15 días antes del Congreso de Inteligencia Nacional. Washington, D.C. Avión privado de Charlotte Dupont.
Estuvimos en silencio exactamente por 30 minutos, pero no podía estar demasiado tiempo sin hablar o se me congelaría el cerebro.
— ¿Qué siempre soñaste hacer y sientes que ya no puedes? —Pregunto de la nada haciéndola sonreír tanto que hasta sin verla pude notarlo.
— Montar bici, nunca aprendí en el lugar donde crecí, solo montaban bici los hombres, mi madre nunca me compró una. — Terminó como si aquello fuese una gracia. — Es insoportablemente machista...
— ¿En serio? — Pregunto creyendo que aquello era una broma, pero al ver su cara de nostalgia me di cuenta de que no lo era.
No Charlotte, mirarme así en este momento no es una opción viable.
— Era muy de mal gusto ser mujer y andar en bici en Waldoboro. — Termina levantando los hombros, para dar por concluido aquel tema.
Seguimos viendo la película en completo silencio, cuando de la nada decido volver a hablar.
— ¿En Belice hay bicicletas? — Pregunto buscando sus ojos, que suspicaces también buscaron los míos acompañados por una enorme sonrisa.
— Es una isla, pero hay bicicletas en todas partes. — Responde riendo. — ¿A dónde cree la consentida del FBI que vamos? ¿Al inframundo? —
Levanto los hombros ignorando sus últimas palabras, antes de volver a la posición que tenía anteriormente para responder.
— Nuestra misión en Belice, consistirá en encontrar Bicis. — Digo bastante seria. — No puedes ir por la vida, sin saber como se hace. —
— No digas tonterías, princesa — Comenta sin dejar de reír. — No vale la pena, ¿sabes cuántos años tengo? —
— Sí que lo va a valer, no tiene nada que ver con ninguna edad. — Le digo volviendo a su rostro para dejar un beso corto. — Pinky promise — Hablo ofreciéndole mi meñique, logrando que de sus labios salga una sonora carcajada.
— ¿Me recuerdas cuantos años tienes? — Pregunta sarcásticamente mientras niego y sigo ofreciendo mi meñique hacia ella. — Pinky Promise. — Termina accediendo juntando nuestros meñiques, pero a la vez también nuestros labios.
No importa cuantos años tenga, la promesa de meñiques siempre será sagrada para mí, nunca lo había hecho con nadie que no fueran mis hermanos o mejores amigos. Hay alguien más en esa lista hoy, alguien que jamás me imaginé que podría estar.
Esto, para mí, es como un juramento inquebrantable.
Ya estábamos sobre la segunda hora de viaje y al llegar el medio día, nos trajeron algo más fuerte para aguantar hasta el aterrizaje. Era un coctel de camarones, con una ensalada de frutos secos, que realmente estaba increíble.
Ya estaba Titanic por llegar a su momento cumbre, estábamos separadas, la comida ya había sido retirada. Me comía una fresa tranquilamente acompañada de Sonic, cuando sus piernas vuelven a cruzarse y una nueva pregunta llega a mis oídos.
— ¿Por qué nunca me dijiste que bailabas en mi bar? — Su pregunta casi me hace atragantarme con la fresa en mi boca, mientras ella vuelve a llevar su copa de vino a sus labios para volver a hablar. — Ni cuando te diste cuenta de que era mi bar... —
— ¿Qué? —Pregunto intentando procesar lo que acababa de decirme, ella solo responde levantando su ceja y volviendo a dar un sorbo a su copa de vino. — ¿Qué dices Charlotte? —
ESTÁS LEYENDO
Secretos de Poder
RomanceAvril Spinster, es una joven brillante y valiente, que regresa a Estados Unidos después de años en el Reino Unido. Su vida da un giro inesperado cuando se enamora de dos mujeres: la misteriosa profesora de política de las democracias modernas, Charl...
