014 | rivalidad inesperada

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30 de julio de 2022

PAULO

El partido contra el Tottenham tenía más peso del que cualquiera hubiera imaginado. No solo era mi debut con la Roma, sino que también era la primera vez que me enfrentaría a Giovanni Lo Celso desde que todo en mi vida se dio vuelta. Lo sabía, él lo sabía, y aunque nadie más pareciera notarlo, la tensión estaba ahí, flotando en el aire del estadio.

El estadio estaba lleno, vibrando con la energía de miles de hinchas. En uno de los palcos principales, Oriana estaba sentada, elegante y deslumbrante como siempre. Pero no era hacia allí donde mis ojos iban, sino hacia el banquillo visitante, donde Giovanni estaba calentando con sus compañeros del Tottenham.

No podía evitarlo. Había escuchado los rumores sobre él y Amber. Los comentarios de conocidos que insinuaban que pasaban mucho tiempo juntos, que ella parecía diferente, más feliz. Intenté convencerme de que no me importaba, pero al ver a Giovanni ahí, en mi campo de visión, algo en mí ardió.

El partido comenzó, y durante los primeros minutos logré mantener la concentración. Cada pase, cada jugada, cada movimiento estaba calculado. El estadio rugía cuando entramos al campo, pero mi cabeza seguía dando vueltas.

Había escuchado un comentario de un amigo en común antes del partido, algo sobre Amber pasando mucho tiempo con Giovanni Lo Celso. "Están re pegados últimamente, parece que se llevan de diez", me habían dicho. Y aunque no tenía derecho a sentir nada, me había molestado.

El partido comenzó, y por un rato logré distraerme. La hinchada cantaba con una pasión que me daba fuerza, y cada toque al balón me hacía sentir que estaba en el lugar correcto. Pero cada vez que levantaba la vista y veía a Oriana en el palco, algo no cuadraba.

En el descanso, volví al vestuario y me dejé caer en el banco, con la cabeza entre las manos. Mis compañeros estaban animados, hablando de jugadas y estrategias, pero yo seguía atrapado en mis pensamientos.

¿Todo bien, Dybala?— me preguntó uno de los técnicos.

Sí, sí. Solo estoy concentrado.

Mentira. No podía concentrarme. Todo lo que podía pensar era en Amber. En cómo su risa solía llenarlo todo, en cómo siempre encontraba algo positivo incluso en los peores días. Y ahora, en cómo Giovanni estaba ocupando ese espacio que alguna vez fue mío.

Cuando Giovanni entró al campo en el segundo tiempo, todo cambió.

No sé si fue casualidad o algo más, pero en cuanto tuvo la pelota, nuestras miradas se cruzaron. Él no dijo nada, pero la sonrisa apenas perceptible en su rostro lo dijo todo. Era como si me estuviera diciendo: "¿Y ahora qué, Dybala?".

En una jugada cerca de la banda, nos cruzamos. No fue nada grave, apenas un roce mientras peleábamos por el balón, pero sentí la necesidad de marcar territorio.

¿Cansado de París? —le solté en voz baja, sin mirarlo directamente.

Él no respondió, pero su sonrisa se hizo más amplia. La pelota salió del campo, y mientras caminábamos hacia nuestras posiciones, finalmente habló:

El tiempo en París estuvo bien aprovechado.

La indirecta me golpeó como un derechazo. Quise responder, pero el árbitro ya había reanudado el juego, y me vi obligado a volver al partido. Sin embargo, esas palabras quedaron grabadas en mi mente, repitiéndose una y otra vez.

En el minuto 70, marqué un gol. Fue una jugada limpia, un disparo impecable que hizo rugir al estadio. Mis compañeros vinieron a abrazarme, pero mis ojos buscaron a Giovanni. No sé por qué lo hice, pero algo en mí necesitaba que lo supiera.

Caminé hacia el centro del campo, y mientras pasaba cerca de él, lo miré de reojo y dejé escapar una pequeña sonrisa, como diciendo: "Mirá quién está ganando ahora".

Giovanni no reaccionó. Se limitó a levantar una ceja, tranquilo, como si estuviera más allá de todo eso. Esa actitud me molestó más de lo que debería.

Cuando el partido terminó, ambos equipos se dirigieron a los vestuarios. Oriana estaba esperándome en la sala vip, pero antes de llegar ahí, me crucé con Giovanni en uno de los pasillos del estadio.

Buen gol —dijo él, deteniéndose un segundo.

Gracias —respondí, intentando mantener la calma.

Por un momento, pensé que se iba a ir, pero en lugar de eso, se giró hacia mí con esa maldita sonrisa en su cara.

Amber está bien, ¿sabías?

No supe qué responder. Él no esperó una respuesta. Simplemente se dio media vuelta y siguió caminando, dejándome ahí, con el peso de sus palabras.

Cuando finalmente llegué a la sala vip, Oriana me recibió con una sonrisa y una copa de vino. Pero mientras me hablaba de lo impresionante que había sido el partido, mi mente seguía atrapada en ese pasillo, en las palabras de Giovanni y en la imagen de Amber que no podía sacar de mi cabeza.

Quizás lo más doloroso de todo era saber que, aunque había ganado el partido, la verdadera victoria no me pertenecía.

𝐒𝐇𝐎𝐔𝐓 𝐎𝐔𝐓 𝐓𝐎 𝐌𝐘 𝐄𝐗 - 𝐃𝐲𝐛𝐚𝐥𝐚/𝐋𝐨 𝐂𝐞𝐥𝐬𝐨Donde viven las historias. Descúbrelo ahora