Capítulo 4.

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Una de las chicas que ayudaba a Oliver a arreglar a las chicas, me dijo que me sentara en una silla pequeña de madera. Ella me arreglaría para salir allá afuera, no podía ni siquiera hablar. No podía hacer esto, no podía salir frente a todos esos hombres que me consumen con la mirada, no podía bailar en aquel tubo de hierro duro ¿por qué debía de hacer esto? Era tan estúpido. Simplemente no podía hacerlo.

La chica me tomo de la barbilla e hizo que alzara mi rostro, para poder verla a los ojos, me dijo que no me moviera, lo cual la obedecí. Me delineo un poco las pestañas de arriba y abajo, también me pinto un poco los ojos. Me puso algo de chapas y me pinto los labios de un color rojo pasión. Oliver entro por la puerta, mientras la chica-la cual se llamaba Gabriela-, me hacía, no se cuanta cosa en mi rostro, el tomo asiento en una de las sillas que estaban frente a mí y se quedó ahí, sin nada más que decir. Hasta que la chica termino conmigo y se dirigió a Oliver, el cual aún seguía sentado, inmóvil.

—Bien, Gaby, puedes retirarte—. Hizo una señal con su mano, la cual significaba que se marchara, ella solo asintió y desapareció por la puerta, cerrándola detrás de ella, dejándonos a Oliver y a mi solos. Completamente solos. En un silencio profundo, nadie articulaba palabra alguna. Hasta que el por fin decidió hablar. — ¿Estas preparada Elena?—pregunto mientras me miraba a los ojos.

—Por supuesto que no. No podre bailar frente a todos esos hombres. —Le replique mientras aún seguía mirándome—Claro que no lo puedo hacer—. Cruce mis brazos y mire hacia otro lado.

—Pues lo harás quieras o no—. Me tomo de la muñeca con fuerza y me llevo hacia afuera, hacia el prostíbulo. Me subió hasta el escenario donde se encontraba el tubo de hierro y me quede ahí mismo, petrificada. No sabía qué hacer. ¿Qué mierda tenía que hacer? Gabriela me hizo con una señal que bailara, pero simplemente me hice la tonta y fingí no haberle entendido a lo que había dicho. En unos pocos minutos Oliver llego a lado de Gabriela y me dijo lo mismo que ella en una señal, la cual obedecí. Ya que si no lo hacía, no sé qué pasaría, posiblemente me golpearían o matarían.

Respire profundo y empecé a tambalearme de un lado a otro, intentando no mirar a los hombres que están a mi alrededor. Intentaba no pensar que ellos me harían algo después de esto, no quisiera saber lo que están pensando ahora. El simple hecho de saber lo que están pensando, me aterra. Los hombres que se encontraban a mí alrededor chiflaban y decían cosas obscenas. Algunos no lo hacían solo se quedaban inmovilizados, mirando.

Aun no paraba de bailar, pero lo más difícil fue que tuve que bailar en el tubo, no podía creer como lo había hecho, pero lo hice. Pude percatar que en el rostro de Oliver yacía una gran sonrisa de oreja a oreja, maldito bastardo, me dije para mis adentros. Finalmente la música paro, Gabriela me indico que bajara del escenario, volví a respirar profundo y baje por las escaleras pequeñas que tenía a la derecha. Oliver se dirigió hacia mí, aun con su sonrisa y, me dijo al oído que lo había hecho fantástico, que por hoy había terminado. Gabriela me llevo hasta adentro, pero antes de eso, Gabriela me dijo que esperara un momento, ella se retiró de mi lado. Voltee y mire que Oliver la llamaba. Ella volvió hacia mí y me llevo hacia Oliver de nuevo, ¿no que todo había acabado? Me pregunte a mí misma, frunciendo el ceño.

—Bien Elena tienes otro trabajito más—. Me sonrió y después miro a unos tres hombres que estaban frente a mí.

— ¿Qu-Qué pasa?—tartamudee mientras que Oliver me susurraba al oído "Descuida pequeña, tendrás que complacer a estos tres hombres que pagaran por ti unos muy buenos billetes". Me quede petrificada por un momento, el primer hombre de ellos me tomo de la muñeca y me llevo a una habitación muy diferente a las otras, esta era mucho más grande y tenía más muebles y cosas.

El hombre dijo que me sentara en la cama y así lo hice. No quería ser violada por tres hombres continuamente, no lo quería hacer, pero la decisión ya estaba hecha, seria violada por ellos y, no había nada más que hacer.

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