Capítulo 19: La Sorpresa de un Encuentro Inesperado

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Camila

Hoy era uno de esos días en los que el sol parecía brillar un poco más, como si el universo tuviera un trato especial contigo. Había pasado una mañana genial con mis amigas. No puedo evitarlo, con ellas todo es más fácil. Cada vez que nos reunimos, el mundo parece quedar en pausa, solo importando nuestras risas, chismes y lo que hacemos juntas.

Sin embargo, a pesar de la alegría del día, había una sensación persistente en mi interior que no podía ignorar. Algo que me decía que el universo, a pesar de su luz y calor, también guardaba sus propias sorpresas.

Pero había algo en mi mente que no dejaba de rondar: Alex. La conversación que tuvimos la última vez se había quedado dando vueltas en mi cabeza, y no podía evitar pensar en lo que pasaba entre nosotros. Habíamos hablado por teléfono el día antes, y aunque la charla había sido agradable, algo había cambiado en su tono. Estaba distante, y al final, me dijo que no podríamos vernos este sábado porque iba a estar con amigos. No insistí mucho, aunque por alguna razón sentí que algo no estaba bien. No me gusta presionar a la gente, pero después de lo que pasó entre nosotros, no pude evitar preguntarme si había algo más. Algo que no me estaba contando.

Esa distancia, esa pausa en sus palabras, me parecía más que una simple excusa. Era como si quisiera proteger algo, pero no sabía si de mí, o de él mismo.

Nos despedimos con un "nos hablamos luego", pero la despedida fue más cortante de lo habitual. Hubo una pequeña pausa incómoda, y yo no supe qué pensar. Aunque no estaba segura de por qué, algo en mi interior me decía que esa no era la verdadera razón por la que no podíamos vernos. Pero no me quise quedar ahí, no quería seguir dándole vuelta al asunto.

Así que, para distraerme, me reuní con mis amigas. Teníamos planes de salir al centro comercial a pasar la tarde, lo que siempre resultaba ser una excelente manera de olvidar cualquier preocupación. Decidimos comenzar con un almuerzo en ese pequeño café que tanto nos gusta, donde el ambiente siempre es relajado, y los cafés son perfectos para ponernos al día.

Hablamos sobre todo: desde las últimas novedades del instituto, hasta los planes para las vacaciones que se acercaban. Disfrutábamos cada momento, sabiendo que esos pequeños instantes juntas eran los que realmente valían la pena. Nos reímos tanto que hasta nuestras barrigas dolían.

Por un momento, me olvidé de Alex. Mis amigas tenían esa habilidad mágica de hacerme sentir que el mundo era más simple, más ligero.

Después de un par de horas, caminamos por las tiendas, sin un objetivo claro, solo explorando por diversión. Nos probamos cosas, nos tomamos fotos, y nos compartimos opiniones sobre las prendas más extrañas que encontramos. Como siempre, las risas fueron el ingrediente esencial de nuestra tarde.

La tarde avanzó rápidamente, y al final, mis amigas se despidieron para irse a sus casas. Yo, con un poco de nostalgia, decidí caminar sola por unas cuadras más antes de regresar a la mía. El aire fresco me despejaba la mente mientras pensaba en todo y en nada a la vez.

Fue cuando pasé frente a una tienda de ropa en la esquina de la calle que noté algo. En la vidriera había algo que me llamó la atención. Era una prenda que estaba justo al frente: un vestido de un color que nunca había visto, con una textura que se veía suave al tacto. No sé por qué, pero sentí una extraña necesidad de entrar a la tienda. Tal vez era la curiosidad, o quizás solo quería distraerme un poco más antes de llegar a casa. En todo caso, la tienda parecía tranquila, casi vacía, lo que me hizo pensar que sería el lugar perfecto para buscar algo bonito sin tener que lidiar con multitudes.

La tienda estaba casi vacía, con solo un empleado distraído en la caja y otra cliente en un pasillo lejano. Me gustaba esa tranquilidad, como si fuera un pequeño respiro después de una tarde llena de risas.

