Día 365 después del Congreso de Inteligencia Nacional. Washington, D.C.
Las calles de Washington, D.C. se habría paso por la ventana del taxi en el que me movilizaba para llegar a mi destino, veía las calles, las personas sin rumbo y los autos moverse con la misma rapidez que nosotros.
El pequeño hombre del taxi de la nada comenzó a hablarme. — ¿Cuánto tiempo tiene sin venir a Estados Unidos? — Pregunta curioso, llamando mi atención mientras me mira por el espejo retrovisor.
— Un año — Respondo firme y secamente sin siquiera voltear a verlo.
— ¿Qué la hizo volver? — Pregunta con una sonrisa en los labios sin saber el huracán que había explotado en mi interior aquella pregunta. — ¿Dejó algún asunto pendiente aquí en la capital? —
— Voy camino al funeral de mi padre — Respondo haciéndolo mirar al taxímetro en la pantalla de su auto, fijándose en la dirección que estaba marcada en él: Cementerio Nacional de Arlington.
— Lo siento mucho, señorita. — Es todo lo que dice, mientras yo solo logro asentir mientras sigo viendo por la ventanilla de aquel auto, mi ciudad, la ciudad de mi padre.
La ciudad de la que nunca debí irme, en primer lugar.
Día 365 después del Congreso de Inteligencia Nacional. Washington, D.C. Cementerio Nacional de Arlington.
Al llegar a las puertas del Cementerio Nacional de Arlington, la magnitud del lugar me golpeó con fuerza. Un mar de lápidas blancas extendiéndose hasta donde alcanzaba la vista, cada una marcando la historia de una vida dedicada al servicio de este país. Bajé del taxi, agradeciendo levente al hombre, sintiendo el peso de mi traje negro y ocultando mis ojos tras unas gafas de sol oscuras.
Faltaba aún un trecho por recorrer, pero necesitaba hacerlo andando o moriría de ansiedad en aquel pequeño lugar.
Caminé por los senderos de aquel lugar, el silencio solo era interrumpido por el lejano sonido de algún coche fúnebre y del resonar de mis stilettos con el asfalto. Era extraño como a cada paso, la historia del país parecía susurrarse entre las tumbas. Había familias reunidas, rostros afligidos, flores, estaba caminando por el lugar donde mi padre descansaría ahora, junto a héroes y patriotas.
No sé si queriendo, mi andar me llevó en dirección a la Llama Eterna de John F. Kennedy, me quedé allí por un segundo, observando el fuego danzar incesantemente, por un instante pensé en que la vida es tan frágil como esa llama que permanece encendida en este lugar por cada día desde que el presidente falleció.
Después de muchos minutos, haciendo más largo el camino de lo que debió ser, divisé el pequeño grupo de personas vestidas de negro reunidas alrededor de una parcela que parecía recién abierta. Suspiré y comencé a acercarme poco a poco, divisando el rostro de mis hermanos y mi madre al instante.
Llegué intentando no llamar la atención, pero fue imposible cuando Lauren automáticamente me abrazo al verme. Me mantuve lo más lejos que pude de aquel féretro, con mi hermana a mi lado, hasta que un traje negro, Lordache por supuesto, se muestra bajando de un auto que aparcaron cerca de aquel lugar. Su placa brillaba aún más cuando el sol daba contra ella, tenía en su mano tres rosas rojas y una blanca, llevaba lentes de sol, pero podría asegurar que no dejaba de mirarme.
— Hermanos y hermanas. — Mi visión por un momento se separa de la mujer para hacerme mirar al sacerdote que comenzaba a hablar. — Nos reunimos hoy con el corazón conmocionado, pero con la firmeza que nos da la memoria de un hombre excepcional, para despedirnos de Stephen Spinster, un servidor público ejemplar, un líder visionario, un esposo, amigo y gran padre. — Justo con esas palabras siento que mi mano es tomada por Valentia, quien me prometió acompañarme en este momento tan duro y qué está cumpliéndolo.
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Secretos de Poder
RomanceAvril Spinster, es una joven brillante y valiente, que regresa a Estados Unidos después de años en el Reino Unido. Su vida da un giro inesperado cuando se enamora de dos mujeres: la misteriosa profesora de política de las democracias modernas, Charl...
