Capítulo XX. ¿Elibeth?

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Ricardo todavía recuerda como acabó con el cazador que primero asesinó Elibeth, por las noches tenía pesadillas y por el día vivía paranoico, sin embargo, con los días comenzaba a calmar esos traumas, Augusto le explicó que es normal y aunque ahora entrena desde lo espiritual, más que lo físico, solo con el pasar de las semanas pudo sentirse mejor, pero no todo es como deseamos, así sea el rey.

La decisión la habría tomado el parlamento, la fecha ya estaba y Ricardo no tenía de otra. Toda España se habría enterado de su futura boda. Toda Madrid lo supo. Sofía lo supo. Esa tarde Sofía se sintió morir, sintió que no podía vivir dos veces un mal de amor con la misma persona, pero sí, lo estaba viviendo y no hay día que Sofía no lloré, no se encierre en su habitación y no sienta que nada vale. Está enamorada de Ricardo, sólo se veía a su lado y también tenía la pequeña esperanza que él sintiera lo mismo, le creía en sus cartas. Le creía todo a Ricardo, pero ya no.

- Hey - susurra Tamara entrando a la habitación de Sofía - Pol te mandó saludos, vino solo por tres días - comenta la castaña y Sofía sigue dándole la espalda - no puedes seguir así - susurra Tamara y esas palabras le cabrean a la castaña -
- ¿Cómo te sentirías si fuera Elibeth? - pregunta a la defensiva -

Pero Tamara se queda en silencio, Sofía finalmente se da la vuelta y puede ver a su colega a la cara, en ese momento los ojos grandes de Sofía miran a Tamara apenada, no quería ser grosera y menos con la única persona que cada día se preocupaba por su bienestar, Sofía puede sentirse mal, pero agradece tener a Tamara a su lado. Lo agradece mucho, así que con cautela se acerca a la ojos verdes y la abraza, Tamara reacciona y rodea los costados de su colega, apoya su rostro en el hombro de esta y se quedan unos minutos así. Abrazadas, en un silencio reconfortante.

Cada quien en su mundo.

...

Ricardo vive cabreado con el parlamento, con la corona, con la monarquía, con sus asqueantes reglas, con el hecho de ser adoptado como Castro, con el mundo, con él. Victoria puede verlo y le duele, le duele más su hijo que cualquier cosa en el mundo, pero aceptó ser el rey y como tal debe proteger a la corona. A España. A todos. Victoria escucha unos pasos y se voltea para ver a Francisco llegar, ambos sonríen y la pelinegra se acerca para abrazarlo, Francisco por un segundo se asombra, pero lo toma y rodea las caderas de su esposa para mantenerse abrazados.

- Buenas tardes - dice una voz ronca y burlona, Victoria no necesita verla, reconoce su perfume -
- Elibeth - chilla Francisco mientras se aleja de Victoria y se voltea -
- Cuñada - saluda Victoria y la rubia asiente -
- ¿Ricardo? - pregunta Elibeth restándole importancia a la pareja -
- Biblioteca - responde Victoria y Elibeth asiente, la pelinegra toma el brazo de la rubia y la detiene cuando pasa por un lado de ella - está muy cabreado, no le saquéis el licántropo - pide Victoria preocupada -
- Vale - susurra Elibeth y entonces la pelinegra la suelta. La rubia sigue su camino -

Elibeth en todo este tiempo mientras el parlamento decidía por el rey, investigaba sobre los cazadores, no fue fácil pasar desapercibida, ni hacerlo bajo perfil, pero lo logró y lo que encontró no le gustó para nada, primero les escribió una carta a sus padres y ahora está en el Palacio real para conversar con el rey, deben hacer algo y protegerla. Proteger a Victoria. Proteger a Ricardo. Proteger a España. Sigue su camino hacia la biblioteca, esta vez con lentitud, con calma, tratando de organizar sus ideas, su mente para entonces conversar con Ricardo, necesita de su ayuda, la rubia sabe que no está en su mejor momento, pero es urgente hacer algo, Ricardo lo entenderá.

- ¿Puedo? - pregunta Elibeth asomada en la puerta -
- Siempre - responde Ricardo y la rubia entra para cerrar la puerta - ¿Qué necesitáis? - pregunta el rubio más sereno -
- Hablar algo con el rey - responde Elibeth - importante - finaliza y Ricardo asiente algo curioso -

...

Eternas. Chapter II Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora