Capítulo 9: ¿Sin secretos?

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Harvard. Residencias. Departamento de Charlotte. 

No sabía qué hacer, ni mucho menos que decir. Hacerle un baile erótico a Charlotte, iba a lograr algo: Que ella descubriera que era Astronema.

Así que definitivamente era mujer muerta.

Estás loca – Digo riendo intentando levantarme, pero ella no me lo permitió. - Definitivamente, estás loca.

Tal vez, pero obtuviste un 10. – Dice sonriendo atrayéndome hacia ella. - Podía pedir lo que fuera a cambio.

Comencé a reflexionar y realmente me había puesto la soga al cuello, en el momento que acepté que ella pidiera lo que fuera a cambio.

La verdad nunca pensé que podría obtener un 10 en esta materia.

Lo haré. - Digo sonriendo y volviendo a sentarme a su lado, después de recriminarme mil veces mentalmente. - Pero no será en el campus, no puede ser en el campus.

La veo negar mientras no deja de reírse, me toma por la cintura y se acerca a mi oído. - En el salón...

Está completamente demente, miss Dupont...

Debiste limitarme con ese... – Dice sensualmente, acercándome más, si se podía, y hablando a mi oído. - Lo que fuera...

¿Cuándo? Porque supongo eso también lo pensaste... - Pregunto alejándome para verla a los ojos.

No sé cuando. – Se ríe levantándose para volver a traer la botella de vino y rellenar su copa. - Puede ser progresivo... O en un solo día, no estoy apresurada. – Vuelve a sentarse en el sofá y a acercarme a ella. - Lo sabremos cuando lo necesitemos, porque lo vamos a necesitar.

No puedo dejar de sonreír mientras nos veíamos, estuve comiendo los snacks que ella había dejado un momento la sala para ir por algo a lo que supongo es su habitación. Volví a mirar alrededor de su departamento y seguía sorprendida por lo impersonal que era aquel lugar.

¿Qué esconde Charlotte Dupont? Que su departamento en Harvard no puede tener ni un mínimo rastro de ella.

¿Sabes qué también vamos a necesitar? - Dice llegando nuevamente y sentándose en el sofá a mi lado. - Una lista de lugares para tener sexo.

Tú ya comenzaste eso. - Le digo, riéndome, mientras no podía dejar de verla mientras parecía confundida. - ¿Las escaleras de servicio? ¿El salón de baile?

Ah recuerdas eso... - Dice mordiendo su labio inferior, mientras subía sus pies al sofá, ocupando más espacio y sin dejar de verme fijamente.

¿Y quién guardará esa lista? - Le pregunto en broma mientras siento su mano dejando mi cabello detrás de mi oído.

Tú, obviamente, dudo que alguien se le ocurra robar a la niña mimada del FBI. – Dice con una sonrisa mientras su mano sigue bajando hasta llegar a mi cuello. - ¿Sabes de qué trabajé durante mis años aquí?

No... - Le digo sorprendida porque pensé que no retomaríamos aquel tema.

El tema que realmente me había traído a este lugar.

Era bailarina en un bar, en Boston... - Dice suspirando recostándose hacia atrás en el sofá. - Al principio para mí estaba bien, pero luego entendí que estaba demasiado cerca de la universidad, así que no podía evitar ver a mis compañeros e incluso algunos profesores... Era realmente asqueroso. - Comenta haciendo una mueca de asco. - Trabajaba con una mujer muy buena, con muchísimos años en el negocio, que trabajaba con personas muy digamos grandes.

¿Digamos grandes? - Pregunto intentando entender a qué se refería.

Ambas fuimos bailarinas de bar, pero las razones por las que ambas lo fuimos, son demasiado distintas, incluso podrían llamarse antónimas.

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