Capítulo II. ¿Irnos a Madrid?

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20 de abril de 1811

Los años iban pasando y para Francisco todavía pesaba los hechos ocurridos en Zaragoza por el ejército de Napoleón entre 1808 y 1809 donde combatían contra los leales a la dinastía Borbón, sin embargo, Francisco ve con lástima como actualmente siguen mandando en su país los Bonaparte mientras el rey Fernando VII sigue detenido por ellos, no ve la hora de que España vuelva a ser libre y su rey vuelva al trono, pero por ahora debe pensar en su familia, sobre todo su hija y esposa, su pequeña Tamara que ya en diciembre tendrá cinco años y aunque Francisco trata de mantenerla en una burbuja, muchas veces esa pequeña burbuja se acerca a la realidad y él teme que todo esto le afecte.

En cuanto a Lucía, quien trabaja junto a su esposo en la panadería, cada vez más le preocupa que ya no alcanza las ventas y menos las cosas en el hogar, ella sabe que todo esto le estresa a Francisco y las veces que han podido hablarlo, ambos se ven muy afectados, lo menos que desean es que su pequeña sufra por circunstancias que se salen de sus manos, los franceses persisten en la guerra, todavía recuerda los hechos de Zaragoza como si hubiese ocurrido ayer, es algo que los hace caer en cuenta que tal vez sea hora de irse a Madrid, lo han contemplado pero por la familia no se han decidido.

- ¿Se puede? – preguntan y Lucía se gira –
- ¡Javierito! – chilla la rubia y se acerca a su hermano mayor –
- Que bonito verte, que te he echado de menos – confiesa el castaño y la rubia sonríe –
- Y yo a ti guapo – responde Lucía mientas se separan – ¿Qué te ha traído por aquí? – pregunta emocionada –
- ¿Paco está? – pegunta Javier y su hermana niega –
- En casa dándole clases a Tamara – responde Lucía y su hermano asiente –
- Voy a hablar con él, pero luego vengo para que merendemos y conversemos, les diré a nuestros padres y hermana – avisa Javier mientras se marcha y Lucía se ríe mientras niega –

Las cosas en Zaragoza tal vez no son las mejores, pero nada le da más paz a Francisco que poder enseñarle a su pequeña, ver como frunce el ceño cuando algo no le va bien o como ahora que mueve sus piernas de manera frenética porque lo hizo bien y aplaude feliz, son estos momentos que sabe que se llevará con él para siempre, por ello su familia siempre será primero.

- Espera aquí mi niña – pide Francisco después de escuchar la puerta principal –
- Tío pero que bueno verte – chilla Javier –
- ¡Tío! – chilla Tamara al escuchar la voz de su tío Javier –
- Mi bebé, pero tú si estáis grande, hostia – dice un Javier asombrado – y pesada – ambos se ríen mientras el mayor de los Montes entra a casa –
- Ya tengo cuatro años tío y mamá dice que soy una niña grande – responde Tamara muy orgullosa y Javier mira asombrado a Francisco –
- Pero ve Paquito una niña grande – dice Javier sonriente y Francisco se ríe –

Tamara mueve sus piernas de un lado a otro lo que hace que Javier la baje, Francisco le pide a la pequeña que se ponga a dibujar y la castaña le hace caso para entonces irse a la pequeña mesa donde se sienta en la silla frente a esta y agarra unos creyones para así ponerse a dibujar como cada vez que Paco o Lucía tienen alguna visita, es de esa forma que Tamara se desentiende del mundo y ambos padres se sienten tranquilos, Paco voltea a ver a su cuñado y el mayor le hace una seña para que lo siga.

Ambos caminan hasta la sala donde se sientan en dos sillones frente a frente, pero con algo de distancia y Javier comienza a contarle el porqué de su visita repentina, Javier es parte del equipo contable del Banco Nacional de San Carlos, el mayor de los Montes estudió al igual que Francisco en un colegio católico en Zaragoza donde aparte de aprender sobre ser curas, les enseñaron sobre la lengua, la historia, matemáticas y más. En cuanto a Francisco y Javier, fueron unos de los que decidieron los números más que ser cura o algún poeta.

Eternas. Chapter II Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora