Capitulo 11: Caminos Entrelazados

66 2 0
                                    

El otoño avanzaba con pasos silenciosos, dejando las calles cubiertas de hojas que crujían bajo sus pies. Alex y Camila pasaban cada vez más tiempo juntos, ya no solo en el parque o en la escuela, sino en pequeños cafés escondidos, librerías y hasta en una feria que habían encontrado por casualidad. La relación había evolucionado, aunque ninguno lo había dicho en voz alta.

Era evidente para ambos que algo especial los unía. Camila había empezado a tomar la iniciativa para planear citas.
-¿Quieres venir a ver una película en mi casa? -había dicho con un brillo en los ojos, y Alex no pudo resistirse. El miedo seguía ahí, como una sombra, pero la luz que Camila traía a su vida era lo suficientemente cálida como para hacerlo sentir seguro, aunque solo fuera por momentos.

La tarde de la película fue un punto clave. Camila lo recibió con una sonrisa y un bowl gigante de palomitas. La película era secundaria; lo importante eran las risas que compartían, los comentarios sarcásticos sobre los personajes y los breves momentos en los que sus manos se encontraban por accidente.

-Me alegra que estés aquí, Alex -dijo Camila cuando la película terminó. Se había girado para mirarlo directamente, con una sinceridad que lo desarmó.

Alex tragó saliva, sintiendo el peso de sus propias emociones.
-Yo también, Camila. Tú... haces que todo sea mejor.

La cercanía entre ellos era tan natural que Alex casi olvidaba las dudas que lo atormentaban. Casi.

Camila observaba cómo Alex se distraía mientras hablaban. Había algo en su mirada, una mezcla de alegría contenida y nostalgia, que no lograba descifrar. '¿Qué pasa por su mente?', se preguntó, deseando poder adentrarse más en sus pensamientos. Sabía que Alex tenía sus reservas, pero una parte de ella sentía que él estaba luchando con algo mucho más grande de lo que mostraba.

La conexión entre ellos crecía con cada momento compartido, y aunque ninguno lo mencionaba, ambos empezaban a depender de esos pequeños gestos de cariño que construían juntos. Camila, sin darse cuenta, le daba a Alex algo que no había tenido antes: una sensación de pertenencia. Sin embargo, en su interior, Alex sabía que para poder entregarse por completo a esta relación, tendría que enfrentar su verdad.

A pesar de los buenos momentos, Alex seguía cargando el peso de su secreto. Había noches en las que se quedaba despierto mirando el techo, imaginando cómo sería vivir sin esconder quién era. Pensaba en la ropa guardada en el fondo de su armario, en esas ocasiones en las que había anhelado ponérsela y simplemente ser. Pero luego el miedo lo invadía: ¿cómo reaccionaría Camila? ¿Podría aceptarlo o solo vería a alguien diferente, alguien difícil de comprender?

Esa pregunta era un eco constante en su mente. En las noches más solitarias, se sorprendía pensando en escenarios donde todo salía bien: Camila sonriendo, aceptándolo, abrazándolo. Pero esos sueños eran siempre interrumpidos por la cruel realidad de que el mundo no siempre era tan comprensivo. A pesar de sus miedos, Alex no podía evitar desear que ese futuro fuera posible.

Camila, por su parte, parecía cada vez más cómoda con Alex. Le contaba cosas personales, historias de su infancia, sus sueños para el futuro. Él la escuchaba con atención, pero cada vez que ella le pedía que hablara más sobre sí mismo, Alex encontraba una manera de evadir la pregunta.

-Eres un misterio, Alex -dijo Camila una tarde mientras caminaban por el parque. Su tono era juguetón, pero había una pizca de curiosidad genuina en su voz.

-¿Eso es algo bueno o algo malo? -respondió él, sonriendo.

-Depende. A veces siento que hay partes de ti que no me dejas ver. Y no tienes que contarme todo, pero... quiero conocerte de verdad, ¿sabes?

Mientras caminaban por el parque, una suave brisa hizo volar las hojas a su alrededor. Camila tomó una hoja y la examinó con una sonrisa.
-Las hojas siempre encuentran su camino, incluso cuando el viento parece llevarlas lejos -dijo, mirándolo fijamente, como si hablara de algo más.
Alex sintió un escalofrío; su simple observación le dio esperanza, como si ella entendiera más de lo que él estaba dispuesto a admitir.

Alex sintió un nudo formarse en su garganta. Quería decirle todo, quería abrirse por completo, pero el miedo lo paralizaba.
-Lo sé, y quiero que me conozcas -dijo finalmente-. Solo que a veces es difícil hablar de ciertas cosas.

Camila no insistió. Solo lo miró con esa calidez que siempre parecía derretir sus barreras.
-Cuando estés listo, aquí estoy.

Esa promesa sencilla lo llenó de un sentimiento ambiguo: por un lado, alivio; por el otro, una presión silenciosa de no saber cuándo estaría listo para cumplirla. Alex agradeció que Camila no presionara más, pero no podía ignorar la sensación de que, con cada día que pasaba, su secreto pesaba más.

Esa noche, después de despedirse de Camila, Alex volvió a casa con una mezcla de emociones. Sentía alegría por lo que estaba construyendo con ella, pero también una tristeza profunda por las partes de sí mismo que seguían ocultas. Se sentó en su cama, mirando el rincón de su armario donde sabía que estaba la ropa que había escondido hacía meses.

La última vez que se la había puesto, había sentido una mezcla de liberación y orgullo. Alex siempre había sabido quién era. Aceptarse no era el problema; el miedo venía de cómo el mundo lo recibiría, especialmente Camila.

Finalmente, tomó una decisión. Se levantó y abrió el armario, sacando la pequeña caja que había estado allí todo ese tiempo. Dentro estaban las prendas que había escondido, cuidadosamente dobladas. Sus manos temblaban mientras las tocaba, pero también sintió una extraña calma al hacerlo. Era como volver a un lugar al que siempre había pertenecido.

El tacto suave de la tela en sus manos era como un recordatorio de quién era en su esencia, una verdad que había tratado de enterrar pero que nunca desapareció por completo. Cuando finalmente se miró en el espejo, sintió como si un rayo de luz atravesara la oscuridad que lo había acompañado durante tanto tiempo. Era como si estuviera viendo a una parte olvidada de sí mismo, viva y real.

Mientras desplegaba una de las prendas, recordó las veces en que se había visto al espejo sintiéndose completamente él mismo. Era una sensación que ningún miedo o juicio externo podía borrar. Aunque las dudas seguían presentes, una parte de él entendía que debía recuperar ese espacio, ese momento de verdad, aunque fuera en privado.

Con el corazón latiendo rápidamente, Alex se vistió, dejando que cada prenda lo envolviera con una sensación de familiaridad y verdad. Se miró en el espejo, y aunque el miedo seguía presente, otra parte de él, más pequeña pero firme, se sintió en paz.

"Esto también soy yo," pensó, con una determinación que no había sentido en mucho tiempo. Se permitió sonreír, observándose con atención. Esta versión de sí mismo no era menos válida, no era un escape ni una máscara. Era simplemente él.

Sentado frente al espejo, Alex supo que este pequeño paso era apenas el comienzo de un camino más largo. No sabía si tendría la valentía de mostrárselo a Camila, pero algo dentro de él, una voz pequeña pero persistente, le susurraba: "Cuando llegue el momento, sabrás qué hacer." Mientras tanto, todo lo que podía hacer era prepararse para ese día y esperar que, cuando llegara, Camila lo viera como él quería ser visto.

Esa noche, mientras se miraba en el espejo, Alex decidió que no podía seguir ignorando esa parte de sí mismo. Tal vez aún no estaba listo para compartirlo con Camila, pero sabía que este era un paso necesario. Antes de amar a alguien más, tenía que aprender a vivir con todas las facetas de su verdad.

Las horas pasaron, pero Alex no se quitó la ropa. En cambio, se sentó frente al espejo, explorando cada rincón de sus pensamientos. ¿Qué vendría después? ¿Sería capaz de compartir esto con Camila algún día? La incertidumbre seguía ahí, pero ya no lo definía. Lo que importaba ahora era que había dado un paso más hacia aceptarse plenamente.

La relación con Camila ahora tenía más significado, pero Alex entendía que su camino no sería fácil. Había tomado un pequeño paso hacia la verdad, y aunque el futuro seguía siendo incierto, por primera vez en mucho tiempo, sintió que podía enfrentarlo. Las prendas, los pensamientos, las emociones: todo formaba parte de un mismo viaje que apenas comenzaba.

A Tu Lado, Soy YoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora