Capítulo V. Dios le dé poca vida al rey

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“Queridos, padres…

Espero que ambos estéis muy bien, quiero decirles que Adeline estará unos días aquí en España conmigo y estoy muy contenta, aunque no sé porque les digo esto si seguro padre ya lo vio, igualmente quiero decirles que los echo mucho de menos y no veo la hora de volver a verlos, tal vez le diga a Felipe que pasemos unos días por Italia para poder visitarlos, ahora hablo más el idioma castellano, sé que Basil y mi madre se reirían mucho de mi acento, porque suena extraño pero con los años he podido acostumbrarme a ello, espero que sigan siendo muy felices y quiero decirles que os amo mucho.

                                  Con mucho amor; Elibeth D. Miller.”

Con el tiempo Elibeth aprendió a usar un poco más su segundo nombre, sobre todo porque le gustaba como sonaba desde los labios de Victoria. Puede que no la ame como amó a Ross y como seguro amará a quien sea su segunda vida, pero sí la quiere mucho y hay muchas cosas de ella que le fascina, entre ella su voz ronca y exigente, también como aquellos ojos verde la miran más allá de con deseo, con cariño y sin explicar a la hora del sexo donde compaginan tan bien.

En cuanto a Felipe, pocas veces usa sus dos nombres, de hecho, es solo cuando esta cabreado y ya eso lo conoce muy bien Elibeth, son momentos que desea no pensar ni recordar, porque odia profundamente el hombre al que se convierte Felipe cuando esta cabreado, pero lo que más odia la rubia es que siempre intenta pagarla con ella y lo que el pelinegro no termina de aceptar son dos cosas. La primera, Elibeth no es mujer de dejarse dominar por nadie y menos por un hombre y la segunda, pero más importante, Elibeth jamás permitirá algún abuso de otros, porque la última vez que alguien lo intentó, todo terminó muy mal. Elibeth sabe que no todo es perfecto con Felipe, sin embargo, lo aprecia y quiere mucho, lo ve como el amigo que perdió aquella tarde del año 1811… su primo Luke.

- ¿Puedo? – preguntan y Elibeth sólo murmura –
- Dime Felipe – responde la rubia aun mirando la carta que le enviará a sus padres –
- Quiero completar el plan antes de fin de año – afirma Felipe y la rubia con cautela se da la vuelta –

Trata de enfocarse en cada palabra que su marido acaba de decir, y es que desde hace un tiempo Felipe lleva planeando la caída del rey, como muchos españoles ya se siente cansado del mismo fanfarrón, egocéntrico y malhumorado de Fernando VII, Elibeth arquea una ceja y asiente con lentitud.

- ¿Qué pensáis hacer? ¿Cuándo? – pregunta y Felipe resopla –
- Una emboscada, antes que regresé a América – responde y la rubia asiente –
- ¿Victoria sabe? – Felipe se queda en silencio y Elibeth sabe que dio en el clavo –

La rubia no sabe porque escondérselo a Victoria, si tiene el poder de las visiones y es capaz que ya lo vio hace rato, además Fernando no es su persona favorita en el mundo por muchas situaciones, entre ellas el acorralarla a casarse cuando claramente no lo deseaba, también el tener que obligarla a esconder sus verdaderos gustos, sin olvidar el haberla convertido en vampiro y por ultimo su madre, hasta la actualidad Victoria Isabel culpa al rey de la muerte de la reina consorte, Eugenia de Castro. Por todas esas situaciones Victoria estaría feliz de que acaben con el rey, de eso Elibeth no tiene dudas, nadie más sabe los secretos de la pelinegra y que entre ellos está la alegría de ver morir al vampiro más longevo de la familia y actualmente rey de España.

- Deberías de decirle, estoy segura que no se va a cabrear – avisa Elibeth y Felipe asiente –
- ¿Desayunamos? – pregunta el pelinegro cambiando el tema y Elibeth asiente –
- Necesito que le aviséis a Mario que escribí una carta para que la manden a Italia – avisa Elibeth y Felipe asiente –
- Vale, le diré – avisa y ambos salen de sus aposentos –

Eternas. Chapter II Donde viven las historias. Descúbrelo ahora