Revelada

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Marian pensó durante unos segundos, en silencio. De pronto sus ojos se agrandaron y tomó el anillo entre sus dedos, revisó la frase otra vez y soltó una risa jadeante. 

- Claro... Estuvo frente a mi todo el tiempo - deslizó el anillo por su dedo anular y se dio la vuelta - Gracias Robin. 

- Espera, ¿a dónde vas? - preguntó el joven desconcertado. 

- Debo ir a ver a alguien a la aldea - abrió la puerta sin volverse a mirarlo y Robin dudó antes de preguntar, apretó y soltó sus manos con velocidad y la miró atravesar la puerta.

- Te acompaño - una profunda exhalación brotó de su pecho, como si se hubiera quitado un peso de encima. 

Para su sorpresa no hubo respuesta a su ofrecimiento, abrió los ojos y descubrió que Marian no estaba, salió por la puerta y bajó las escaleras a gran velocidad, corrió tras de ella hasta que pudo alcanzarla. 

En la aldea todo estaba como siempre, había mucho movimiento por todas partes y las voces de todas las personas a la vez constituían el ruido habitual de todas las mañanas ahí. Marian caminó decidida hacia una carreta donde se exhibían flores de diversos colores y aromas, Robin la siguió de cerca sin atreverse a preguntar nada. 

- Buenos días, señor Baxter - saludó ella y Robin la secundó. 

- Lady Marian, es un gusto saludarla, princesa, ¿en qué puedo ayudarla?

- Necesito hablar con su hija - el hombre palideció. 

- ¿Se ha metido en problemas otra vez? - Marian tragó grueso al conectar su mirada con los ojos desconsolados del pobre hombre. 

- Nada de eso - sonrió en grande y estiró hacia él su mano izquierda - Encontré algo que le pertenece y deseo devolverlo en persona a su dueña.

- Le agradezco mucho princesa - el hombre la reverenció y luego indicó con sus manos la entrada de su casa, justo detrás de su carreta de ventas, con la puerta abierta - Sigan, por favor, Emily debe estar adentro. 

Robin y Marian entraron a la casa y al poco tiempo dieron con una joven sentada frente a una mesa de madera bordando un pañuelo blanco. 

- Emily - llamó Marian, la nombrada levantó la mirada. El pañuelo y la aguja cayeron de sus manos y reposando sobre la mesa dejaron ver un precioso ramo de margaritas a medio hacer. Emily miró hacia un lado y se encontró a un desconcertado Robin, al instante su rostro se tornó de rojo intenso y apartó la mirada - Seguramente ya sabes por qué estoy aquí - la acusada guardó silencio, aún avergonzada - Esto es tuyo - Marian se quitó el anillo y con pasos firmes se acercó para ponerlo sobre la mesa - Al igual que las cartas. 

- Si - respondió la joven, tomó el anillo y lo calzó en su índice derecho - ¿Qué harás al respecto? ¿Me enviarás a prisión?

- No. 

- Entonces qué haces aquí, ¿vienes a pelear por él? - su mirada desafiante se clavó en la princesa, pero esta no perdió la calma. 

- Tampoco. Vengo a pedirte que me dejes en paz, que no vuelvas a acercarte a mi ni a quienes quiero. Es una advertencia, pero si no me escuchas entonces si habrán consecuencias. 

- Marian, ¿de qué hablas? ¿Dejarte en paz? ¿De qué se trata todo esto? - el confundido arquero no pudo soportar la incertidumbre y detuvo la conversación en ese instante.

- Toma - la princesa sacó de su bolso dos cartas en sus respectivos sobres y se las entregó sin mirarlo - Ve afuera, yo saldré en breve.

Robin obedeció. Salió por la puerta principal y en las escalinatas de entrada tomó asiento para leer. 

Las cartas le helaron la sangre con cada línea, releyó una y otra vez con desespero y cuanto más leía más perdía la tranquilidad. Cuando estuvo completamente convencido de que la ira de Marian y sus amenazas no eran infundadas se levantó para ayudarla.

Entró de nuevo en la casa y pudo escuchar las palabras de la joven Emily. 

