la casa convencido que había logrado un nuevo record de visitas.
Y ahora se preguntarán como terminó esta historia. Solo les diré que aquella tarde de primavera, cerca de la estación Pueyrredón. Dos cuerpos habían perdido la cabeza.
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