Capitulo 12: Barreras Invisibles

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La tarde era tranquila y gris, con el cielo cubierto por nubes que prometían una lluvia suave. Alex y Camila caminaban por un sendero en el parque, los pasos resonando entre los árboles desnudos. Desde su última conversación, algo había cambiado. La barrera invisible que Alex mantenía parecía haber cedido un poco, y Camila, siempre perceptiva, lo había notado.

—¿Has pensado en lo que te gustaría hacer después de la escuela? —preguntó ella, rompiendo el silencio mientras pateaba suavemente una piedra en el camino.

Alex miró al suelo, como si la respuesta estuviera escrita en las hojas secas. Había algo en las preguntas de Camila que lo hacían replantearse sus propias evasivas.

—No estoy seguro, la verdad —respondió después de unos segundos—. A veces siento que no tengo las cosas tan claras como los demás. ¿Tú lo tienes todo planeado?

Camila sonrió, encogiéndose de hombros. —No todo, pero tengo algunas ideas. Me gusta la fotografía, ¿sabes? Creo que me gustaría dedicarme a algo relacionado con eso. Pero también siento que hay tiempo para descubrirlo.

—Eso suena… genial —dijo Alex, sintiendo una leve envidia. Mientras Camila hablaba con tanta seguridad sobre encontrar lo que la hacía feliz, Alex no podía evitar sentirse aún más perdido. Era como si ella estuviera navegando con una brújula clara, mientras él seguía atrapado en una niebla constante.

Se detuvieron frente a un banco cubierto de hojas. Camila se sentó, y Alex la siguió, aunque su postura era rígida, como si el peso de sus pensamientos lo mantuviera tenso.

—¿Y tú qué sientes que te detiene? —preguntó Camila, ladeando la cabeza. Su voz no era acusadora, solo curiosa.

Alex tragó saliva, sintiendo cómo la pregunta lo alcanzaba como un golpe. Sabía que no podía decirle toda la verdad, pero quizás podía compartir una parte de sus emociones, la suficiente para que no lo presionara más sin alejarla.

—Es complicado —dijo finalmente—. Pero creo que he pasado mucho tiempo tratando de ser lo que otros esperan de mí. A veces siento que… que si mostrara quién soy realmente, perdería a las personas que me importan.

Camila lo miró con atención, su expresión suave pero atenta.

—¿Por qué piensas eso? —preguntó.

Alex dudó antes de responder, pero algo dentro de él le pidió que continuara. Camila siempre había sido alguien que lo hacía sentir más cómodo, más aceptado, y tal vez, solo tal vez, podía permitirle ver un poco más de lo que había detrás de sus palabras.

—Es complicado —dijo finalmente—. Pero creo que he pasado mucho tiempo tratando de ser lo que otros esperan de mí. A veces siento que… que si mostrara quién soy realmente, perdería a las personas que me importan.

Camila frunció el ceño, claramente preocupada por lo que estaba escuchando. Alex rara vez era tan directo sobre sus emociones, y esta vulnerabilidad era algo nuevo, algo que ella quería cuidar.

—Eso suena… agotador —dijo en voz baja.

Alex asintió, sin mirarla. Lo era, pero también era lo único que conocía.

—Pero, Alex —continuó Camila, tocándole suavemente el brazo—, ¿no crees que las personas que realmente te quieren deberían aceptarte tal como eres?

Alex dejó escapar una risa amarga. —Es fácil decirlo, pero en la práctica, no siempre es así.

Camila se quedó en silencio por un momento, procesando sus palabras. Podía sentir la carga que Alex llevaba, incluso si no sabía exactamente de qué se trataba. Había una historia allí, algo que aún no estaba listo para compartir, pero que ella intuía que era importante.

Recordaba el día en que ella lo defendió en clase cuando un compañero se burló de su torpeza en deportes. "Todos somos buenos en cosas distintas", había dicho con una firmeza que nadie esperaba. Desde entonces, Alex supo que podía confiar en ella, aunque ese vínculo seguía creciendo a su propio ritmo.

—Bueno, yo estoy aquí —dijo finalmente—. Y no importa lo que pase, quiero que sepas que me importas, ¿ok?