Al entrar, me encontré con un ambiente tranquilo, con música suave de fondo y la luz tenue que hacía que todo pareciera cálido. Estaba mirando las prendas cuando escuché unos pasos suaves cerca de la zona de vestidos. Me giré hacia la dirección del sonido y, de repente, algo me hizo detenerme en seco.

Lo vi de espaldas, mirando detenidamente una de las prendas en un rack. Era Alex.

Mi mente se detuvo por completo. Alex. Aquí. En este lugar. Y no solo eso, sino que... algo en él era diferente, completamente diferente a lo que yo conocía.

Mi mente no lo podía procesar en ese instante. Allí estaba, en medio de la tienda, como si fuera lo más normal del mundo. Pero no era lo que esperaba. El chico que conocía, el que solía ver siempre con su estilo más masculino, no era el que estaba frente a mí. No, este era alguien completamente diferente. Lo primero que noté fueron sus zapatos, unos de tacón bajo, simples pero elegantes, que apenas hacía unos meses me hubiera imaginado viendo en sus pies. Y después, la silueta de su cuerpo, que se insinuaba más femenina de lo que recordaba.

No era solo lo que llevaba puesto, sino cómo parecía más auténtico que nunca. Era como si hubiera estado ocultándome una parte esencial de sí mismo.

Mi mente no dejaba de intentar comprender lo que veía. Me quedé parada allí, en la entrada, con la vista fija en él. Estaba vestido con algo que podría describir como completamente femenino: un conjunto que parecía combinar perfectamente con su estilo, algo delicado pero a la vez con mucha personalidad. No era solo el vestido, ni la forma en que lo llevaba, era la forma en que se movía, cómo parecía sentirse tan cómodo, tan libre en ese momento. Había algo tan genuino en su postura, tan natural, que casi me hizo sentir que estaba viendo a una persona completamente diferente a la que conocía.

Sin embargo, antes de poder procesar completamente lo que estaba sucediendo, él me vio. El hecho de que se diera cuenta de que lo estaba mirando me hizo sentir una ola de nervios. Me quedé completamente inmóvil, sin saber si debía acercarme o hacer como si no lo hubiera visto. Pero antes de que pudiera moverme, vi cómo sus ojos se ampliaron de sorpresa, y un sutil rubor se apoderó de su rostro.

Vi cómo sus manos temblaban ligeramente al sostener la prenda que había elegido. En su mirada, había una mezcla de vulnerabilidad y miedo que me rompió un poco el corazón.

En ese instante, me quedé paralizada. No entendía qué hacer. Mi corazón empezó a latir más rápido, y todo lo que había planeado decir se desvaneció de mi mente. Vi cómo Alex se tensaba, sus manos apretando un poco las prendas que sostenía, y su mirada fija en mí, pero al mismo tiempo, había algo de vulnerabilidad en ella.

Quería dar un paso hacia él, decirle algo, cualquier cosa, pero las palabras no llegaban. ¿Y si lo alejaba más? ¿Y si, en mi intento por entender, terminaba haciéndolo sentir aún más expuesto?

Antes de que pudiera hacer un solo paso hacia él, Alex ya estaba moviéndose rápidamente, como si quisiera alejarse de la escena. Pero algo en su postura me hizo darme cuenta de que no se trataba de un simple susto por verme. No, había algo más profundo detrás de su reacción. Quizás, solo quizás, estaba sintiendo miedo de ser descubierto por mí.

Me quedé allí, en el medio de la tienda, con las manos ligeramente temblorosas. Mi mente aún procesaba lo que acababa de ver. No sabía qué hacer, no sabía cómo reaccionar. Había visto a alguien completamente diferente, alguien libre, pero también alguien vulnerable, que no estaba listo para ser visto.

Ese día soleado, que había comenzado lleno de risas, terminó con una mezcla de confusión, sorpresa y, quizás, un pequeño atisbo de comprensión.

A Tu Lado, Soy YoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora