Scarlett instaló la gran tina de madera con ayuda de otras empleadas mientras Marian se quitaba la ropa.
La bañera fue cubierta de sábanas al rededor para mantener el calor del agua vaporosa donde flotaban los pétalos de violetas y primaveras impregnando de su dulce aroma la habitación. Algunas gotas de aceite de jazmín cayeron también en la tina, la combinación de aromas pronto fue familiar: aquel aroma le pertenecía a Marian.
La princesa reconoció los olores y aspiró profundamente buscando calmarse pero un espasmo le indicó que aún no era tiempo, que su mente aún buscaba tener un momento de paz y descanso antes de sosegarse.
Tras el vestidor la capa cayó de sus hombros y se deslizó con rapidez por su cuerpo hasta tocar el suelo. El golpe de su mandíbula sangraba y rechazó de inmediato el toque con las yemas de sus dedos. Se deshizo de los guantes, no sin antes despegar la tela de una herida en el codo que en poco tiempo comenzó a adherirse. Bufó y mordió sus labios para no soltar ni una sola queja. Desató los listones de su vestido y se lo quitó también.
La joven pelirroja aventuró su maltratado rostro cuando la desnudez la cubría entera y solo sus manos la cubrían. La silueta oscura de Scarlett era iluminada por las velas dentro del recinto. Marian entró.
Al momento de introducir sus pies y piernas en la bañera las flores se removieron inquietas debido a la turbulencia del agua. "Ni siquiera las flores me quieren cerca" murmuró con amargura.
- ¿Qué dices? - preguntó Scarlett posicionada tras su cabeza.
- Nada, fue algo tonto.
- Inclínate hacia adelante, voy a frotarte la espalda - respondió la joven, sosteniendo entre sus manos una piedra pomez.
- Aún no remojo mi cabello - dijo la princesa con voz tímida. Un momento más tarde el agua caía sobre su cabeza y mojaba sus hombros, las traviesas gotas resbalaban por su piel buscando volver a la fuente de agua. Un par de lágrimas pasaron inadvertidas para ambas jóvenes y se unieron también a la reunión.
- ¿Has notado algo anormal estos días? - preguntó Scarlett, dejando de pronto su labor.
- ¿Por qué lo preguntas? - contraatacó jugando con el agua al rededor de sus rodillas.
- Están pasando cosas extrañas, quiero decir, hay gente extraña rondando por el castillo. Mi madre vio a un hombre encapuchado cerca de la cocina, me contó que le preguntó "¿Perdiste algo aquí?" y el tipo se alejó nervioso. No es la única. Otros trabajadores, guardias incluso han atestiguado cosas similares, siempre se trata de un hombre raro con capa negra. Inclínate hacia adelante.
Esta vez Marian si obedeció. Al despegar su cuerpo de la bañera cerró los ojos y abrazó sus piernas protegiéndose. Lo inevitable sucedió.
- Marian, ¿qué pasó? - Scarlett revisó sus heridas una por una, estiró sus dedos hasta que estuvo a punto de tocarlas, pero se arrepintió poco antes y decidió volver a preguntar.
- No debes preocuparte más - dijo Marian en un murmullo sofocado. Contrario a su petición lo primero que hizo su amiga fue levantarse de su asiento, tan rápidamente que el banco de madera se agitó peligrosamente, para acercarse a ella y tenerla de frente. Marian no pudo ocultar el corte sangrante en su rostro, a la altura de la mandíbula en el lado derecho.
- Dime qué pasó - sus ojos reflejaban una preocupación genuina, una angustia tan evidente y sin embargo tan calmada, un rasgo propio de Scarlett en situaciones alarmantes, que no podía ser fingida.
- Me atacaron - lo dijo de una forma tan seca que resultó sorpresiva. Sostuvo la mirada de su amiga valientemente, sobrellevando la confusión que le provocaba.
