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La noche anterior al viaje de Sugawara, tres amigos se reunieron en un restaurante. El ambiente era una mezcla de bromas y tensiones ocultas, un reflejo de lo mucho que habían compartido juntos y lo que estaba a punto de cambiar.

Kei miró distraídamente su bebida mientras Koshi hablaba con entusiasmo sobre sus planes de viaje. Sería una estadía de ocho meses lejos de la ciudad. Kuroo, sentado a su lado, le daba ánimos mientras lanzaba bromas para mantener el ambiente ligero, aunque Kei no decía mucho.

—¿Ocho meses, huh? —dijo finalmente Kei, con un tono seco. Miró a Koshi y luego se encogió de hombros—. Bueno, al final es tu decisión.

Koshi rio, ligeramente incómodo, pero se detuvo al notar que la expresión de Kei había cambiado. Su mirada distante reflejaba una tristeza apenas contenida. Kuroo, que estaba bromeando sobre algo irrelevante, también lo notó y dejó el tema.

Koshi suspiró y, tratando de aligerar el ambiente, bromeó:
—Mi niño, ni siquiera te das cuenta de lo afortunado que soy al irme. No tienes idea de lo aburrido que sería quedarme aquí con ustedes dos.

Kuroo soltó una carcajada, pero Kei frunció el ceño al escuchar las palabras. Cruzándose de brazos, les lanzó una mirada molesta y luego giró la cabeza hacia otro lado.

—¿Qué te pasa ahora, Tsukki? —preguntó Kuroo, intentando no reírse mientras Koshi disimulaba su propia sonrisa.

Kei los miró con seriedad, su tono repentinamente grave:
—Tienes que estar conmigo para el nacimiento de mi bebé.

El silencio cayó sobre la mesa como un balde de agua fría. Koshi y Kuroo se quedaron boquiabiertos, sin saber qué responder. Kei, sin querer parecer más emocional de lo necesario, pasó una mano por su cabello y trató de cambiar de tema.

—Tadashi estará muy nervioso, y es mejor que estés ahí —agregó, mirando a Koshi.

Kuroo arqueó una ceja y respondió con un tono burlón:
—Él te tiene a ti, Kei.

Kei frunció el ceño, claramente molesto por el comentario, pero Koshi solo rio para aligerar la tensión.

—Kei, ¿por qué lo necesitas? —preguntó Koshi finalmente, tratando de entender el peso detrás de las palabras.

Kei suspiró, mirando la mesa. Finalmente, respondió con un tono más bajo:
—Eres como una madre para mí. Si estás ahí, me sentiré tranquilo.

La confesión dejó a Koshi y Kuroo en completo silencio. Kei no solía hablar de su madre, y ambos sabían que la había perdido un año antes de graduarse. No asistió a su graduación, ni a su boda, y tampoco conocería a su nieto. El vacío era innegable.

Ambos amigos intercambiaron una mirada antes de levantarse al mismo tiempo para abrazarlo. Kei no dijo nada, pero cerró los ojos por un momento, permitiéndose sentir el apoyo que tanto necesitaba.






La noche estaba oscura cuando Kuroo llegó a casa. Las luces estaban apagadas, algo que no le sorprendió; Kenma solía preferir la penumbra.

Dejó sus cosas a un lado y caminó hacia la habitación, pero se detuvo en seco al notar un bulto en el suelo cerca de la cama. Su corazón dio un salto mientras se acercaba apresuradamente.

—¿Kenma? —susurró, inclinándose para tocar el bulto con cuidado.

Kenma, medio dormido, murmuró algo ininteligible antes de abrir los ojos. Estaba envuelto en una maraña de sábanas, usando uno de los abrigos de Kuroo como una manta extra.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Kuroo, aliviado pero preocupado.

—Tenía frío... y no quería ir a la cama sin ti —respondió Kenma con voz adormilada.

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⏰ Última actualización: Dec 28, 2024 ⏰

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