Los días parecían desvanecerse rápidamente mientras Alex pasaba más tiempo con Camila. Había algo palpable en el aire, una tensión sutil que ambos parecían compartir pero que nadie se atrevía a mencionar. A menudo se encontraban sentados en el parque después de clases, o charlando después de las reuniones de grupo. Lo que antes había comenzado como algo casual, pronto se había transformado en una rutina reconfortante para ambos.
Sin embargo, no solo Alex estaba lidiando con sentimientos encontrados. Camila también parecía estar atravesando un proceso interno. Había momentos en los que su sonrisa parecía vacilar, como si estuviera debatiéndose entre decir algo o mantenerse en silencio. A veces, cuando Alex hablaba, ella lo miraba con una intensidad que casi lo desarmaba, pero siempre retrocedía en el último segundo, cambiando de tema o riendo suavemente para aligerar el ambiente. Había algo más en sus gestos, en la forma en que buscaba su compañía; Alex lo notaba, aunque no sabía cómo interpretarlo.
Una tarde, mientras caminaban por el pasillo de la escuela, Camila le hizo una pregunta casual, pero que, para Alex, era todo menos superficial.
—¿Qué es lo que más te apasiona hacer en tu tiempo libre? —le preguntó, mientras sonreía suavemente. Ella tenía una forma tan natural de hacer que las cosas parecieran fáciles, como si no hubiera ningún mal en ser completamente transparente.
Alex titubeó por un segundo. ¿Qué podía decirle? En su interior, sentía una presión creciente, como si todas las paredes que había construido para protegerse estuvieran empezando a desmoronarse, una a una. ¿Debía decirle la verdad sobre lo que lo apasionaba realmente? ¿Sobre lo que lo hacía sentirse verdaderamente vivo?
Había intentado esto antes. Recordó un momento que todavía le dolía, aunque lo había enterrado profundamente. Tenía catorce años cuando se armó de valor para confesarle a su mejor amigo que le gustaba pintar en secreto, que se perdía horas dibujando paisajes en un viejo cuaderno que guardaba bajo la cama. La respuesta había sido una risa incómoda, seguida de semanas de frialdad que terminaron por destruir esa amistad. Desde entonces, había aprendido a no decir más de lo necesario. ¿Por qué arriesgarse otra vez?
—Bueno, me gusta mucho... —Alex empezó a decir, pero las palabras se desvanecieron cuando se dio cuenta de que no podía seguir mintiendo sobre sí mismo.
Camila lo miró, esperando su respuesta con una paciencia que solo aumentaba la incomodidad que él sentía. ¿Cómo podía ser tan fácil para ella ser así, tan abierta, tan directa? Mientras pensaba en su respuesta, la presión aumentaba en su pecho. Si revelaba quién era realmente, si le mostraba su verdadero yo, ¿cómo reaccionaría Camila? ¿La perdería?
—Me gusta... —volvió a intentarlo, pero esta vez, no pudo continuar. Todo lo que quería era ser honesto, pero su miedo seguía bloqueando sus palabras.
Camila, como si hubiera sentido la creciente incomodidad en él, cambió de tema con una sonrisa comprensiva.
—Está bien, no hace falta. Lo importante es que hagas lo que te guste. Todos tenemos nuestras cosas, ¿no? —dijo, y continuaron caminando en silencio.
Aunque no había forzado la respuesta, las palabras de Camila lo hicieron pensar aún más. Ella no parecía presionarlo, pero él sabía que las cosas no podían seguir así para siempre. Había algo entre ellos que se sentía diferente. Algo más allá de la amistad. Pero, al mismo tiempo, esa verdad lo aterraba. Si se abría por completo, si le mostraba quién era realmente, ¿la perdería?
Esa noche, cuando caminaban bajo la luz suave de las farolas, la tensión era palpable. El silencio entre ellos no era incómodo, pero estaba cargado de algo más, como si ambos supieran que se aproximaba un momento crucial. Camila se detuvo un instante, y Alex sintió cómo el tiempo parecía ralentizarse.
—Alex —dijo Camila de manera casual, pero con una seriedad subyacente—, me preguntaba... ¿por qué nunca hablas mucho de tu vida personal? Quiero decir, sé que eres muy reservado, pero no sé, tal vez alguna vez podríamos hablar más de eso.
Alex se quedó en silencio, completamente paralizado por la pregunta. El simple hecho de que ella estuviera tan interesada en su vida personal lo desarmaba. ¿Y si le contaba la verdad ahora? ¿Y si la perdía?
Camila notó su incomodidad y dio un paso hacia él. Antes de que Alex pudiera responder, ella levantó la mirada y agregó suavemente:—No quiero presionarte, Alex. Solo... quiero conocerte mejor. Tú, de verdad.
La pregunta flotaba en el aire, y las palabras se le atascaban en la garganta. Sabía que debía decir algo, pero sus inseguridades lo mantenían cautivo. La presión de la situación era cada vez más palpable. ¿Qué haría si ella realmente lo conociera de verdad? Si supiera lo que realmente le gustaba, lo que realmente sentía, lo que realmente era?
—No sé, Camila —respondió finalmente, su voz temblando ligeramente—. Supongo que no siempre sé qué compartir... o no quiero complicar las cosas.
Para su sorpresa, Camila tomó su mano. Fue un gesto breve, pero la calidez que transmitió le recorrió todo el cuerpo. Alex se quedó inmóvil, sin saber qué hacer.
—Lo entiendo, no hay presión —dijo Camila, aliviando un poco la tensión. Pero algo en su tono sugería que no se había olvidado de la pregunta. Algo le decía que ella también sentía esa misma atracción que él, pero que no podía abordarlo sin saber más.
Alex se quedó mirándola un momento más. Su voz seguía resonando en su mente: "Para lo que sea, para quien seas." Era la primera vez en mucho tiempo que alguien le hacía sentir que quizá, solo quizá, podría ser honesto sin miedo.
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A Tu Lado, Soy Yo
Novela Juvenil"Alex siempre ha vivido atrapado entre el miedo y el deseo de ser auténtico. En una relación que avanza rápidamente con Camila, la chica que le roba el corazón, Alex lucha por ocultar una parte de sí mismo que aún no está listo para revelar. Pero la...