Alex levantó la mirada, sorprendido por la sinceridad en su voz. —Gracias, Camila. Eso significa mucho.

El silencio que siguió no fue incómodo. Era como si esas palabras hubieran creado un espacio seguro entre ellos, un lugar donde no hacía falta decir más.

Sin embargo, en el fondo, Alex sabía que estaba caminando en una cuerda floja. Abrirse un poco más había sido liberador, pero también lo dejaba vulnerable. Camila estaba viendo partes de él que rara vez mostraba a nadie, y aunque ella parecía aceptarlo, el miedo de que pudiera cambiar de opinión seguía presente.

Más tarde, mientras caminaban de regreso, Camila rompió nuevamente el silencio.

—¿Sabes? Cuando era más joven, solía sentirme como tú.

Alex la miró, claramente interesado.

—¿De verdad?

Ella asintió, con una sonrisa que mezclaba nostalgia y tristeza. —Sí. Siempre intentaba agradarle a todo el mundo, ser esa versión de mí que los demás querían ver. Pero con el tiempo me di cuenta de que eso no me hacía feliz.

—¿Y qué hiciste? —preguntó Alex.

Camila suspiró, encogiéndose de hombros. —No fue fácil, pero empecé a pensar en lo que realmente me hacía feliz. Y aunque todavía tengo días en los que dudo de mí misma, trato de recordar que mi valor no depende de lo que otros piensen.

Alex la observó con admiración. Era increíble para él cómo Camila parecía tener tanta claridad sobre cosas que él apenas empezaba a explorar.

—Eres más fuerte de lo que crees —dijo finalmente, con una sonrisa.

Alex sintió que sus palabras lo golpeaban suavemente. "¿Sería capaz de demostrar esa fuerza algún día? Quizás no era tan débil como siempre había pensado. Pero confiar en los demás seguía siendo aterrador".

—Y tú también, Alex —respondió ella, deteniéndose para mirarlo directamente—. Solo tienes que creértelo.

Cuando finalmente se despidieron, Alex regresó a casa con una mezcla de emociones. Había sido un día significativo, pero también lo dejaba con muchas preguntas. ¿Cuánto más podría abrirse sin revelar todo? ¿Y qué pasaría cuando llegara el momento de contarle la verdad?

Esa noche, mientras miraba el techo de su habitación, Alex pensó en las palabras de Camila. “Eres más fuerte de lo que crees.” Tal vez tenía razón, pero aún quedaba mucho camino por recorrer.

Impulsado por las palabras de Camila, Alex abrió el pequeño cajón donde había guardado esas prendas especiales. Pasó los dedos por la tela, como si pudiera absorber algo de esa fortaleza que ella veía en él. No estaba listo para usarlas, pero al menos ahora podía enfrentarlas sin sentir vergüenza.

Por ahora, se conformaría con dar pequeños pasos, como el que había dado hoy. Y aunque el miedo seguía allí, también estaba la esperanza de que, con el tiempo, pudiera encontrar la manera de ser completamente él mismo, sin importar las consecuencias.

Mientras cerraba el cajón, Alex tuvo un pensamiento fugaz: ¿y si algún día le contaba a Camila todo? La idea le aterraba, pero también despertaba una chispa de esperanza.

Casi sin darse cuenta, el tiempo pasó, y Alex comenzó a entender que su propia verdad no era un obstáculo, sino una herramienta que lo ayudaría a ser mejor, más libre y más sincero consigo mismo.

Cada día que pasaba junto a Camila, los miedos empezaban a desvanecerse un poco más. Aunque aún le quedaban dudas, el hecho de que ella estuviera dispuesta a escucharle lo hacía sentir que estaba en el camino correcto. Y en los momentos de duda, pensaba en su conversación en el parque y recordaba que no todo estaba tan oscuro como parecía.

No sabía si algún día podría compartir su secreto, pero por primera vez sentía que no necesitaba hacerlo para ser aceptado.

Esas pequeñas victorias, esos momentos de vulnerabilidad, eran los que, lentamente, le permitían abrirse un poco más. No todo tenía que ser inmediato. No tenía que forzarse a dar grandes pasos.

Solo necesitaba seguir caminando, un paso a la vez.

A Tu Lado, Soy YoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora