Si quieres que el terror se cuele por cada fibra de tu cuerpo. Si ansías sentir cómo late desenfrenado tu corazón al simple roce de la puerta entornada. Si deseas que tus dientes castañeteen por aquella sombra deforme que está detrás de tu espalda.
...
—Ya ves. Con la rutina de siempre. ¿Que haces por acá?
—Oh, ni me hables. Tengo dos ayudantes nuevos y se mandaron una macana el otro día. Les pedí a tres pecadores y me trajeron a un sordo, un ciego y a un mudo que murieron en un accidente. Los vengo a devolver.
—Ah, si. San Pedro me contó. Que garrón. Ya no existen empleados como antes.
—Vos que onda, ¿todo tranqui?
—Medio bajón, amigo. No pasa nada. Estoy pensando en organizar un Apocalipsis.
—Ah, joya. Avísame, Contás conmigo y los pibes. Bueno, te dejo porque estoy apurado.
—Dale, pásate más seguido a saludar. No seas ortiva.
—JIJIJI, el viernes tengo franco. Me traigo unas birritas bien frías.
—Listo. Preparo el quinto cielo para unas partidas de póker. No me falles, eh.
—Ahí estaré.
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