Saque de mi billetera unos cuantos billetes para pagarle al cajero.
Había comprado dos emparedados de pavo y dos botellas de agua fresca, con esto podríamos sobrevivir hasta Colorado, donde se encuentran los padres de Elena.
Por alguna extraña razón, mi cuerpo sentía un mal presentimiento, sentía como si algo malo estuviera pasando y, en ese mismo momento pensé en Elena.
La había dejado sola en la camioneta, pero sabía muy bien que Elena no era capaz de defenderse a sí misma, sino, que necesitaba a alguien más que lo hiciera por ella.
Pero también sabía que Elena era una chica inteligente y, que no dejaría que nadie, ni nada, le hiciera daño.
El cajero me entrego rápidamente el cambio y salí inmediatamente de la pequeña tienda de la gasolinera. Con los emparedados en una mano y las botellas de agua en la otra.
― ¡Déjame!―escuche a Elena decir del otro lado de la camioneta.
Camine rápidamente hasta donde se encontraba.
Un chico no más de veinte años estaba intentando besarla. Pude sentir como la molestia y los celos comenzaban a devorar cada parte de mi cuerpo y, no me había dado cuenta que mis manos se habían transformado en un puño.
Las apreté con fuerza y pude sentir como mis nudillos se tornaban blancos.
Los emparedados y las botellas de agua ya estaban esparcidos por el suelo. Pero eso no era lo que importaba ahora, lo que en realidad importaba es que un idiota estaba intentando abusar de mi novia.
Mi rostro comenzó a arder e hice rechinar mis dientes con fuerza.
― ¡Déjala en paz!―grite furioso mirando al chico alto y delgado que se encontraba intentando abusar de Elena.
Elena suspiro con preocupación y giro en mi dirección. El chico ya la había soltado rápidamente y Elena corrió velozmente hacia mí.
Rodeo sus brazos en mi cuello y me abrazo fuertemente. Tome su cintura e hice lo mismo, atrayéndola más a mi cuerpo.
―Descuida Elena, está bien, este imbécil no te volverá a hacer daño―. Acaricie su cabello con la palma de mi mano, intentando tranquilizarla.
Elena comenzó a sollozar en silencio, podía percibir lo que estaba haciendo, ya que, cuando sollozaba de vez en cuando podía escuchar su respiración agitada y, podía sentir como su cuerpo se movía de arriba abajo.
La apreté con fuerza y le volví a repetir las palabras que le había dicho hace segundos antes, ella solo asentía con la cabeza. Pero, sabía muy bien que ella no estaba del todo bien.
En realidad, sabía que le aterraba pasar por lo mismo y, claro que la comprendía.
Había pasado una terrible pesadilla en aquel lugar y, yo no dejaría que ella pasase de nuevo por eso.
Mire al chico que hace algunos minutos había intentado abusar de Elena.
Lo mire con furia y asquerosidad. Mientras que el, solo reía con sus amigos y nos miraban de vez en cuando de reojo.
Eso hizo que mi sangre hirviera y que mi paciencia alcanzara su límite.
Separe a Elena lentamente de mi cuerpo y la posicione a lado de mí. Ella me miro confundida y después negó con la cabeza. Sabía muy bien lo que haría a continuación.
Lo mire de nuevo y apreté mis puños con fuerza.
―Oliver, ¿Qué harás?... No, Oliver. No dejare que sufras una paliza por ese idiota. Vamos, el no vale la pena. Lo sé, intento abusar de mí, pero, por favor, no quiero que te metas en problemas―. Elena se posiciono frente a mí y me tomo de las mejillas, para que así, pudiera verla a los ojos―. Oliver, no lo hagas―me miro suplicante y aun con lágrimas escurriendo por sus mejillas.

ESTÁS LEYENDO
Encontrándonos ©
RomanceA veces nos enamoramos de las personas menos indicadas para nosotros. Tal vez porque nos sentimos solos, o tal vez, porque necesitamos sentirnos queridos. Pero una cosa es verdad: una vez que te enamoras, no puedes dar marcha atrás, aunque esa perso...