10 de abril de 1829
El mundo podía estar acabándose y francamente eso parecía afuera, pues, la lluvia torrencial no paraba, Elibeth agradecía que no fuera gracias a ella, sino que abril es de los meses donde más llueve en España, pero lo que más agradece Elibeth es poder estar encerrada en su casa junto a Tamara. La castaña la habría ido a visitar en plena tarde sin percatarse de la lluvia torrencial que se acercaba.
- Mis padres seguro están preocupados - susurra la castaña -
- Yo te acompaño - dice Elibeth mientras se sienta al lado de Tamara -
- No creo que - trata de comentar Tamara más Elibeth toma sus mejillas y la voltea para que la mire -
- Tranquila ¿vale? Yo te acompaño - susurra Elibeth segura y Tamara asiente atontada -
Tamara no sabe decirle que no a Elibeth y no porque la rubia la hipnotice o algo, sino porque Tamara está tan enamorada de ella, que fácilmente le pide que se escapen y acepta, pero actualmente está aterrada de confesarse ante la rubia. En cambio, Elibeth se encuentra embelesada ante la belleza que tiene frente a ella y la mente se le nubla, delinea con el pulgar los labios de Tamara, con tanta sutileza que parece mentira. Acaricia sus mejillas y la castaña cierra los ojos, Elibeth puede oír como el corazón de Tamara comienza a latir apresurado, puede sentir su piel erizarse y es cuando Tamara cierra los ojos que Elibeth entiende lo que debe hacer. Lo que ha soñado hacer por años. Lo que ha soñado hacer desde que la conoció.
La besó.
Un beso suave, un beso delicado, como de los que no da desde la última vez que besó a su amor. A su Ross Stanley. Un jadeo leve sale de la boca de Tamara y con lentitud comienza a acostarla en el sofá, sus lenguas batallan, sus labios se mueven en un compás y el corazón de Tamara se quiere salir de su pecho. Lo único que Elibeth odia ahora mismo es no poder sentir su corazón igual. Lentamente se van alejando y Tamara suspira, Elibeth sonríe suavemente. Ambas abren los ojos y se quedan mirando mutuamente.
- Me gustáis tanto - se confiesa finalmente Elibeth, sintiendo una tranquilidad al hacerlo -
- Que miedo tenía de decirte que estoy enamorada de ti y que me rechacéis - susurra Tamara y Elibeth se ríe, Tamara ama esa melodía -
- No podría rechazarte jamás - susurra la rubia mientras delinea el rostro de la más joven -
- No sé porque al verte, siento que te conozco de otra vida - Elibeth observa con cautela a Tamara y piensa sus próximas palabras -
- Tal vez porque nos vimos en la otra vida - responde la rubia y sonríe anchamente -
- Espero que te haya amado mucho - susurra Tamara y Elibeth siente un nudo en la garganta -
- Yo también - susurra y entonces vuelven a unir sus labios -
La otra vida. Elibeth no sabe cómo ha podido vivir tanto sin ella, sin su amor, sin su Ross que ahora es su Tamara. Otra vida, está segura que está feliz con esta nueva vida, sin un Luke vengativo, sin la muerte de su madre, sin dolor y con muchas ganas de luchar por su amor, Elibeth siente que ya es justo, no importa si son dos, tres o cuatro décadas, pero necesita esto, necesita estar a su lado, amarla, vivirlo, tantos años soñando esto y ahora que lo tiene, no piensa soltarlo, no quiere soltarlo, un gemido sale de la boca de Elibeth y eso hace que aumenten las ganas entre ambas, pero Elibeth sabe que no es el momento, se aleja con sutileza y sonríe mientras pega su frente a la de Tamara, sus miradas se conectan y ambas sonríen. Se prometen tanto en silencio. Tanto cariño. Tanto amor. Tanto que no saben por dónde comenzar. Elibeth abraza a Tamara y se quedan acostadas en el sofá mientras pasa la lluvia, mientras el corazón de la castaña se calma, mientras Elibeth ordena sus ideas y pensamientos. Mientras ambas se sienten en las mismísimas nubes, un sueño, este momento es un sueño que ambas querían desde hace tiempo, una más que la otra, pero ambas al fin.
...
- ¿Mamá? - pregunta Ricardo angustiado - ¿¡Mamá?! - grita y Victoria reacciona -
- ¿Qué? - pregunta seca y Ricardo la observa serio -
- ¿Visiones? - pregunta y Victoria se pone de pie -
Se acerca a su pequeño y observa como ya creció, como es tan alto como ella, corpulento, más serio, un lobo, su olor le repugna, pero lo acepta solo porque lo ama y porque es su hijo, es por eso que pocas veces Augusto el entrenador de Ricardo, entra al palacio, el olor simplemente no lo puede pasar, le repugna, lo odia, jamás se imaginó odiando tanto algo como ese olor, claro nunca se imaginó que fuese real aquellas historias de los licántropos. Cierto es vampiro, nada es más imaginario que eso y ella lo es, sin embargo, persiste en que ese olor lo odia, no puede hacer nada más.
- ¡No! - responde seca y tajante -
- No te creo - dice Ricardo y se voltea cuando escucha a su padre -
Minutos después aparece en el salón, Victoria se adelanta y se acerca a su marido para abrazarlo, Ricardo mira unos segundos a su madre con cautela, más amorosa de lo normal con su padre, claro que le pasa algo y eso es con su tía Elibeth, no tiene dudas. Todavía recuerda cuando su tío le confesó el amorío entre su madre y su tía, tenía 15 años y no podía asimilar tan dura noticia. Victoria puede escuchar los pensamientos de su hijo y voltea a verlo enseguida, sus miradas conectan y ambos lo saben. Ricardo que ella escuchó sus pensamientos. Victoria que su hijo sabe la verdad de su amorío.
- ¿Qué les parece si cenamos juntos? La lluvia afuera esta horrible - pregunta Francisco y ambos voltean a verlo -
- Nos parece genial - responde Victoria -
- No hay más - responde Ricardo sincero -
Francisco puede notar la tensión que hay en el salón, mira tanto a su hijo como a su esposa y quiere preguntar, más el mayordomo Mario detiene a Francisco, pues, aparece en el salón para avisar que la cena esta lista. Victoria pide que la sirvan y Ricardo se da la vuelta para ser el primero en salir e ir al comedor, Francisco va a preguntar, pero Victoria agarra su mano y tira de él para entonces salir del salón e ir también al comedor, al llegar una larga mesa los espera, aunque sean sólo tres, ahora más que nunca tiene mucha comida, de todo tipo y de todo nombre, mientras tanto Victoria bebe de su copa de sangre y Francisco se sorprende que su hijo coma tanto. A Victoria le parece increíble lo ingenuo que es su esposo una gran parte de las veces, la pelinegra niega y sigue bebiendo de su copa, Ricardo come con delicadeza y así va pasando la cena en el palacio.
...
- En su casa, bella princesa - susurra Elibeth y Tamara se ríe - gracias Tam por este día - agradece más seria -
- Amo que me digas así - susurra la castaña y Elibeth sonríe -
- No me dices eso cuando te lo digo yo - dicen a su espalda y la más joven grita asustada mientras se voltea -
Elibeth sonríe burlona y Lucía puede darse cuenta de dos cosas. Uno, es realmente guapa la ex reina consorte y dos, no tiene miedo y eso le gusta, significa que puede enfrentar al mundo por su hija y eso es lo único que pide Lucía. Elibeth sonríe con suavidad después de escuchar los pensamientos de la rubia que tiene gran parecido con Tamara. Tamara se queja por el susto y Lucía se acerca para quedar frente a Elibeth, la observa en silencio y ese misterio le da mucha curiosidad a Elibeth.
- Un placer, Lucía de Luca Montes - la rubia extiende su mano y Elibeth la estrecha -
- Elibeth Miller, un gusto - dice con suavidad, le sorprende que no la trate como reina -
- Las dejo que se despidan, tu padre está por llegar - comenta lucía y Tamara asiente -
Elibeth regresa la mirada a Tamara y quisiera decirle tantas cosas, pero sabe que todo es a su tiempo. Como su primer beso. Como su confesión. Como volver a verla. Como todo en la vida, todo a su tiempo. Elibeth abraza a Tamara y trata de evitar asfixiarla, unos minutos después se alejan y Elibeth le deja un beso en la frente, se despiden en silencio con solo un par de miradas. Tamara entra a casa y Elibeth se marcha. Esa noche la rubia fue feliz, tan feliz que no se percata que alguien las vio, que aún con los sentidos aumentados no percata otra presencia, ella solo está siendo todo lo feliz que no pudo ser desde que perdió a Ross y esta vez no le importa nada, luchará por Tamara contra quien sea, contra el mundo entero, pero será feliz a su lado y es lo único seguro que tiene. Elibeth es feliz, muy feliz.
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Eternas. Chapter II
ParanormalTal vez en esta vida no estamos hechas la una para la otra, pero espérame en la próxima - Ross Stanley. Continuación de Eternas ✨️