- Usted podrá olvidarlo, alejarse de él asustada tras una amenaza, pero lo que yo siento no se compara con su amor mediocre. No me alejaré de Robin Hood ni aunque él me lo pida, pero pienso obedecer cualquier otro capricho suyo, haré que esté seguro de que lo amo con locura todos los días. 

El arquero interrumpió nuevamente la conversación y entró a la pequeña sala de estar con paredes claras. 

- ¿Esta es la razón por la que dejaste de hablar conmigo? - preguntó, captando de inmediato la atención de las dos jóvenes. 

- Hablemos de eso más tarde, ¿si? - pidió Marian - Quiero terminar esta charla lo más pronto posible. 

- Nuestra  conversación se acabó - dijo Emily - Por favor, habla con Robin, responde a su pregunta - sonrió a los dos tan ampliamente como no lo había hecho antes. 

- No dejé de hablarte. Admito que me alejé un poco, pero fue solo para darme tiempo, necesitaba olvidar lo que sentía por ti y me resultaba imposible superar mis sentimientos si continuaba mirándote a los ojos todos los días. 

- ¿Y por qué la repentina necesidad de olvidar tus sentimientos?

- Porque no eran correspondidos - esto silenció a Robin. Marian suspiró y volvió su atención a la joven sentada frente a la mesa - Espero no volver a encontrarte en una situación como esta. 

La princesa salió de la habitación, Robin la imitó y caminaron juntos en silencio hasta la fuente.

Marian buscaba las palabras adecuadas para inicar una conversació sin éxito. Robin buscaa entre las palabras de las cartas sin saber bien qué deseaba encontrar. 

A los dos los interrumpió la aparición de una sombra frente a ellos, con los brazos en jarra y acompañado de una risa suave. 

- ¿A quién tenemos aquí? El bandido más buscado de Inglaterra y la princesa más malcriada del mundo. Justo las personas que deseaba ver hoy. 

- ¿Qué quieres, Emil? - Robin pronunció su nombre con desprecio y guardó las cartas en su bolsillo.

- Cruzar algunas palabras contigo. Queremos que te unas a nuestra banda. Eres de utilidad, sabes muchas cosas de los nobles, los conoces bien, has vivido entre ellos y te has burlado en la cara de todos - Marian apartó la mirada apenas el ladrón le dirigió la suya - Ghino dice que te has enamorado de la princesa y que ella es la razón por la que no quieres venir con nosotros. 

- Miente. 

- No es necesario que lo niegues, te entiendo bien. Es muy hermosa. Puedo decirle a Ghino que reconsidere el plan original de llevarla con nosotros, si estás dispuesto a compartir. 

El movimiento de respuesta del arquero no se hizo esperar. De hecho fue tan rápido que tomó a todos por sorpresa. De un momento a otro Emil era sostenido por el cuello por Robin, sin intención de soltarlo. 

- No me sorprende que seas el criminal más buscado - Emil sonreía, provocando a su adversario - Con ese talento...

- Dile a Ghino que no me uniré a su banda de nuevo.

- Si no lo haces el vendrá a buscarte. 

- No me interesa, la respuesta es la misma. Pero no quiero enterarme de que alguno de ustedes pronuncie el nombre de la princesa de nuevo - lo soltó. El ladrón acomodó su ropa y se alejó un par de pasos. 

- No decepcionas, Robin de Locksley - hizo una reverencia a la princesa que miraba hacia otro lado y sonrió en grande - Lamento incomodarla, Lady Marian. 

Emil se dio la vuelta y desapareció entre las personas que caminaban de un lado a otro. La mañana pasó y cada uno regresó a donde pertenecía. 

1298 palabras 💚💙

Dato curioso: Antes de llamarse Juntos en Sherwood mi primera historia se llamaba Juntos en silencio. Cambiamos el nombre para que se fuera más acorde a lo que contaba.

Estamos en la recta final. Estoy escribiendo todos los capítulos el domingo 2 de marzo de 2025 pero ustedes los verán a lo largo de la semana. 

La playlist quedó hermosa, la verdad. 


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