Capítulo 17: La Mentira a Punto de Ser Descubierta

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Camila había comenzado a notar que algo no estaba bien. A pesar de que Alex siempre había sido cariñoso y cercano, había ciertos momentos en los que su actitud parecía cambiar, como si algo lo estuviera perturbando. No podía entender bien qué era, pero la sensación de que algo estaba mal no la dejaba en paz. Algo en él había empezado a cambiar últimamente, y lo peor era que no sabía si se trataba de algo relacionado con ella o si, tal vez, había algo en su vida que Alex no quería compartir.

En cada conversación, en cada gesto, había algo más que no lograba captar. Era como si un velo de misterio se hubiera posado sobre él, una capa invisible que lo separaba un poco de ella, y Camila no podía evitar sentirse más distante a medida que pasaban los días. Lo peor era que Alex no parecía dispuesto a abrirse completamente, como si temiera mostrar su verdadero yo.

Un día, después de una semana llena de conversaciones a medias y encuentros que parecían estar cargados de silencios incómodos, Alex la invitó a su casa para pasar la tarde. La invitación fue casual, como tantas otras, pero algo en la manera en que lo dijo la hizo sentir que esta vez era diferente.

—¿Te gustaría venir el fin de semana? —preguntó, con una sonrisa nerviosa, casi como si estuviera esperando alguna respuesta negativa, pero al mismo tiempo, rogando que ella aceptara.

Camila aceptó sin pensarlo demasiado. Quizás allí, en la privacidad de su casa, podría comprender mejor qué estaba pasando. Los dos se conocían lo suficiente como para que no fuera extraño estar a solas en su habitación. Además, sentía que ya era hora de que ambos pudieran compartir algo más personal, más íntimo.

El sábado llegó, y al principio todo parecía normal. Como siempre, Alex la recibió con su calidez habitual, pero al mismo tiempo, algo en su actitud había cambiado. No se veía tan relajado como antes, y, a pesar de que conversaban de temas triviales, Camila podía sentir que algo se cernía sobre la habitación, como una sombra invisible. La habitación parecía más pequeña de lo habitual. Camila sintió que el aire estaba cargado, como si algo invisible se interpusiera entre ellos. Alex mantenía las manos en los bolsillos, moviéndose con una inquietud que ella no había visto antes. Cada palabra, cada pausa, parecía más pesada de lo necesario.

A medida que pasaban las horas, ella comenzó a preguntarse si de verdad Alex la había invitado para hablar o si simplemente quería evitar los temas incómodos.

Después de un rato de plática, Alex propuso mostrarle su habitación, una invitación que Camila aceptó con curiosidad. Quizás allí descubriría algo más, algo que pudiera ayudarla a entender qué estaba sucediendo en la cabeza de él.

Cuando entraron, la habitación de Alex se veía como siempre. Estaba desordenada, con ropa dispersa por el suelo y libros apilados en la mesa. Sin embargo, había algo extraño en el ambiente. Había una tensión sutil que Camila no lograba identificar del todo. No era la tensión típica de un primer encuentro, sino algo más profundo, algo que la hacía sentir como si hubiera una barrera invisible entre ellos, algo que no podía entender.

Mientras se acercaban a la ventana, la mirada de Camila cayó en una repisa cercana. Allí, entre algunos objetos personales de Alex, había algo que no esperaba ver. Un par de zapatos de tacón. Eran de un negro brillante, con una textura suave y elegante que destacaba en la repisa, como si estuvieran cuidadosamente colocados allí para no ser tocados. Camila parpadeó, sorprendida, mientras sus ojos recorrían los zapatos, tratando de entender lo que estaba viendo.

Se quedó allí, mirando los tacones durante unos segundos que parecieron eternos. La confusión la invadió. Para Camila, aquellos zapatos no eran solo un accesorio fuera de lugar. Eran una puerta a un lado de Alex que desconocía, un recordatorio de que tal vez había algo más que él no le estaba contando. Esa idea la inquietaba, pero también la hacía dudar de sí misma. ¿Era su lugar preguntar? ¿O debía esperar a que él se abriera por su cuenta?

Camila respiró profundamente antes de girarse hacia Alex. No quería hacer una escena, no quería presionarlo, pero la duda ya había comenzado a crecer en su mente. Necesitaba respuestas, aunque no sabía si estaba preparada para escucharlas.

—¿Alex? —dijo, suavemente, tratando de sonar casual. Su voz salió más suave de lo que había planeado, como si intentara no romper el frágil equilibrio entre ellos. —¿Esos zapatos son de alguien más?

Alex se detuvo un momento, mirando los tacones con una expresión que no pudo disimular. Su rostro se tensó un poco, y Camila pudo ver que había algo en su reacción que no era natural. Durante un par de segundos, Alex pareció perderse en sus pensamientos, como si estuviera buscando las palabras correctas.

—Oh, esos... —dijo finalmente, sin mirarla directamente. Su tono era más bajo de lo habitual, como si no estuviera seguro de cómo seguir. —Son de una amiga. Las dejó aquí hace un tiempo, pero... no es nada importante.

Camila asintió, aunque no estaba convencida. Algo no cuadraba, pero no quería presionar más. Alex siempre había sido algo reservado, pero nunca había mostrado una actitud tan evasiva. Ella sabía que estaba tocando algo delicado, y no quería arruinar el momento, pero las dudas seguían creciendo en su mente.

—¿Una amiga? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta. —¿Hace cuánto?

—Hace tiempo, como te dije —respondió, cortante, y se giró hacia la ventana, evitando mirarla. —No tienes que preocuparte por eso.

La respuesta fue rápida, casi demasiado rápida, como si Alex estuviera tratando de cerrar el tema lo antes posible. Camila lo observó en silencio durante un momento, sintiendo una punzada de inseguridad. ¿Por qué se sentía tan desconectada de él en ese momento? Había algo en su mirada, en sus palabras, que no terminaba de encajar.

—Está bien, no es que me preocupe... —dijo ella, forzando una sonrisa. —Solo me sorprendió ver algo así aquí.

Alex respiró profundo, como si finalmente se hubiera relajado un poco. A pesar de sus palabras, Camila notó que seguía evitando sus ojos, como si temiera que ella pudiera ver más de lo que estaba dispuesto a compartir. Alex sintió un nudo en el estómago al ver los tacones en la repisa. Había olvidado esconderlos, y ahora estaban ahí, como una señal silenciosa que lo traicionaba. No quería mentirle a Camila, pero el miedo a que ella lo juzgara lo paralizaba. ¿Cómo podía explicarle algo que ni él mismo estaba listo para aceptar por completo?

El resto de la tarde transcurrió sin más revelaciones. Pasaron el tiempo conversando de cosas triviales, pero la incertidumbre seguía en el aire, creciendo con cada palabra no dicha. Camila se fue de la casa de Alex con más preguntas que respuestas. Mientras Camila caminaba hacia su casa, no podía quitarse de la cabeza la imagen de los tacones negros. Algo en ellos, en su ubicación, en la forma en que Alex los había mencionado, le decía que no eran un simple descuido. ¿Qué estaba escondiendo? ¿Y por qué sentía que la respuesta podría cambiarlo todo entre ellos?

A Tu Lado, Soy YoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora