Capítulo XIX. Te quiero Tam

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29 de abril de 1829

Todo en España iba en una calma palpable, el rey había regresado a sus labores, pero el parlamento todavía se quejaba de que el mismo no se haya casado aún, Ricardo siente esa presión, sabe que debe hacerlo pronto y no solo eso, los hijos, un heredero al trono, el problema es que no puede ser cualquier persona, ni menos cualquier apellido. Debe ser con una Borbón, menos que eso nada. La dinastía Borbón debe mantener la monarquía española, sin pretexto alguno.

- ¡Los odio! – grita Ricardo después de que se fueron todos los hombres del Parlamento, los cuatro principales para ser exactos –
- ¿Qué te dijeron? – pregunta Francisco sereno –
- Casarme con Aura Borbón, según ellos, es joven, puede ser madre y el bebé mantendría el apellido Borbón – responde Ricardo y por su cabeza pasa Sofía – no quiero papá – susurra el rubio cabreado –
- Ven aquí hijo – susurra Francisco y lo abraza – es la corona hijo, y lo primero es la corona – susurra nuevamente el castaño –
- Tu padre tiene razón – comenta Victoria – Fernando VII siempre enseñó algo, la corona antes que la familia. La corona y el honor antes de lo que sea – dice Victoria seria y Ricardo se aleja de su padre para mirarla con severidad –
- Entonces – susurra el rubio con aquellos ojos azules más inexpresivos que nunca – ¿debo casarme con Aura? – pregunta Ricardo tenso –
- Tienes que casarte con Borbón – responde Victoria – aunque ames a alguien más, lo lamento hijo – confiesa con sinceridad y Ricardo asiente –

El rubio no dice nada, solo se voltea y se marcha, hace menos de dos semanas que había comenzado a conquistar a Sofía Burgos, hacerle dos veces lo mismo es ruin, es de poco hombre y lo único que pasaba por su cabeza era cuando Sofía se enterase de su futuro matrimonio, lo odiará. Ricardo no tiene dudas de ello y le duele, el rubio sale corriendo por el bosque y a mitad de camino se transforma en lobo, aúlla dolido, aúlla cabreado. Al llegar a la punta de la montaña se detiene y se queda admirando parte de Madrid, vuelve a aullar y se queda inmóvil, solo respirando aquel aire, permitiendo que lo abrace y buscando de qué manera seguir con todo esto, no quiere y tampoco puede, no quiere casarse con alguien más que no sea Sofía Burgos, pero las palabras de su madre llegan a su cabeza y es cierto, su abuelo siempre lo dijo…la corona es primero.

En la casa Luca, todo iba raro y Lucía lo podía observar, es como si Francisco estuviese distante, siempre está ido, pensativo, pero jamás tiene nada según él cuando Lucía le pregunta, está raro y la rubia necesita saber qué ocurre. En cuanto a Tamara, por el día se ve con Elibeth y por las noches la misma rubia la lleva a casa, a veces Tamara le preocupa que a Elibeth le suceda algo, pero la rubia siempre se encarga de que se sienta segura.

Con Elibeth, todo va de maravilla. Después de aquel beso, todo se ha ido dando, después de esa confesión, la relación se encuentra más consolidada, dentro de la casa de Elibeth son más libres, aunque no puedan decir lo mismo en la calle, a veces son distantes y otras veces a duras penas conversan, sin embargo, al estar entre esas cuatro paredes todo fluye de una manera impensable. Están enamoradas, cualquiera puede verlo, sobre todo ellas dos. No obstante, aún no son nada oficial, Elibeth no ve el momento indicado y Tamara temé ir muy rápido, apenas hace un mes que ambas tuvieron su primer beso. La confesión. No quiere arruinarlo así.

- ¿Helados? – pregunta Sofía –
- Me parece excelente, así nos sigues contando todo – responde Tamara –
- Bueno nada, ahora me envía flores, chocolates, detalles para conquistarme y cartas, muchas cartas con poemas – responde Sofía enamorada –
- Esta bien, es caballeroso – comenta Pol y asienten –
- Me cae bien – responde Tamara sonriente mientras pasa su brazo por los hombros de Sofía para atraerla a ella –
- Me gusta, pero tengo miedo – susurra la castaña –

Eternas. Chapter II Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora