Capítulo XII. Te quiero Miller

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Todo podía ser diferente y Elibeth lo sabe, pero las ansias de poder fueron más grande que el mismo Felipe o tal vez no, tal vez esto era lo que siempre quiso Felipe, ser rey y acabar con muchas cosas en España, pero lo que nunca se imaginó el pelinegro es que todos tenemos quien nos defienda, unos más poderosos que otros, que así como Elibeth haría todo por su familia y alguna vez incluso por Felipe, también hay hombres y mujeres en España que tienen a alguien muy fuerte y poderoso protegiéndolos, como ahora aquel hombre que tal vez ya Felipe asesinó y que Madeleine quiere vengar, su mirada lo dice, su dolor lo dice y Elibeth lo lamenta tanto.

Por primera vez en mucho tiempo, Elibeth siente tristeza por alguien fuera de su familia, todavía recuerda cuando murió Verónica y desde entonces no recuerda sentirse igual, hasta hoy y mientras van en caballo puede admirar a la castaña que también va a su lado, sonríe de lado y vuelve la mirada al frente, Elibeth odia estar en esta situación, pero tal vez es lo mejor para todos.

Para España.

Para Victoria.

Para ella.

Elibeth baja la velocidad cuando está cerca de los calabozos, pero no los comunes, sino de las personas a las que van en contra de la monarquía, está un poco lejos del Palacio real, pero el significado es el mismo, solo los guardias reales y la realeza pueden entrar para torturar a los detenidos, Elibeth detiene su caballo y Madeleine hace lo mismo, ambas mujeres se bajan y la castaña se acerca a la rubia, Elibeth siente pánico de que todo salga mal para Madeleine, pero también sabe que la defendería contra quien sea, incluso si es contra Felipe Castro.

- Vamos – ordena Elibeth y Madeleine frunce el ceño, más no dice nada –
- Ni se te ocurra meterte en mi mente – avisa Madeleine y Elibeth se ríe –

Pocas personas saben las verdaderas habilidades de Elibeth y que una de ellas es entrar a las mentes de otros, provocarles dolor y así poder jugar a su favor, Madeleine sí lo sabe y temé a que Elibeth vaya a favor del rey por ser su esposo. La rubia niega al escuchar sus pensamientos y toma su mano para detenerla, la voltea y quedan cara a cara, Elibeth admira a la castaña que una vez la hizo feliz y delinea su rostro.

- Jamás pondría a otros delante de ti, al menos que sea mi familia o mi gran amor – responde Elibeth –
- ¿Ya reencarnó? – pregunta Madeleine y la rubia sonríe anchamente –
- Y también sabe que soy reina – responde y Madeleine se ríe –
- Vamos por mi marido – pide la castaña y Elibeth asiente –

Ambas mujeres entran a los calabozos y Elibeth entra la mente de los guardias reales para entonces dormirlos, así mismo no pueden verlas. Fue efectivo y Elibeth se siente orgullosa que todavía pueda manejar a los humanos a su antojo, Madeleine sigue a la rubia hasta que sienten la presencia imponente de Felipe, Elibeth se detiene de golpe y puede escuchar dos voces, la de Felipe y la del Barón Franco, se queda escuchando la conversación.

- Mi esposa es muy astuta Franco – confiesa Felipe sin un ápice de sentimiento en la voz –
- Quiero a Adeline para mí así me toque acabar con mi hermana – responde cabreado Franco y Elibeth se tensa –
- Hay alguien más, cállate – susurra Felipe y Elibeth detiene a Madeleine –
- Pero mi querido esposo si sabe – comenta Elibeth asustando a Franco, quien se pone pálido al verla –
- ¿Qué hacéis aquí? – pregunta Felipe cabreado –
- Así que es él – susurra Elibeth mirando al gitano frente a ella –

Madeleine al escucharla, sale de la oscuridad para cerciorarse de que estaba hablando de Kavi y efectivamente lo era, Felipe se pone a la defensiva al ver a aquella mujer, Franco se queda paralizado y no sabe las razones, en cambio Elibeth le da un paso a la castaña para que se acerque a su marido. La castaña con lentitud se acerca a quien se encuentra en el suelo con una espada atravesándole el pecho, arranca la espada y entre sus brazos sostiene al hombre de su vida.

Eternas. Chapter II Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora