Ladrones

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Pasaron semanas antes de que el desconsolado príncipe Juan se atreviera a robar a su pueblo de nuevo. Durante este tiempo Marian tuvo varias oportunidades para practicar junto a Derke y muchas más para estar sola. Robin, por otro lado se descubrió observándola cuando paseaba por el bosque o almorzaba junto al río; también vistió sus aposentos en el castillo pero jamás se atrevió a entrar, ni siquiera tocar la puerta, simplemente regresaba y trataba de no mirar hacia atrás cuando abandonaba el palacio. 

Para los demás integrantes del grupo resultaba irónico que luego de la abrupta decisión de la princesa esta se encontrara cada vez más feliz y Robin, antes abrumado y perseguido, ahora batallara tanto para encontrar ánimo para hacer cualquier cosa que no involucrara a la joven que antes despreció. 

Por obra del azar Marian se enteró de que su primo tenía en su poder una nueva carga de impuestos y de inmediato se lo hizo saber a Scarlett. Su amiga la llevó a la guarida para que se lo contara también a Robin. Ante el ímpetu de su insistencia no tuvo tiempo para negarse y durante el desarrollo del plan de ataque se desempeñó de la mejor manera, evitando en todo momento a Robin, sus habilidades mejoradas le ayudaron al equipo a conseguir la victoria. 

Durante la entrega del oro a los aldeanos Robin trató de entablar una conversación sutil con Marian, le hizo preguntas simple y contó chistes, pero la joven no mostró la reacción que él esperaba, no respondió con nada más que monosílabos y gestos de cortesía limitantes. 

Por otro lado, la aldea permanecía apacible hasta el instante que una banda de ladrones bien conocida llegó para hacer de las suyas. Jack y sus cómplices merodearon por los puestos de venta, tomando bolsas de oro y comida, ocultando todo en sacos de cuero bajo sus capas. Los criminales se mantuvieron obrando así durante largo rato, bajo la atenta mirada de Robin. 

- Tuck, Pequeño Juan - llamó el líder - Jack y su banda están aquí. 

- Los detendremos - dijo Pequeño Juan. 

- ¿Quieres venir, Marian? - preguntó el arquero, girándose hacia ella. Titubeó un par de veces, sin lograr encontrar las palabras adecuadas. Una sonrisa floreció en sus labios y aunque trató de ocultarla apareció de nuevo muchas veces en ese corto intervalo de tiempo - Tu magia podría ser útil - logró decir.

- Tengo cosas qeu hacer en el castillo - respondió ella. 

- Puedes ir en cuanto terminemos, te prometo que no nos tomará mucho tiempo.

Marian declinó la oferta una vez más con cortesía y se fue de la aldea tras despedirse de todos. 

Robin no esperó un segundo más y se apresuró a correr tras la banda de ladrones. Sus amigos, desconcertados, lo observaron perseguir a sus enemigos en una confrontación injusta donde el líder perdió contra sus rivales de una forma nunca antes vista. 

- No sabía que Robin pudiera desequilibrarse de ese modo - dijo Pequeño Juan, absorto en los movimientos de su amigo, descoordinados e imprecisos.

- Tampoco yo - murmuró Scarlett - Me preocupa que no esté bien - al ver a Robin dar una vuelta en el aire y dejar caer todas sus flechas para luego resbalar con ellas todos se miraron entre ellos preocupados.

- Es como si su habilidad hubiera sido despojada de él. Incluso parece desesperado. En definitiva no parece el Robin de siempre. 

El arquero de Sherwood se rindió tras mucho batallar y regresó junto a su equipo, frustrado. En el camino de regreso a casa apenas pronunció palabra y en la guarida se encerró tan pronto como pudo. Sus amigos lo dejaron tranquilo y pasaron la tarde juntos cuidándose de no molestarlo. 

Al tiempo Marian era llamada al salón del trono por uno de los guardias reales. De manera inusual fue escoltada hasta la presencia de su primo bajo la cuidadosa mirada del caballero de armadura plateada. 

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