Secretos

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—¿Y bien? ¿Tienes algo o solo teorías?

—Tengo algo... pero, Joong, esto es más complicado que un simple engaño...

—Cuéntamelo.

—El padre de Phuwin y Dunk era la mano derecha de tu abuelo. Algo pasó cuando la madre de Phuwin y Dunk enfermó; tu abuelo lo despidió, y no pudieron pagarle el tratamiento. Demandaron a la empresa, pero no consiguieron nada porque tu abuelo sobornaba a los jueces. Finalmente, la madre falleció, él terminó con problemas psicológicos y los dos hermanos fueron a un centro de protección al menor.

—¿Estás de broma?

—No. Está documentado.

—Y por eso quieren hundir la empresa que fundó el abuelo...

—Eso parece.

—¿Crees que podrías acercarte a Phuwin?

—¿Para qué?

—Llevártelo. Quiero a Dunk para mí. Me da igual toda esta mierda. Le quitaré la idea de hundir nada.

—¿Lo quieres para ti? Primo, si no te conociera...

—...

—Estás jodido, jajaja... De acuerdo. Dame un par de semanas.

—Bien.

—¿Crees que tu padre puede saber algo?

—No lo sé, pero pienso preguntarle.

—Bien, mantenme informado.

—Lo mismo digo.

Nos damos un apretón de manos y decido no aplazarlo más. Voy a casa de mis padres en busca de respuestas.

—Hola, cariño.

—Hola, mamá. ¿Dónde está papá?

—En su despacho. ¿Pasa algo?

—No, solo quiero confirmar unos datos de la empresa con él.

—Muy bien, no te vayas sin despedirte de mí.

—Jamás.

Voy al despacho de papá. Está sentado en su escritorio. Me acerco y doy un toquecito en la mesa, como si llamara a la puerta.

—Hola, papá.

—Hola.

—Tengo algo que preguntarte.

Papá me mira desconcertado; no es común que tengamos conversaciones de ningún tipo. Siempre ha sido hermético, poco cariñoso y muy recto.

—¿Te suena el apellido Boonprasert?

No hace falta que conteste. Sus ojos ya lo hacen.

—Cuéntamelo todo, papá. Es importante.

—¿Por qué?

—Tengo un asunto entre manos y me han llegado rumores. Quiero información de primera mano, y el abuelo no está, pero tú sí.

—... ¿Qué sabes?

—Que el abuelo no fue muy considerado con la situación de esa familia y que lo pasaron mal.

—No, no lo fue. El abuelo... no se preocupaba por nada más que por su empresa y su futuro.

—...

Sabía que la relación de papá con el abuelo no era la mejor, pero jamás escuché una mala palabra. Siempre se han respetado, o al menos lo han aparentado.

—Explícamelo todo.

—No. Son cosas del pasado, y en el pasado se tienen que quedar. No necesitas saber nada. La empresa es tuya; enfócate en el futuro, como hizo tu abuelo.

—Es importante, papá.

—¿Por qué? No entiendo qué importancia puede tener para ti todo esto.

—Por uno de sus hijos.

—... ¿Qué quieres decir, Joong? Ni se te ocurra tener relación con nadie de esa familia.

Está muy enfadado; tanto que sus cejas se juntan y una de las venas de su cuello está más pronunciada de lo normal.

—Llegas tarde.

—¡¿Qué coño estás diciendo, Joong?!

Papá se levanta de la silla con tal fuerza que esta cae al suelo. Entre el grito y el golpe llamamos la atención de mamá, pero papá me pide que no diga nada más.

—Esto no termina aquí, papá. Contigo o sin ti, voy a llegar al fondo de todo.

—¿Todo bien por aquí?

—Claro, mamá. Solo es la silla que cayó cuando papá se levantó. Bueno, pues ya me marcho. Nos vemos.

Beso la mejilla de mamá mientras le lanzo una mirada amenazante a papá y me marcho.

Está claro que papá sabe algo.

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El PresidenteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora