Felipe sabía dos cosas. Primero, que su padre no era un ratón de laboratorio, para acabarlo debía usar más la razón y segundo, que la única persona más fuerte que él era nada más y nada menos que Elibeth Miller, nadie más y es por ello que no necesitaron de terceros, Felipe a última hora decidió no unir al asunto a su cuñado y menos a su hermana, así que mientras ambos duques estaban en sus labores, Felipe junto a Elibeth estaban por donde pasaría el rey antes de llegar a una reunión que tendría esa mañana.
- ¿Estáis segura que queréis hacer esto? - pregunta una última vez Felipe y Elibeth sonríe de lado -
- ¿Te recuerdo que soy quien asesinó al amor de mi primo? - pregunta cínica - lo menos que me interesa es el petulante del rey - responde sin un rastro de miedo en la cara -
- Por eso te adoro - responde Felipe sonriente -
Ambos sienten la presencia del rey y pueden escuchar las pisadas de su caballo, la rubia le hace una seña a Felipe y este último asiente para marcharse con velocidad, alejarse para que todo parezca que fue culpa de maleantes, enemigos del reinado. A los minutos aparece el rey en caballo y no se sorprende de ver a Elibeth, lo que sí lo sorprende es de verla sola, se detiene y mientras sigue en el caballo la examina, Fernando siempre ha sabido que Elibeth es guapa, es algo innegable, es su piel pálida, su cabello dorado, sus labios carnosos, su mirada seductora, ahora que la ve en un vestido más liviano y simple, puede ver un par de pecas en sus hombros, odia la tentación que es Elibeth, acepta que es imposible que alguien se niegue a ella y sus hijos son las respuesta de ello.
- Efectivamente - responde Elibeth sin mirarlo - Felipe y Victoria jamás se negarían a mí, es más ni siquiera tú - confiesa Elibeth con seguridad y entonces alza la mirada para verlo -
- ¿Lees mi mente? - pregunta el rey con temple y Elibeth sonríe de manera ladina -
- Siempre la he leído, a veces hasta me da miedo lo que escucho - responde y Fernando sonríe de lado -
- Astuta - responde y por fin se baja del caballo -
- No lo llamaría así - responde la rubia mientras ladea la cabeza -
- ¿Entonces? - pregunta -
- Solo es parte de mis habilidades como vampiro, que nunca quisiste conocerme para saberlo, es otra cosa - responde y Fernando VII asiente -
- Tenéis razón - comenta y Elibeth se acerca al rey -
Puede oler su miedo y eso a Elibeth le causa mucho morbo, sonríe mientras que Fernando aparenta tener calma, la verdad es que el ojos verde sabe perfectamente todo lo que ha hecho Elibeth, pudo investigarla cuando Felipe la presentó como su novia, para ese entonces aun conociendo todo lo que hizo, no la tomó como un mal mayor, ni siquiera como una enemiga, no como ahora y Elibeth sonríe anchamente.
- Tu problema fue ese, su majestad - dice Elibeth con pausa - que siempre me viste como algo pequeño - Fernando se impresiona y da un paso atrás -
- Sois algo pequeño, inferior y jamás debí aceptar que entrases en mi familia - responde con repugnancia y eso más que cabrear a Elibeth le causa risa -
- Allí tenéis razón, no debiste, pero ya es tarde - comenta la rubia con cara angelical -
Fernando esta tan absorto en su discusión con Elibeth que no nota una tercera presencia, aquella que acabaría con su vida, aquella que ha esperado durante muchos años por este momento, por el momento de acabar con el culpable de su eternidad, asesinar al que un día vio como héroe y que ahora solo anhela desaparecer, Victoria se detiene detrás del imponente hombre y coloca ambas manos en las sienes de esté, la escena ante los ojos de Elibeth pasa de forma lenta y macabra, la rubia se aleja dos pasos y Fernando la mira asombrado, la rubia sonríe mientras que Victoria acaba con el rey de España, arrancandole la cabeza y por fin asesinando al vampiro eterno, al que todos temían, a Fernando Castro.
Victoria ve el cuerpo caer al suelo mientras que en su mano tiene la cabeza de quien una vez la mordió para convertirla en lo que ahora es, ¿se arrepiente? ¡No! Arrepentido debe estar él que le permitió volver como vampiro y ser ella precisamente su verdugo, Elibeth se acerca a Victoria con calma y le quita la cabeza de Fernando, la lanza al suelo y toma sus mejillas para que la pelinegra regresé a ser quién es, al conectar ambas miradas, Victoria vuelve en sí, aquellos ojos rojos vuelven a ser verdes y sus colmillos vuelven a la normalidad, Elibeth asiente y la abraza, Victoria se aferra a ella como un animal enjaulado que acaba de salir al mundo exterior.
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Eternas. Chapter II
ParanormalTal vez en esta vida no estamos hechas la una para la otra, pero espérame en la próxima - Ross Stanley. Continuación de Eternas ✨️
