14 de junio de 1829
- No sé qué regalarle a mi madre – confiesa Tamara mientras camina con Sofía el centro de la ciudad –
- Lo tiene todo, hazle un pastel – responde Sofía y Tamara hace un gesto de disgusto –
El mes de mayo había pasado con algo de rapidez y Tamara después de lo ocurrido duró al menos dos semanas paranoica, Elibeth estuvo con ella allí y no la dejaba sola, a excepción cuando sentía la presencia del padre de la castaña, si fuese por la rubia se la llevaría a vivir con ella, pero sabe cómo es todo con la sociedad y ni siquiera ha tenido la oportunidad de pedirle noviazgo, como para robársela de su casa.
Tamara ahora siente que puede salir sola, sin necesidad de llegar tarde a su casa, excepto cuando esta con Elibeth. En cuanto, a Sofía con los días ha mejorado, ya va entendiendo que la vida debe seguir y que de amor solo murieron Romeo y Julieta, del resto, el mundo sigue girando y Sofía debe seguir adelante. Ya llegara su gran amor. El hombre que la elija a ella sobre todas las cosas. La persona que la amé con intensidad.
Ya llegará.
- Creo que un vestido está bien – dice Tamara –
- No sería tan malo – responde Sofía –
Sofía se da la vuelta y choca con alguien, se queja y Tamara sonríe burlona, no porque su amiga se haya caído, sino porque se tropieza otra vez con él, la castaña se da cuenta de con quien tropezó y el joven muy caballeroso toma su mano para ponerse de pie, sonríe de forma gentil, reconociendo a la joven que tiene frente a él. Todavía recuerda cuando el rey le exigió alejarse, pero que linda es la vida cuando le pone enfrente de nuevo a aquella joven que lo cautivó, admira sus ojos grandes y oscuros, sus largas pestañas, sus cejas, su rostro bien cuidado, su cabello castaño y su sonrisa. Él sabe que podría nacer, vivir y morir gracias a esa sonrisa.
- Disculpadme por no verla bella dama – confiesa Fausto y se inclina para luego erguirse –
- Fue culpa de ambos – responde la castaña y Fausto asiente –
- ¿Puedo invitarla por algo? En forma de disculpas – invita Fausto y Sofía mira a Tamara –
- Vayan, yo voy a hacer algo – responde la ojos verdes – ¿me la cuidáis? – apunta Tamara a Fausto mientras le pregunta –
- Es raro que como Marqués ser apuntado, pero vale, claro que la cuido – responde y Tamara se sonroja mientras que Sofia se ríe. Y Fausto admira a Sofía, puede declarar su risa como la más bonita melodía –
- Hasta luego señor Marqués, nos vemos colega – se despide Tamara y abraza a Sofía –
Sofía se despide de su colega y al alejarse la ve marcharse, sonríe al ver el camino que su amiga toma y ya reduce hacia dónde va, mientras tanto Sofía se voltea y se topa con la mirada del que ahora sabe es un Marqués, se quiso alejar de la realeza, pero mientras más lo intenta, más se acercan a ella. Fausto ofrece su brazo y la castaña enreda su brazo al del guapo Marqués, comienzan a caminar hacia la cafetería y en el camino empiezan a conocerse, Fausto quería correr el riesgo de conocerla, total Ricardo se va a casar con su prima, no puede hacer nada y a él le llama la atención Sofía. Agradece no ser el rey y poder conocerla, tal vez conquistarla y por fin encontrar a la persona indicada. Tal vez sea Sofía.
…
Mientras tanto Elibeth se encuentra en la parte trasera de su casa y va arreglando un poco el pequeño jardín, quisiera tener a alguien que la ayude, pero es decisión propia no contratar a nadie para poder sentirse parte de su propia casa, limpiar, cocinar, arreglar, etcétera y le ayuda, en el Palacio no se sentía parte de ellos, tampoco lo era, sin embargo, en su pequeño hogar, en su zona de confort, Elibeth se siente como si estuviese en Fen Ditton o incluso en Jutlandia. Le gusta estar así.
Tocan la puerta y voltea la cara al escucharla, inhala el perfume que la invade cuando una ola de viento choca con ella, sonríe y se irgue, se quita el mandil y se arregla el vestido, entra a casa emocionada y se ve al espejo de la sala, arregla su cabello, mira su rostro y sonríe, finalmente se voltea y se acerca a la puerta, cuando abre se encuentra con una reluciente castaña, Tamara sonríe al verla y se gira para ver a todos lados, al ver que no hay nadie nuevamente se voltea y toma de las mejillas a Elibeth, termina con el pequeño espacio entre ambas y la besa. Con pasión. Con amor. Con todo lo que le causa Elibeth a la castaña.
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Eternas. Chapter II
ParanormalTal vez en esta vida no estamos hechas la una para la otra, pero espérame en la próxima - Ross Stanley. Continuación de Eternas ✨️
