Capítulo XIV. ¡Viva el rey de España!

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26 de octubre de 1828

El día de la coronación finalmente habría llegado, después de la ceremonia en la iglesia ahora todas las familias de la monarquía española más unos invitados de otras monarquías se encontraban en el balcón. Elibeth todavía recuerda la noche de ayer cuando al dejar en casa a Tamara, le invitó a la coronación, quería reírse por el gesto de desagrado y cansancio que colocó la castaña y hasta se quiso arrepentir, pero quiso intentarlo, la respuesta de Tamara no fue un sí, pero tampoco un no y era eso lo que mantenía esperanzada a Elibeth, como también de buen ánimos, a pesar de que al llegar al Palacio se enteró de la llegada de Adeline, quiso gritarle y abofetearla pero no es una niña y es inevitable que se parezca tanto a ella.
Su familia siempre se lo ha hecho saber.

- ¿Quiere decir unas palabras la reina consorte? - pregunta aquel hombre que hace un mes la estaba coronando como reina -
- Gracias Tobías - responde delicadamente la rubia - en este día tan bonito e iluminado, quiero primero un minuto de silencio para mi difunto marido - pide actuando tristeza y toda Madrid que allí se encuentra se queda en silencio -

Fue en ese minuto de silencio donde la vio, donde sus miradas conectaron, dónde Tamara sonrió con suavidad y Elibeth sintió paz. Fue ese el mejor minuto de silencio.

- Ahora quiero entregarle España al príncipe de Asturias, sé que seréis un excelente rey y daréis lo mejor de ti por España - comenta Elibeth mirando a Ricardo quien está a su lado - por el poder que me confiere haber sido reina consorte te entrego la corona del rey y que tengas en claro, que es necesario que pronto te caséis para que podáis gobernar con total libertad - recuerda Elibeth y los ojos azules de Ricardo se ven preocupados - por ahora la infanta y duquesa de Alba Victoria Isabel de Alcalá Toledo y Osorio Castro, reinará junto a ti - dice Elibeth mientras Ricardo se sienta en el trono y a su lado su madre -

Elibeth le coloca las coronas tanto a Ricardo como a Victoria, se da la vuelta y mira como todos los ciudadanos están a la expectativa de sus palabras, Elibeth sonríe con parsimonia y sabe que debe despedirse de la realeza, ahora es solo "la viuda de..." y sabe que, a partir de ahora, los nuevos reyes son los importantes, no ella, menos siendo inglesa. Elibeth resopla y después de admirar la ciudadanía madrileña que hoy los acompaña, se voltea y mira a toda la monarquía española. Las familias que habían llegado desde hace dos días. Los invitados de su país y también de Italia. Uno de Francia que subjetivamente a nadie le importa. Los Borbón. Los Castro. Y Elibeth se gira de nuevo para ver a la ciudadanía.

- En este día quiero despedirme de vosotros, la ciudadanía que nos apoyan, que nos defienden, que nos resguardan - comienza Elibeth y todos se quedan en silencio - me ha costado mucho pensar en las palabras que debo decirles, las palabras más sinceras que he podido decir y solo llegué a la conclusión de una - se detiene y resopla - Gracias España - suelta y muchos están llorando - con todos los años aquí, aprendí a quererlos, a respetarlos, a apoyarlos, a admirarlos - confiesa y sonríe de lado - después de la muerte de mi marido, decidí marcharme, ahora no seré parte de la monarquía española y tengo la grata seguridad de que mi sobrino, el nuevo rey Ricardo Alfonso Alcalá Toledo y Osorio Castro será un increíble rey para vosotros y por vosotros. ¡Muchas gracias, España! - Finaliza la ahora ex reina consorte y todos comienzan a aplaudir eufóricos -
- ¡Viva el rey de España! - gritan los madrileños y Ricardo se pone de pie para acercarse y poder decir unas palabras -
- Prometo que todo será diferente, que seremos mejores, que todo irá bien y España será todo lo grande que siempre ha sido - promete el nuevo rey y todos aplauden -

Elibeth abraza al nuevo rey y al alejarse, alza la mano y se despide de todos, puede ver a los periodistas vueltos locos, mujeres llorando, hombres emocionados, Madrid está feliz de tener un nuevo rey. Después esta ella, con una mirada indescifrable, Elibeth sonríe y le hace un gesto a Tamara, la rubia espera que la castaña lo haya entendido. Después de un rato, Elibeth entra al Palacio y camina hasta el otro lado del mismo, llega a su aposento donde se encierra y se quita la ropa rápidamente, odia los corsés, pero no puede evitarlos.

Eternas. Chapter II Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora