Me duele la cabeza y he dormido fatal.
No importa, hoy es domingo y no pienso hacer nada.
Mi móvil vibra, recordándome que es hora de hacer ejercicio. Bueno, quizá me ayude a despejarme.
Me levanto y me pongo unos pantalones cortos de deporte negros y una camiseta básica, también negra. Zapatillas, mis auriculares, y salgo de la habitación.
Estoy llegando al gimnasio de casa cuando me vibra el móvil. Lo saco del bolsillo y veo quién me llama... joder.
– Dime, Pond.
– ¿Dónde está Dunk?
– Es domingo, ¿debería saberlo?
– Joong... Dunk me dejó claro que estaba en algún tipo de relación contigo, así que déjate de tonterías. Me estoy esforzando para no odiarte por quitarme la segunda oportunidad que me da la vida.
– ¿Qué?
– Que ahora mismo te daba un puñetazo para desayunar.
– ¿Dunk te dijo que estaba conmigo?
– ... ¿no es así? Me jode que me mienta, pero si significa que tengo una pequeñísima oportunidad...
– ¡No! Ni lo sueñes, Pond...
Le cuelgo sin dejar que conteste y camino rápidamente hacia la puerta mientras busco el contacto de Dunk en el teléfono.
Cuando empieza a sonar, estoy pasando por el salón y entonces escucho la melodía... es la suya.
Me acerco al sofá, buscando a Dunk y... ¡bingo!, lo encuentro hecho un ovillo, aún en albornoz.
Cuelgo, suspiro y me agarro el puente de la nariz. La frustración no me abandona, pero un sentimiento de alivio me saca una pequeña sonrisa.
Recojo a Dunk del sofá; está tibio... lo llevo a mi habitación y lo instalo en mi cama, bien arropado para que descanse calentito.
Parece un ángel caído del cielo.
Y yo parezco un completo desastre. Y posiblemente sin el "parezco".
Enfadado conmigo mismo, decido ir al gimnasio a descargarlo y pensar tranquilamente mientras él descansa como se merece.
Estoy corriendo y no paro de pensar en la gran metida de pata que he cometido. Joder, si yo fuera Dunk, me marcharía para no volver.
Pero él no se ha marchado... estaba en el sofá, esperándome... está en mi cama... ¿y yo qué demonios hago aquí?
Paro la máquina.
Agarro la toalla para secarme la cara y tomar aire antes de correr hacia él, cuando siento que me abrazan por la espalda.
– Joong...
Dunk...
– ¿Estás bien?
¿Este hombre está preocupado por mí? ¿Y él?
Frunzo el ceño, y el enfado vuelve a mí. Salgo de su abrazo y busco su mirada, encontrando preocupación y tristeza.
– ¿Te tratan como basura y respondes así? ¿Qué tienes en la cabeza, Dunk?
– ... yo...
Genial, Joong, ahora lo haces llorar. Premio para mí.
– No... no es que no me importe cómo me traten... Es solo que tú me importas más.
Dios mío... creo que ahora el que va a llorar soy yo.
Ya no puedo reprimirlo más. Agarro a Dunk de sus mejillas, lo acerco a mí y lo beso mientras con el otro brazo rodeo su cintura para atraerlo.
Está muy caliente. Termino el beso antes de tiempo para fijarme en su estado y veo sus mejillas rosadas y su mirada perdida. Sin pensarlo dos veces, lo levanto como si fuera una novia y lo llevo a la sala de estar. Dunk está muy callado y se agarra fuerte a mi camiseta.
Intento dejarlo en el sofá, pero no quiere soltarme.
– Dunk, creo que tienes fiebre, voy a por un termómetro.
– ... no quiero estar solo... por favor.
– ... está bien. Ven.
Lo abrazo de nuevo y le hago rodearme con sus piernas y brazos mientras su cabeza descansa en mi hombro. Una de mis manos lo sujeta de la cadera y con la otra rebusco en el cajón hasta dar con el termómetro.
Finalmente lo encuentro y, sin soltar a Dunk, me siento en la cama para tomarle la temperatura.
– 39,4º... Dunk, tienes mucha fiebre.
– ... estoy bien...
Claro que no. Saco mi móvil del bolsillo y busco el número de mi doctor.
La mano caliente de Dunk intenta detenerme, pero está tan débil que solo me acaricia.
– ... en serio, Joong, solo necesito abrigarme y descansar... por favor...
En ese momento me doy cuenta de que sigue en albornoz.
Soy una persona horrible.
– Dunk, vamos al baño y te voy a dar un baño para bajarte la fiebre. No te va a gustar, pero te prometo que luego te sentirás mejor.
– ... ¿juntos?
– Juntos.
– ... vale.
No lo suelto. Con Dunk en brazos, entramos en la ducha y lo desvisto. Yo me quedo con la ropa puesta, no me importa mi estado; solo importa Dunk ahora mismo.
Abrazados, dejo que el agua caiga sobre nosotros. No está fría, solo tibia, pero el contraste con la piel de Dunk sé que le incomoda, así que dejarlo no es una opción.
Cuando creo que es suficiente, cierro el grifo y lo envuelvo en toallas secas. Lo dejo un momento sentado en la encimera del lavabo mientras me quito la ropa y me pongo una toalla.
Vuelvo a por Dunk, y él inmediatamente alza los brazos, buscándome como un bebé que quiere que lo carguen.
De vuelta en la habitación, lo visto con ropa calentita, me cambio y nos meto en la cama para que descanse en mi pecho.
No hablamos. Solo lo cuido en silencio.
Cuando escucho los suaves ronquidos de Dunk, busco de nuevo el termómetro. Sonrío al ver que le ha bajado la fiebre; ahora solo tiene febrícula.
– Lo siento...
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El Presidente
Fiksi PenggemarSoy el maldito presidente de una de las empresas más importantes de la ciudad. Uno de los hombres más guapos y arrogantes que puedas conocer, jajaja... pero caerás a mis pies, por más idiota que sea. Si te digo que beses mis zapatos, lo harás. Punto...
